Si hay algo que no se le podrá negar a la cartelera de la semana, como atributo básico, es el de la variedad: de géneros, de temas, de nacionalidades. Como en botica, que se decía antaño, hay de todo. Y, de entre tal variedad, como también suele ser habitual, algunas, más que otras, son las que llaman la atención de este escribiente: sobre todo, una. ¿Su título? “Una chica cortada en dos”, que tal es la etiqueta que se le ha endosado, para la distribución comercial en nuestro país —y respetando, milagro, milagro, su título original—, a la última entrega del veteranísimo director francés Claude Chabrol; un film que hubo ocasión de degustar en la Sección Oficial del último Festival de Cine Europeo de Sevilla, allá por noviembre del pasado año, y en el que, a tenor de todos los referentes, el cineasta galo vuelve a hacer una inmersión en los temas que más caros le resultan, y que son aquellos en que los territorios del amor y la ambición tejen sus redes cruzadas y sus nunca fáciles relaciones. Una ocasión más de comprobar hasta qué punto el autor es capaz de exprimir sus querencias, desarrollándolas conforme a esos meandros emocionales tortuosos y un punto crueles con que Chabrol gusta de solazarse (e inquietarnos), y, sobre todo, para verificar, igualmente, si estamos ante la consolidación de la que podría ser su nueva musa, la hermosa y joven actriz Ludivine Sagnier.

Mucho se habla de la extraordinaria fertlidad de un director como Woody Allen, que sostiene sin desmayo, y desde los inicios de su carrera, un frenético “3 x 2” (o sea, tres películas cada dos años, aproximadamente), pero hemos de convenir que el ritmo del amigo Chabrol tampoco le va muy a la zaga: difícilmente falta a su cita anual con el estreno, lo cual, si tenemos en cuenta que su carrera de director dio inicio allá por el año 1958, da muestras de una persistencia y aguante rayanos en lo pertinaz. Y, aunque al igual que viene sucediendo con el legendario miope neoyorquino —a quien sus detractores no dejan de acusarle de un notable bajón en el nivel de calidad de sus últimas entregas—, son muchos los que vienen remarcando, desde ciertos sectores de la crítica, que el cine de Chabrol ha perdido, en los últimos años y entregas, buena parte de esa agudeza y mordacidad que siempre le ha caracterizado, yo sigo manteniendo —más allá de mi declarado amor por todo el cine francés, en general— mi “fe creativa” en él, en la medida en que, si bien es cierto que no todas sus películas alcanzan la excelencia (algo muy complicado cuando uno se mueve en ese volumen de producción…), sí que ofrecen una calidad bastante por encima de la media. Ojalá —oh, la, la…— esta “chica cortada en dos” así venga a ratificarlo.
En la imagen: Escena de “Una chica cortada en dos” - Copyright © 2007 Alicéleo Cinéma, Alicéleo, Rhône-Alpes Cinéma, France 2 Cinéma e Intégral Film. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.










