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Jueves 15 Mayo 2008
Escrito por Manuel Márquez el 15.05.08 a las 21:00
Archivado en: Estrenos

Si hay algo que no se le podrá negar a la cartelera de la semana, como atributo básico, es el de la variedad: de géneros, de temas, de nacionalidades. Como en botica, que se decía antaño, hay de todo. Y, de entre tal variedad, como también suele ser habitual, algunas, más que otras, son las que llaman la atención de este escribiente: sobre todo, una. ¿Su título? “Una chica cortada en dos”, que tal es la etiqueta que se le ha endosado, para la distribución comercial en nuestro país —y respetando, milagro, milagro, su título original—, a la última entrega del veteranísimo director francés Claude Chabrol; un film que hubo ocasión de degustar en la Sección Oficial del último Festival de Cine Europeo de Sevilla, allá por noviembre del pasado año, y en el que, a tenor de todos los referentes, el cineasta galo vuelve a hacer una inmersión en los temas que más caros le resultan, y que son aquellos en que los territorios del amor y la ambición tejen sus redes cruzadas y sus nunca fáciles relaciones. Una ocasión más de comprobar hasta qué punto el autor es capaz de exprimir sus querencias, desarrollándolas conforme a esos meandros emocionales tortuosos y un punto crueles con que Chabrol gusta de solazarse (e inquietarnos), y, sobre todo, para verificar, igualmente, si estamos ante la consolidación de la que podría ser su nueva musa, la hermosa y joven actriz Ludivine Sagnier.

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Mucho se habla de la extraordinaria fertlidad de un director como Woody Allen, que sostiene sin desmayo, y desde los inicios de su carrera, un frenético “3 x 2” (o sea, tres películas cada dos años, aproximadamente), pero hemos de convenir que el ritmo del amigo Chabrol tampoco le va muy a la zaga: difícilmente falta a su cita anual con el estreno, lo cual, si tenemos en cuenta que su carrera de director dio inicio allá por el año 1958, da muestras de una persistencia y aguante rayanos en lo pertinaz. Y, aunque al igual que viene sucediendo con el legendario miope neoyorquino —a quien sus detractores no dejan de acusarle de un notable bajón en el nivel de calidad de sus últimas entregas—, son muchos los que vienen remarcando, desde ciertos sectores de la crítica, que el cine de Chabrol ha perdido, en los últimos años y entregas, buena parte de esa agudeza y mordacidad que siempre le ha caracterizado, yo sigo manteniendo —más allá de mi declarado amor por todo el cine francés, en general— mi “fe creativa” en él, en la medida en que, si bien es cierto que no todas sus películas alcanzan la excelencia (algo muy complicado cuando uno se mueve en ese volumen de producción…), sí que ofrecen una calidad bastante por encima de la media. Ojalá —oh, la, la…— esta “chica cortada en dos” así venga a ratificarlo.

En la imagen: Escena de “Una chica cortada en dos” - Copyright © 2007 Alicéleo Cinéma, Alicéleo, Rhône-Alpes Cinéma, France 2 Cinéma e Intégral Film. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

Martes 1 Abril 2008

Con tanto estreno en la cartelera y en DVD, a veces se hace necesaria cierta selección de títulos para acertar cuando es poco el tiempo que se dispone o cuando se quiere ir sobre seguro. Por eso, desde este blog intentaré hacer periódicamente mis recomendaciones, lógicamente a partir de las películas que he visto y según mi propio criterio. Para empezar con lo que aún permanece en cartelera de tiempos ya un poco lejanos, tenemos una deliciosa comedia como es “Juno”, fresca y luminosa aproximación al drama de una adolescente que se queda embarazada y que tiene a Ellen Page como protagonista. También muy recomendable y sobre el mismo tema, aunque para un público adulto y más cinéfilo, es la rumana “4 meses, 3 semanas, 2 días”, que obtuvo la Palma de Oro en Cannes. Y siguiendo con asuntos de bioética pues trata del dolor, la eutanasia y los cuidados paliativos, no hay que dejar de ver “La escafandra y la mariposa”, propuesta dura pero tremendamente humana al recoger una historia real, y hacerlo son suma sensibilidad y alto nivel artístico.

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Ya centrándonos en la cartelera más reciente, dos títulos para el disfrute y entretenimiento familiar: “Las crónicas de Spiderwick”, una bocanada de imaginación y fantasía para evadirse de la realidad con las aventuras de tres niños, y “Como la vida misma”, una comedia optimista sobre una gran familia donde todos sonríen, con su punto melodramático y la marca de Hollywood. Para los más cinéfilos, si aún tienen ocasión, conviene seguir la pista al cine iraní y ver “Buda explotó por vergüenza” pues la pequeña Hana Makhmalbaf dará que hablar. Quien no necesita presentación es el francés Alain Resnais, del que se ha estrenado recientemente “Asuntos privados en lugares públicos”, fiel a su estilo formalista y de puesta en escena teatral. En este repaso acelerado por los cines, una última sugerencia para el público que prefiera historias más entrañables y retratos de personajes: “Cometas en el cielo”, que se acerca a una historia de amistad y lo hace con la mejor música de Alberto Iglesias; y “Las hermanas Bolena”, una interesante aproximación, más romántica que histórica, a los tiempos de Enrique VIII, con una cuidada dirección artística.

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Entre lo que se ha editado recientemente en DVD, me quedo con “Once”, un ejemplo de buen hacer con un escaso presupuesto, de sencillez y autenticidad en interpretaciones y puesta en escena, para contar una historia de amistad y amor en torno a la música: no se la pierdan. Tres propuestas de cine de calidad y hondura antropológica: “Promesas del Este”, película sobre las mafias rusas, muy dura y para un público adulto; “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, revisitación desmitificadora del clásico americano; y “Leones por corderos”, en torno al conflicto iraquí, donde los duelos interpretativos hacen que merezca la pena su visionado. Entre los documentales, uno ecologista muy bien realizado para los amantes de la naturaleza, “Tierra”; y otro de tono más estético para los cinéfilos, “En la ciudad de Sylvia”. Por último, Woody Allen nos ofrece “Cassandra’s Dream” y José Luis Garci su “Luz de domingo”, dos películas sin sorpresas para quienes conocen su cine, y por tanto apuestas seguras para sus admiradores. Tampoco descubrimos nada, a estas alturas, si destacamos dos cintas españolas y con terror por medio, cada una con sus características y méritos: más innovadora y sangrienta, “[Rec]”, más académica y de género, “El orfanato”.

En las imágenes: Arriba, “Juno” © 2007 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados. Abajo, “Once” © 2006 Avalon Productions. Todos los derechos reservados.

Miércoles 20 Febrero 2008

La verdad es que, para no gustarle hacerle promoción de sus películas, últimamente Woody Allen se está quedando a gusto, llegando incluso a extremos que seguro ni remotamente imaginó que alcanzaría. Porque lo cierto es que hacer publicidad de su nueva película, “Vicky Cristina Barcelona“, resaltando que cuenta con una escena lésbica entre Scarlett Johansson y Penélope Cruz, es desde luego recurrir a los argumentos de venta de las cintas más comerciales que se estrenan cada semana en nuestras pantallas. Una cosa está clara: si hace veinte (¿qué digo veinte? Diez, ¡incluso cinco!) años nos lo dicen, no nos lo hubiéramos creído.

Claro que habrá quien, a esto, argumente que seguramente la idea haya partido de la productora, Mediapro, o de otro cerebro pensante que haya decidido mantener vivo el interés por la cinta de aquí a su estreno, presumiblemente en otoño. Según esta visión, Woody Allen estaría preso de quien pone el dinero. Pues vaya; ¿tan necesitado está de hacer películas, hasta llegar al punto de tener que claudicar con lo que durante tanto tiempo rechazó? Una persona que se vanagloria de haber luchado tanto por su independencia, ¿merece la pena que acabe así? La verdad es que no sé cómo lo ven ustedes; pero a mí, según van pasando los meses, la dichosa “Vicky Cristina Barcelona” se me va atragantando cada vez más…

En la imagen: Woody Allen durante el rodaje de “Scoop” © 2006 On Pictures. Todos los derechos reservados.

Martes 22 Enero 2008

Los guionistas americanos están en huelga. ¿Qué piden? Como siempre: más reconocimiento y mayores ingresos por sus aportaciones al cine. Lógico, porque al que no llora…, y también porque, no nos engañemos, el guión es la clave del éxito o del fracaso de una película, o al menos la primera clave. Difícilmente podrá salir un buen film de un mal guión…, aunque siempre es posible que de un buen guión no salga una buena película. El caso es que atrás quedó la época de los Grandes Estudios que tenían bajo contrato a un equipo de guionistas para sus producciones. Con el tiempo, se pusieron a trabajar por libre, a adaptar novelas o a crear sus propias historias originales, y en ocasiones se asociaron a directores con los que congeniaban para formar binomios míticos como De Sica y Zavattini, Fellini y Flaianno, Kieslowski y Piesiewicz,…, o más recientemente Eastwood y Haggis, Iñárritu y Arriaga, etc… Aunque siempre hay quien se siente más cómodo trabajando consigo mismo y filma sus propios guiones, como Woody Allen o Pedro Almodóvar, por ejemplo.

Sea como fuere, estos constructores de historias están en huelga. Con todo, hay quien dice que esto no es novedad porque desde hace años parece que se han acabado los temas y las ideas, que apenas salen historias atractivas y originales, y que no se hace otra cosa que reciclar material del cine o la literatura. Esta es la otra “huelga”, la de mentes creativas que parecen haberse olvidado de aquellos diálogos inteligentes de antaño llenos de lucidez e ingenio, que ya no crean estructuras coherentes donde haya una lógica interna —nada que objetar al cine surrealista o de carácter abierto—, que han dejado de mimar a sus personajes y trabajarlos como diamantes… Sólo así se explica la proliferación de remakes y adaptaciones literarias, de secuelas y precuelas, de plagios y copias baratas como las aireadas por nuestra compañera Tònia… ¿Tan difícil es crear una historia propia? Además de requerir oficio y arte, quizá el problema esté en la dificultad para mirar alrededor, para reflexionar sobre el hombre y el mundo y entenderlo mejor, para estar abiertos a la realidad que diría el teórico André Bazin, para salirse de la industria que fabrica historias en serie sin color ni sabor —es posible que este sea el principal escollo: ¡poderoso señor es don dinero!—, para tener algo interesante que decir al espectador, para conectar con él a través de sus sentimientos y sensaciones interiores… En definitiva, es como si nuestros guionistas-cineastas bebieran del cine y no de la vida, y por eso sus películas se repiten, se autocitan, se fagocitan…

Pero no hay que ponerse catastrofistas, porque en toda huelga siempre hay esquiroles dispuestos a no dejar de trabajar. Ahí están esos magníficos guiones que hemos disfrutado recientemente en “Después de la boda”, “La vida de los otros”, “Ratatouille” o “Cartas desde Iwo Jima”. Es verdad que he escogido lo mejor del año para compensar la preocupante carencia de buenas historias y guiones…, que éstos son habas contadas…, pero al menos siempre nos quedará el consuelo de algunos deliciosos manjares que llevarnos a la boca. Y para quienes estén interesados en esto de los guiones, me permito recomendar la lectura de un clásico del tema, el libro de Linda Seger “Cómo convertir un buen guión en un guión excelente” editado por Rialp, y también el escrito por Antonio Sánchez-Escalonilla —aunque de un carácter más técnico y de mayor profundidad— “Estrategias de guión cinematográfico” publicado en Ariel Cine.

Imágenes de: “Cartas desde Iwo Jima” © 2006 Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados. “Después de la boda” © 2006 Golem. Todos los derechos reservados.

Lunes 3 Diciembre 2007

La verdad es que el anuncio de que Woody Allen no rodará en España ninguna de las otras dos películas que le producirá Mediapro ha sido una sorpresa; pero, en cierta manera y cuando se rebobina lo ocurrido a lo largo de estos meses durante el rodaje de “Vicky Cristina Barcelona”, quizá no extrañe tanto. Personalmente, no pude evitar una cierta sensación de sonrojo al pensar que la mera presencia de Allen en nuestro país (sobre todo en Barcelona, y después en Asturias) desencadenó una reacción que, la verdad, parecía más cercana a lo que Berlanga nos describía en la mítica “Bienvenido Mister Marshall” que a la realidad de un país del que han salido un puñado de nombres que suenan con fuerza en Hollywood.

Es perfectamente comprensible que la parafernalia del rodaje despertase la curiosidad del público, sobre todo cuando se sabía de la presencia de una estrella como Scarlett Johansson (francamente, no puedo creerme que, a estas alturas, toda una ciudad se paralice porque estén Javier Bardem o Penélope Cruz, mucho más cercanos a nosotros). Lo que ya resultó bastante más sorprendente fue la competencia de políticos e instituciones por agasajar a Allen, en una dura lucha por ver quién se hacía más fotos con él. Toda una parafernalia que me hizo recordar las quejas de Pepu Hernández, el seleccionador español de baloncesto, ante el atosigamiento publicitario y de compromisos a que se veían sometidos sus jugadores en el Eurobasket. Pues algo así debió sufrir el director, tradicionalmente tímido y poco amigo de la presencia pública, por más que en los últimos tiempos se haya visto obligado a romper su costumbre. En fin, dejando a un lado el tema de la conveniencia y naturaleza de las ayudas recibidas por la productora (porque lo desconozco), sí que me queda una duda: ¿de verdad hemos estado a la altura?

En la imagen: Woody Allen en “Scoop” - Copyright © 2006 Focus Features, BBC Films, Ingenious Film Partners, Phoenix Wiley Productions y Jelly Roll Productions. Distribuida en España por On Pictures. Todos los derechos reservados.

Miércoles 7 Noviembre 2007

Después del atracón de la Seminci, he podido ver “Adiós pequeña adiós (Gone baby gone) y “Cassandra’s Dream, dos películas con más de un elemento en común. Me sorprendió la dirigida por Ben Affleck, negativamente en su primera mitad pues parecía discurrir de manera descriptiva, lineal y plana al narrar los hechos, como si de una crónica de lamentables sucesos se tratara. Pero también muy favorablemente cuando se decide a entrar en las conciencias de sus protagonistas, matizar las circunstancias y móviles de cada uno de ellos, y plantear al espectador dilemas morales de difícil resolución. ¿Hay que dejar a una niña con su madre sabiendo que va a estar desatendida, en un ambiente de droga y pederastia? ¿Es lícito cualquier “arreglo”, incluso el asesinato, si con ello se salva una vida inocente? Patrick, el protagonista, se lo plantea y prevalecen en él sus convicciones morales. Igualmente su novia y los dos policías parecen tenerlo claro, pero toman una decisión desde un punto de vista más circunstancial. Es el eterno debate entre conciencia y corazón, entre deber y sentimiento.

También Woody Allen escudriña en la conciencia de esa pareja de hermanos de “Cassandra’s Dream”. Y, de nuevo, parte de actitudes opuestas ante un mismo dilema: un crimen en el que se ven enredados y que les despertará de sus sueños hasta hacer que dejen de ser ellos mismos: así, la amistad fraternal que les une queda amenazada de muerte desde el momento en que han osado atravesar la línea moral. Es precisamente el sueño lo que pierde un magnífico Colin Farrell, deprimido en su conciencia de culpa cual personaje de Dostoievski, continuamente mirando al pasado y con la necesidad de restablecer el orden alterado. Casi lo contrario que le sucede a Ewan McGregor, frívolo y más superficial, que fuerza la conciencia y el lenguaje hasta adornar el asesinato con razonadas justificaciones, siempre huyendo de sí mismo y mirando al futuro de estrellas (de Hollywood). Son personajes enteros, con alma y cuerpo, que viven la encrucijada en la que se han enredado, muy distintos a los que daban vida en la primera media hora de película, cuando estaban a merced de un guión que les llevaba y traía en busca de un simple enredo detectivesco.

En ambas películas, el retrato psicológico de los personajes les hace más humanos, más creíbles, más cercanos al espectador, y eso aunque la trama sea tan extraordinaria como peliculera. Sus directores han mirado a la conciencia de sus personajes y han cuestionado los móviles de unos y otros, con profundidad y sin moralizar, hasta plantear asuntos importantes: actuar siendo uno mismo o renunciar a los propios principios, hacerlo por el deber o según intereses egoístas, por razones de peso y profundas o movidos por la ternura y compasión… Y para ganar en fuerza dramática, nada mejor que una situación límite, un asesinato o dos, una inocente niña de la que todos se aprovechan… Al menos en estas dos películas, la historia gana en credibilidad cuando los personajes se convierten en personas, y con ella todos ganamos en conciencia y humanidad. Al menos para mí, estas son las películas que merecen más la pena, las que aportan mayor riqueza y algo más que entretenimiento y distracción.

En las imágenes: Morgan Freeman, Casey Affleck y Michelle Monaghan en “Adiós pequeña adiós (Gone baby gone)” © 2007 Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados. Tom Wilkinson, Ewan McGregor y Colin Farrell en “Cassandra’s Dream” © 2007 On Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

Escrito por Miguel A. Delgado el 07.11.07 a las 18:12
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¿En qué se parecen las carreras de Orson Welles y Woody Allen? Básicamente en que, en un momento dado, los dos vieron imposible conseguir financiación en Estados Unidos para llevar adelante sus proyectos y tuvieron que buscarse las castañas en Europa, continente con fama de valorar más la cultura, aunque luego las producciones que arrasan en taquilla, en general y salvo honrosas excepciones, sean más bien del tipo “Torrente 3, el protector”, “Asterix y Obélix contra César” y cosas así. Pero bueno, ése no es el tema: no nos desviemos.

Por el contrario, ¿en qué se diferencian las carreras de Orson Welles y Woody Allen? Pues en que, mientras el primero se metió en luchas de proporciones casi homéricas por sacar adelante producciones ambiciosas en lo formal, titánicas en su dificultad e, incluso, un poco locas a secas (“El proceso”, “Campanadas a medianoche”, “Fraude”), cuya producción se alargaba durante años e incluso quedaban inacabadas (“Don Quijote de Orson Welles”), el segundo ha logrado mantener el ritmo de una película anual, a costa de transigir con las productoras de cada país, y con una bajada sensible de la calidad media de sus nuevas cintas.

Claro que ahí no terminan los parecidos: mientras Orson Welles llegó a aceptar cualquier papelillo o encargo que le permitiese financiar sus caprichos, fueran cinematográficos o no (incluido poner la voz a uno de los personajes de la primera adaptación a largo de los Transformers, lo que ya es decir), Woody Allen ha tenido que renunciar a su aislamiento de los medios, a sumergirse en campañas de promoción, homenajes y recogida de premios por doquier, a confraternizar con políticos e, incluso, irse de desmesuradas giras con la banda musical con la que antes solía pasar el rato con los amiguetes. ¿Conclusión? Ardua vida la de los genios, vaya que sí.

En las imágenes: Woody Allen y Scarlett Johansson en “Scoop” - Copyright © 2006 Focus Features, BBC Films, Ingenious Film Partners, Phoenix Wiley Productions y Jelly Roll Productions. Distribuida en España por On Pictures. Todos los derechos reservados. Orson Welles y Jeanne Moreau en “Campanadas a medianoche” - Copyright © 1965 Alpine Films e Internacional Films. Todos los derechos reservados.