La verdad es que, para no gustarle hacerle promoción de sus películas, últimamente Woody Allen se está quedando a gusto, llegando incluso a extremos que seguro ni remotamente imaginó que alcanzaría. Porque lo cierto es que hacer publicidad de su nueva película, “Vicky Cristina Barcelona“, resaltando que cuenta con una escena lésbica entre Scarlett Johansson y Penélope Cruz, es desde luego recurrir a los argumentos de venta de las cintas más comerciales que se estrenan cada semana en nuestras pantallas. Una cosa está clara: si hace veinte (¿qué digo veinte? Diez, ¡incluso cinco!) años nos lo dicen, no nos lo hubiéramos creído.

Claro que habrá quien, a esto, argumente que seguramente la idea haya partido de la productora, Mediapro, o de otro cerebro pensante que haya decidido mantener vivo el interés por la cinta de aquí a su estreno, presumiblemente en otoño. Según esta visión, Woody Allen estaría preso de quien pone el dinero. Pues vaya; ¿tan necesitado está de hacer películas, hasta llegar al punto de tener que claudicar con lo que durante tanto tiempo rechazó? Una persona que se vanagloria de haber luchado tanto por su independencia, ¿merece la pena que acabe así? La verdad es que no sé cómo lo ven ustedes; pero a mí, según van pasando los meses, la dichosa “Vicky Cristina Barcelona” se me va atragantando cada vez más…
En la imagen: Woody Allen durante el rodaje de “Scoop” © 2006 On Pictures. Todos los derechos reservados.

