Al hombre siempre le ha encantado eso de poder dominar el tiempo, de viajar al futuro o regresar al pasado, de acelerar los momentos malos y detenernos en los buenos, de ir y venir en los recuerdos… El cine permite eso y mucho más, y prueba de ello es la amplísima lista de títulos que lo han tratado, y los muchos directores que han convertido el tiempo en uno de sus temas preferidos. Desde Andrei Tarkovski hasta Wong Kar Wai (“Eros”, “2046″), por ejemplo, ha sido una constante y una obsesión ese interés por congelar en un instante la experiencia vivida y darle categoría de eternidad, por prolongar la felicidad del momento y capturarla con una sola imagen, por concentrar la vida entera en un segundo de intensidad emocional.

El director de Hong Kong es uno de los que mejor ha sabido transmitir ese deseo de atrapar el tiempo y “subjetivarlo” según el estado anímico de sus protagonistas, y su película “In the mood for love (Deseando amar)” un claro ejemplo de lo que estamos diciendo. En ella, todo habla del tiempo vivido y recreado por unos personajes que se debaten entre la fidelidad y el impulso amoroso, que intentan ocultar sus sentimientos y esconderlos en el fuera de campo, que sufren los desencantos del amor y que adelantan el futuro con ensayos de dolorosos desengaños y despedidas. Para reflejar ese tiempo interior y emocional, Wong Kar Wai recurre a ralentíes —en este caso no a aceleraciones, porque el tema no lo pide—, al congelado de imágenes y a elipsis narrativas, a repetitivas subidas y bajadas por la escalera de la pensión mientras suena un bolero, a la diversidad de los preciosos vestidos que luce Maggie Cheung para hablar del día a día, o a la reiteración de relojes y humo de cigarrillos que se consumen y que van cargados de sentido metafórico.

Toda la película habla del tiempo que se fue y del que pudo haberse vivido, del que conserva el personaje de Tony Leung en la memoria cuando susurra sus secretos en el muro del templo camboyano. Es un tiempo subjetivo y emocional que necesita ser contrastado con la realidad. Por eso, en la parte final se introducen esas imágenes documentales e históricas con la visita del general De Gaulle a Camboya o del mismo protagonista en el templo budista: la primera sirve de referencia y marco histórico para la historia de amor; la segunda de mirada exterior —la del monje que observa desde lo alto— que objetiva la realidad antes recreada por el amante de la habitación 2046.
En las imágenes: Maggie Cheung y Tony Leung en “In the mood for love (Deseando amar)” - Copyright © 2000 Block 2 Pictures, Jet Tone Production y Paradis Films. Distribuida en España por Amboto Audiovisual S.L. Todos los derechos reservados.
