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Sábado 10 Mayo 2008

Desde siempre, Estados Unidos ha buscado héroes de cine sobre los que construir una historia de superación personal o de expansión de sus ideales democráticos, o también en los que refugiarse en épocas de conflicto y dificultad. Queda lejos la figura de John Wayne, y también —aunque nos hayan visitado recientemente— de Rambo o Rocky. En los últimos años, el cine ha mirado más bien hacia el cómic de los años 60, para convertir las figuras de papel en sombras heroicas en las que confiar o con las que evadirse. Actualmente podemos ver en la cartelera “Iron Man”, película de la que mis compañeros ya han comentando sus logros y carencias. Sin duda, hay entretenimiento y divertimento al ver cómo se construye pieza a pieza un “hombre de hierro”, o en su lucha estelar con otro “Mazinger” de su especie. Sin embargo, si se busca cómo se destruye/construye por dentro Tony Stark, no se encontrará ni rastro de su humanidad: tal es la despersonalización, planitud y asepsia de su director, Jon Favreau.

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Es cierto que estamos ante un cómic de ciencia ficción, alejado de cualquier intento de verosimilitud o de matización, que sólo pretende la épica tecnológica y no tanto la humana, pero ¿no se puede aspirar a algo más de hondura, y a una narrativa más sólida sin perder por ello la fluidez y ritmo conseguidos? No sé si la simplificación que sufre hasta quedarse con los mínimos elementos (armas y mujeres, ambición y orgullo científico, triunfo del bien sobre el mal) queda justificada por la búsqueda de una buena taquilla, si obedece a leyes impuestas por el propio cómic o si más bien responde a una mentalidad hollywoodiense. Pero, aprovechando las historias del cómic y toda la tecnología digital, ¿por qué no dotar de alma a sus héroes?, ¿por qué reducir sus aspiraciones a unas palabras huecas, por mucho que se llamen “libertad, amor, verdad, belleza”? Cierto que no se busca a Shakespeare, Dostoievski o Freud en sus personajes, pero sí cabría un hombre de carne y hueso, que evolucionase hasta convertirse en alguien que quiere redimirse y ayudar al mundo… aunque sea volando con su armadura de hierro.

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Es posible que así el espectador llegase a sintonizar más con él, a sentirle próximo, e incluso necesario. Si no, estos “cyborgs” acabarán siendo títeres utilizados por la necesidad estratégica del momento, convertidos en armas arrojadizas para entretener al público (estupendo propósito, por otra parte aquí conseguido, pero que sabe a poco) o para influir en el curso político (ahora Afganistán sustituye a Vietnam, y mañana… ¿cuál será el escenario?). Puestos a fabricar héroes, siempre podemos pedir a las productoras que vistan a John Wayne con un traje de hierro y sustituyan el revólver por el lanzallamas: el resultado sería altamente atractivo. Al fin y al cabo, parece que el “cine de cómic” va camino de convertirse en el tercer género “genuinamente americano”, después del western y el cine negro (o de gánsteres), y con permiso de Fred Astaire, y ahora que el western —dicen— está muerto, siempre podrían recurrir al “cómic-futurista”.

En las imágenes: Arriba, Robert Downey Jr. y Jon Favreau durante el rodaje de ”Iron Man” © 2008 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados. Abajo, John Wayne en “El hombre que mató a Liberty Valance” © 1962 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados.

Jueves 11 Octubre 2007

En “Arma letal 4″ (Richard Donner, 1998), los ya legendarios Martin Riggs (Mel Gibson) y Roger `soy demasiado viejo para esto´ Murtaugh (Danny Glover) lucían con orgullo su bien llevada madurez, con una coherencia que les llevaba a ser apaleados insistentemente por un recién llegado a la industria major yanqui, Jet Li. Lógicamente, al final los buenos se llevaban el gato al agua nunca mejor dicho─, demostrando que los action heroes pueden hacerse mayores sin problemas. Otro claro ejemplo de que los años pueden pasar sin dejar de ser razonable lo encontramos en el púgil de Philadelphia, Rocky Balboa, una saga que se acaba de cerrar de manera excelente con la última entrega del personaje que puso a Sylvester Stallone en lo más alto y que ha sabido jubilar, con gran inteligencia, de manera que volviera a ponerle en el punto de mira de todos los que hemos crecido con él y su entrañable tarugo. Quizá le haya resultado tan fácil porque sus historias, de la gloria al semi olvido, han ido de la mano a lo largo de los últimos treinta años. Ahora que ya hemos podido ver el tráiler y las primeras imágenes de “John Rambo”, la duda nos asalta de manera inevitable: ¿conseguirá el discípulo del coronel Trautman salir por la puerta grande?

La otra opción es negarse a aceptar las arrugas. Que le pregunten a John McLane (Bruce Willis), más en forma ahora que en 1988, capaz de ridiculizar a todo tipo de terroristas, saltimbanquis o informáticos, que se le pongan por delante (“La jungla 4.0″, Len Wiseman, 2007). En este mismo pack, salvando distancias galácticas, podemos incluir a quien está indefectiblemente predestinado a convertirse en uno de los peores actores de todos los tiempos, el decadente Steven Seagal, que, desde que decidió proclamar ante el mundo su amor por el budismo y la naturaleza, ha convertido sus películas en muestras continuadas de cómo se puede dar cada vez más pena, mal que pese a sus seguidores, si es que le queda alguno. Aunque considerando que se forró antes de iniciar su carrera cinematográfica gracias a los gimnasios que tiene repartidos por Estados Unidos, tampoco debe importarle demasiado.

Jean-Claude Van Damme se ha colocado en la misma estela de su ex-coletudo colega. Hace ya mucho tiempo que por aquí no le vemos en pantalla grande, lo que hace aún más sorprendente y preocupanteel aluvión de packs dedicados a sus últimos subproductos, que inundan cualquier gran superficie; el más listo de todos es Dolph Lundgren, que sigue disfrutando de la vida marbellí y dosificando sus apariciones. Como cierre, no podemos olvidar a quien ha decidido aferrarse al pasado en un grito desesperado por volver a la actualidad: sí, es Harrison Ford, otrora icono vivo de Hollywood y hoy prácticamente desaparecido casi mejor, visto “Firewall” (Richard Loncraine, 2006), que prácticamente supedita su supervivencia comercial al triunfo más que previsible del regreso de ese expoliador impune que es Indiana Jones. Pero no ha de olvidar que es un proyecto de relevo generacional, con el que Shia LaBeouf, a buen seguro, se está frotando las manos.

En las imágenes: Sylvester Stallone en “John Rambo” © 2007 Manga Films. Todos los derechos reservados. Bruce Willis en “La jungla 4.0″ © 2007 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.