Recientemente, un prestigioso escritor cinematográfico argumentaba, en torno a la película “En el valle de Elah”, que el liberal Paul Haggis había adoptado una postura patriótica acrítica y simple en su acercamiento a la guerra de Iraq, tan tramposa como impuesta al crédulo espectador. En su artículo contraponía el discurso mentiroso de un Haggis que vende humo y certezas, al de un John Ford que plantea dudas e interrogantes. Dice el autor que el primero busca perpetuar un sistema moral enfermo al mitificar a un hombre noble y heroico —Hank Deerfield, interpretado por Tommy Lee Jones— capaz de reconocer la verdad y asumir los errores cometidos; mientras, el director de “Fort Apache” es propuesto como quien sabe ir a la raíz del problema, indagando en la naturaleza humana y el funcionamiento del sistema…, para concluir el estudio sentenciando que ésa es «la diferencia entre la obra de un artista que se plantea interrogantes y el sermón de un predicador que está encantado de haberse conocido».

Palabras elogiosas para Ford —¿quién no las firmaría?— y duras para el director de “Crash (Colisión)”, al que tilda de predicador y mentiroso —no en el sentido moral sino creativo—. Sin duda, el análisis propuesto no deja de tener cierto interés, como también lo son otras interpretaciones expuestas en esta misma revista, porque no es lo mismo Vietnam que Iraq, ni los soldados de entonces y los de ahora —al menos en la subjetividad del protagonista—… Pero en esta ocasión no nos interesa tanto la exégesis de ese film —sólo es un pretexto— como su conclusión. ¿Debe el cine quedarse en plantear interrogantes al espectador, exponer injusticias o atropellos sociales e individuales? ¿Puede, desde el respeto y la libertad, el director ofrecer sus soluciones y respuestas a los conflictos planteados, sin miedo a ser calificado de “predicador”? ¿Es que sólo le está permitido al cine denunciar, hostigar, destruir…, y ofrecer dudas, ambigüedades, incertidumbres al espectador?

Desde luego, el artista planteará cuestiones de fondo y lo hará de manera inteligente e ingeniosa, responsable y ética, precisa y sutil a la vez. Su tarea no es la de resolver los conflictos entre los hombres ni la de sermonear al espectador con máximas paternalistas, pero ¿acaso el Cine no debe aspirar a influir positivamente en la sociedad y en el individuo que asiste a la sala? ¿es que no puede contribuir a mostrar las grietas del sistema, a conocer al hombre y sus limitaciones… para después ayudarle en lo posible? Lejos del pensamiento único y del escepticismo relativista, hay quien entiende el cine como medio válido e idóneo para diagnosticar primero y tratar después, con preguntas sugerentes y también con respuestas abiertas a la reflexión. Porque, al fin y al cabo, no está de más apoyar en la ardua tarea de buscar la felicidad en el valle de Elah y fuera de él, sin etiquetar a quien hace su particular propuesta.
En las imágenes: Arriba, Tommy Lee Jones en una escena de “En el valle de Elah”; abajo, Paul Haggis durante el rodaje del film - Copyright © 2007 Warner Independent Pictures, Nala Films, Summit Entertainment, Samuels Media y Blackfriars Bridge. Fotos por Lorey Sebastian. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.







