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Martes 8 Abril 2008

De vez en cuando se oye decir que a un director no se le ha dejado incluir en su película una secuencia concreta, o que la productora le impuso un determinado enfoque o desenlace para hacerla más comercial, o que Hollywood no permite que el cineasta imprima su propia personalidad al film. También se ha escrito mucho acerca del valor artístico o narrativo de la elipsis, así como de su empleo para eludir cualquiera de las censuras. Sin embargo, pocas veces se ha hecho hincapié en que el espectador también tiene derecho a sentirse libre cuando se acomoda en la butaca, a ser dueño de sus emociones y pensamientos —si así lo desea— y no sentirse manipulado. Tampoco se ha incidido lo suficiente en que la elipsis puede contribuir a esa libertad, como lo hacen la profundidad de campo que deja varias opciones para fijar la mirada (“Ciudadano Kane”, Orson Welles), el plano secuencia que da unidad y verdad a lo mostrado sin recurrir al “truco” del montaje (“La mirada de Ulises”, Theo Angelopoulos), o la misma puesta en escena brechtiana que distancia al espectador de lo que es pura representación (“Dogville”, Lars von Trier).

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Para conseguir esa pretendida libertad, me parece que es importante que el director no nos muestre todo lo que sucede en escena y sepa utilizar la elipsis visual, que deje un espacio donde la imaginación del espectador trabaje y termine su historia/secuencia, donde su entendimiento concluya e interprete como le dé la gana lo narrado… Así habrá un margen de libertad que hace más humano a quien asiste al cine, además de que lo contrario —muchas veces— supone un insulto a su inteligencia. De la misma manera, cuando el director tiene que recurrir gratuitamente a la violencia brutal o al sexo, y se convierte en el único o mejor camino para suscitar sensaciones o criticar la sordidez del mundo, entonces también deja ver su pobre concepto del cine y del individuo. Y eso porque busca atrapar la atención del espectador de la manera más fácil y directa, a través de lo más instintivo y primario, provocando una respuesta puramente animal y superficial. Entonces, esas imágenes no encierran ni arte, ni inteligencia ni libertad, y bien podrían haberse alojado en un lugar llamado “elipsis”.

En la imagen: Escenario de “Dogville” - Copyright © 2003 Zentropa Entertainments, Memfis Film International, Trollhättan Film, Slot Machine, Liberator2 Productions, Isabella Films International, Something Else, Sigma Films, Zoma, Pain Unlimited, Arte France Cinema y France 3 Cinema. Foto por Rolf Konow. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

Miércoles 7 Noviembre 2007
Escrito por Miguel A. Delgado el 07.11.07 a las 18:12
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¿En qué se parecen las carreras de Orson Welles y Woody Allen? Básicamente en que, en un momento dado, los dos vieron imposible conseguir financiación en Estados Unidos para llevar adelante sus proyectos y tuvieron que buscarse las castañas en Europa, continente con fama de valorar más la cultura, aunque luego las producciones que arrasan en taquilla, en general y salvo honrosas excepciones, sean más bien del tipo “Torrente 3, el protector”, “Asterix y Obélix contra César” y cosas así. Pero bueno, ése no es el tema: no nos desviemos.

Por el contrario, ¿en qué se diferencian las carreras de Orson Welles y Woody Allen? Pues en que, mientras el primero se metió en luchas de proporciones casi homéricas por sacar adelante producciones ambiciosas en lo formal, titánicas en su dificultad e, incluso, un poco locas a secas (“El proceso”, “Campanadas a medianoche”, “Fraude”), cuya producción se alargaba durante años e incluso quedaban inacabadas (“Don Quijote de Orson Welles”), el segundo ha logrado mantener el ritmo de una película anual, a costa de transigir con las productoras de cada país, y con una bajada sensible de la calidad media de sus nuevas cintas.

Claro que ahí no terminan los parecidos: mientras Orson Welles llegó a aceptar cualquier papelillo o encargo que le permitiese financiar sus caprichos, fueran cinematográficos o no (incluido poner la voz a uno de los personajes de la primera adaptación a largo de los Transformers, lo que ya es decir), Woody Allen ha tenido que renunciar a su aislamiento de los medios, a sumergirse en campañas de promoción, homenajes y recogida de premios por doquier, a confraternizar con políticos e, incluso, irse de desmesuradas giras con la banda musical con la que antes solía pasar el rato con los amiguetes. ¿Conclusión? Ardua vida la de los genios, vaya que sí.

En las imágenes: Woody Allen y Scarlett Johansson en “Scoop” - Copyright © 2006 Focus Features, BBC Films, Ingenious Film Partners, Phoenix Wiley Productions y Jelly Roll Productions. Distribuida en España por On Pictures. Todos los derechos reservados. Orson Welles y Jeanne Moreau en “Campanadas a medianoche” - Copyright © 1965 Alpine Films e Internacional Films. Todos los derechos reservados.