De vez en cuando se oye decir que a un director no se le ha dejado incluir en su película una secuencia concreta, o que la productora le impuso un determinado enfoque o desenlace para hacerla más comercial, o que Hollywood no permite que el cineasta imprima su propia personalidad al film. También se ha escrito mucho acerca del valor artístico o narrativo de la elipsis, así como de su empleo para eludir cualquiera de las censuras. Sin embargo, pocas veces se ha hecho hincapié en que el espectador también tiene derecho a sentirse libre cuando se acomoda en la butaca, a ser dueño de sus emociones y pensamientos —si así lo desea— y no sentirse manipulado. Tampoco se ha incidido lo suficiente en que la elipsis puede contribuir a esa libertad, como lo hacen la profundidad de campo que deja varias opciones para fijar la mirada (“Ciudadano Kane”, Orson Welles), el plano secuencia que da unidad y verdad a lo mostrado sin recurrir al “truco” del montaje (“La mirada de Ulises”, Theo Angelopoulos), o la misma puesta en escena brechtiana que distancia al espectador de lo que es pura representación (“Dogville”, Lars von Trier).

Para conseguir esa pretendida libertad, me parece que es importante que el director no nos muestre todo lo que sucede en escena y sepa utilizar la elipsis visual, que deje un espacio donde la imaginación del espectador trabaje y termine su historia/secuencia, donde su entendimiento concluya e interprete como le dé la gana lo narrado… Así habrá un margen de libertad que hace más humano a quien asiste al cine, además de que lo contrario —muchas veces— supone un insulto a su inteligencia. De la misma manera, cuando el director tiene que recurrir gratuitamente a la violencia brutal o al sexo, y se convierte en el único o mejor camino para suscitar sensaciones o criticar la sordidez del mundo, entonces también deja ver su pobre concepto del cine y del individuo. Y eso porque busca atrapar la atención del espectador de la manera más fácil y directa, a través de lo más instintivo y primario, provocando una respuesta puramente animal y superficial. Entonces, esas imágenes no encierran ni arte, ni inteligencia ni libertad, y bien podrían haberse alojado en un lugar llamado “elipsis”.
En la imagen: Escenario de “Dogville” - Copyright © 2003 Zentropa Entertainments, Memfis Film International, Trollhättan Film, Slot Machine, Liberator2 Productions, Isabella Films International, Something Else, Sigma Films, Zoma, Pain Unlimited, Arte France Cinema y France 3 Cinema. Foto por Rolf Konow. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.
















