La proximidad de los Goya y el reciente balance del pasado año invitan a reflexionar. ¿Por qué el cine español está permanentemente enfermo? ¿Por qué el público recela de lo nacional? Echando una mirada al panorama de nuestro cine, podemos sacar algunas conclusiones. Para empezar, no tenemos nada que envidiar en lo que se refiere a directores de fotografía, música, vestuario… Ahí están Alberto Iglesias, Roque Baños o Pablo Cervantes entre los músicos, y José Luis Alcaine, Javier Aguirresarobe o Paco Femenía entre los fotógrafos, por ejemplo. Parece que los aspectos artísticos no se nos dan mal, y que son apreciados también fuera de nuestras fronteras. En cuanto al componente interpretativo, no son muchos los que sobresalen y no se pueden comparar —en general— a los actores británicos, franceses, nórdicos…, pero no faltan algunos trabajos muy logrados cuando caen en manos de quien les dirija con acierto.

Otra conclusión a la que llegamos es que los directores y las películas más cuidadas triunfan fuera y en festivales extranjeros, pero no dentro. Ahí están Jaime Rosales y “La soledad”, José Luis Guerin y “En la ciudad de Sylvia”, o Javier Rebollo y “Lo que sé de Lola”, entre otros…, por no hablar del gran ignorado por la industria patria, Víctor Erice. Cine no comercial poco valorado, con apenas apoyo institucional en su promoción, que queda arrinconado para un sector minoritario. En el otro extremo están los que salvan la taquilla cada año: Juan Antonio Bayona y “El orfanato”, Álex de la Iglesia y “Los crímenes de Oxford”… cine que suscita comentarios del estilo de «hasta no parece español», como si se tratase de imitaciones del más puro estilo norteamericano. Y eso por no hablar de quienes se labran el futuro lejos, con ambientación, equipo, producción… extranjera, como hace Isabel Coixet. Triste realidad la que atañe, por tanto, al mundo de la dirección, por cuanto habla de falta de respaldo o de personalidad en esta lucha por sobrevivir…

En conexión con lo dicho hasta ahora y como última conclusión, podemos advertir la carencia de buenos guionistas como clave de esta prolongada salud del cine español: no sólo faltan historias e ideas —algo común al resto de las cinematografías, como ya hemos apuntado en este mismo blog—, sino que tampoco vislumbramos buenos escritores para el cine, que conecten con la realidad de la calle, que sepan construir personajes e historias coherentes y verosímiles, que consigan mantener el interés del espectador. Quizá la tan traída y llevada Ley del Cine se haya olvidado de este aspecto, y bien podría gastar su presupuesto en fomentar estudios y escuelas de guionistas y no tanto subvencionar cine de dudosa viabilidad.
En las imágenes: Arriba, parte del equipo de ”En la ciudad de Sylvia”; abajo, rodaje de “La soledad” © 2007 Wanda Visión. Todos los derechos reservados.



