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Martes 23 Septiembre 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 23.09.08 a las 14:24
Archivado en: Críticas

Existe una cierta tendencia en los nuevos realizadores a mostrar todas las cartas de una vez, como si tuvieran que deslumbrar demostrando todo de lo que son capaces. Imagino que las causas deben ser, sobre todo, dos: una, puestos a pensar positivamente, ofrecer una tarjeta de visita que demuestre que son totalmente capaces de hacerse cargo de cualquier proyecto, por ambicioso que sea, que caiga en sus manos; otra, de manera negativa, que quizá piensen que, si en el peor de los casos no vuelven a tener otra oportunidad, al menos habrán creado una obra de peso, que será recordada por mucho tiempo. En estos casos, el estatus de “obra de culto” termina ejerciendo un efecto balsámico sobre carreras prematuramente abortadas.

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Y, desde ese punto de vista, ¿qué estructura podría ser más atractiva para un creador que pretende irrumpir con fuerza que la de las “vidas cruzadas”, esas historias que cogen un puñado de personajes, inconexos entre ellos o no, con la intención de trazar un retrato más general, que ni siquiera rechaza el intentar levantar acta de un momento histórico, de una conciencia, de una situación o una sociedad concretas? Al fin y al cabo, ¿no fue eso lo que encumbró inmediatamente a Alejandro González Iñárritu con ese mosaico de México D. F. que era “Amores perros”? Y sin embargo, es un género peligroso, como demostró el hecho de que ni siquiera un guionista tan experimentado como Paul Haggis lograse levantar una película creíble en su endeble y artificialmente biempensante “Crash (Colisión)”. Para que nos entendamos: Robert Altman no hay muchos, y ni siquiera a él le salía siempre bien la jugada.
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Jueves 15 Mayo 2008

Mientras en los Estados Unidos se lo pasarán en grande este fin de semana gracias a “Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian”, aquí tendremos que conformarnos con producciones menos aparatosas. Así, cuando en la cartelera no se estrena un título importante, las distribuidoras aprovechan la ocasión para colarnos alguno de esos productos de terror descafeinado que, por muy poco dinero que ingresen, casi siempre recaudan lo suficiente como para que sus productores luzcan una entusiasta sonrisa en sus rostros. Ahora le toca el turno a “Una noche para morir”, cinta que, desde luego, no invita al entusiasmo.

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Y aparte del cine de terror, también tenemos otra película producida por Judd Apatow, que, para un servidor, prácticamente significa lo mismo. Así, un recuperado Owen Wilson es el protagonista de “No tan duro de pelar”, una comedia del “lustroso” realizador Steven Brill, el mismo que firmó incuestionables “obras maestras” del género, caso de “Mr. Deeds” o “Little Nicky”. Por lo demás, Kevin Bacon se comporta como si de “Harry, el sucio” se tratara en “Sentencia de muerte”, mientras que de México nos llega “Sultanes”, película que nada pudo hacer las pasadas Navidades frente a las grandes producciones de Hollywood. Finalmente, señalar que también se estrena “Honeydripper”, lo último como director del reputado John Sayles (quien, por si alguien no lo sabía, fue uno de los responsables del libreto de “Las crónicas de Spiderwick”).

En la imagen: Brittany Snow en “Una noche para morir” © 2008 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados. Owen Wilson en “No tan duro de pelar” © 2008 Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Miércoles 14 Noviembre 2007

Las comparaciones parecen inevitables. No sólo porque “Adiós pequeña adiós (Gone baby gone)”, la primera y estupenda película como director de Ben Affleck, está basada en una novela del mismo autor de “Mystic River”, Dennis Lehane, sino porque llegan a compartir escenario (un barrio conflictivo y de clase baja de Boston) e, incluso, algún tipo de personaje muy parecido (sin ir más lejos, el del policía interpretado por Kevin Bacon en la cinta de Clint Eastwood, y el del detective protagonista incorporado por Casey Affleck en la película de su hermano). Igualmente el fondo de las historias resultan parecidas, por cuanto un hecho criminal, en el que el abuso de menores aparece como un elemento fundamental, acaba sacando al aire una sociedad podrida que se sostiene solamente de cara a la galería, un colectivo en el que nada es lo que parece y donde todo el mundo mira para otro lado porque no quiere saber.

Y, sin embargo, lo verdaderamente genial es que Affleck ha conseguido entonar su propia voz, algo sumamente complicado si tenemos en cuenta que la sombra de esa obra maestra que triunfó en los Oscar® es más que alargada. Y lo ha conseguido por una diferencia de tono, porque Eastwood y Brian Helgeland, su guionista, impregnaron a sus personajes, pero especialmente a los de Sean Penn, Tim Robbins y Laura Linney (soberbia su conversión en un trasunto de lady Macbeth en el tramo final de la película), de un halo trágico, casi shakesperiano, que en cierta forma dotaba a sus actos, su sufrimiento y su muerte de algo trascendente. Sin embargo, en la ruta trazada por Affleck (con la ayuda de Aaron Stockard) no hay nada que eleve a los personajes, más atrapados por la necesidad de no estrellarse contra un horizonte asfixiante. No hay nada épico, no hay nada shakesperiano, no hay nada trascendente: sólo el afán de sentir que el día a día no se les escapa de las manos, por más que haya que transgredir las leyes y difuminar los límites morales. Sinceramente, buen pack harían estos dos largometrajes: son la demostración bien palpable de que, aunque todo esté contado, aún existen muchas formas de aproximarse a las viejas historias, las mismas que aún nos siguen cautivando.

En las imágenes: Casey Affleck en “Adiós pequeña adiós (Gone baby gone)” © 2007 Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados. Kevin Bacon en “Mystic River” © 2003 Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.