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Sábado 19 Abril 2008

El otro día, un amigo me comentó que había visto “Once”, que le había gustado mucho la música, pero que «no pasaba casi nada»… Comprendí el error de partida que había tenido él al ponerse a verla, y yo al recomendársela, porque hay películas tan íntimas, tan sutiles, en las que “todo lo que pasa, pasa por dentro”, que puede resultar imperceptible para quien busca persecuciones en coche y explosiones. Porque es verdad que hay propuestas como la de John Carney, o las “Historias mínimas” de Carlos Sorin, o las recién estrenadas “Luz silenciosa”, de Carlos Reygadas, o “La banda nos visita”, de Eran Kolirin, cintas de las que cuesta decir de qué van… porque se trata de historias pequeñas e invisibles, casi imperceptibles para quien busca acción y evasión, en las que lo esencial es sentir con los personajes y ver cómo se van transformando por dentro a raíz de unos encuentros… En ellas “pasan” muchas cosas, pero hay que estar atentos y no tener prisa, relajarse en la butaca, mirar a los ojos a sus protagonistas y percibir gestos y reacciones, y dejarse emocionar en el silencio de su vida cotidiana.

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Son películas que muestran, por otra parte, la realidad más verdadera e interesante, porque miran a la misma persona y a sus más hondas inquietudes, adentrándose entre los pliegues de su alma y en las perplejidades de su comportamiento. En ese mundo interior, las cosas que “pasan” no son simples ni muchas veces pueden explicarse con palabras, porque el misterio de la vida y la persona anda por medio. Ahí se necesita una cámara que escrute los rostros, se mueva por los pasillos de la casa o deambule por las calles de cualquier ciudad para recrear el ambiente del personaje, para mostrar cómo le condicionan esas circunstancias y las personas con las que convive: lo hace unas veces de manera sencilla y rutinaria, otras de forma compleja y profunda en su dolor, y siempre como una realidad muy humana que debería suscitar una empatía casi automática con el espectador por hablar su mismo idioma. Es un cine “realista” en sus historias que también precisa un guión que no sea pretencioso y unas interpretaciones contenidas y naturales, alejado tanto del cine espectacular donde pasan muchas cosas a cuál más increíble, como del otro “cine realista” tan en boga de tono más estético, dramático y un tanto sórdido. De todo lo que el cine nos cuenta, me quedo con “lo que pasa” en “Once” y “La banda nos visita”.

En la imagen: Ronit Elkabetz en “La banda nos visita” - Copyright © 2007 July August Productions, Bleiberg Entertainment y Sophie Dulac Productions. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos reservados.

Miércoles 2 Enero 2008

No es habitual que una pequeña película no americana permanezca en cartelera dos meses. Y menos aún si se trata de una cinta con reducida promoción, de historia mínima, sin actores conocidos, sin suspense ni acción… Pero “Once”, del irlandés John Carney, lo ha conseguido, y dejando muy buen sabor de boca en quienes la hemos visto. Puestos a examinar las causas del éxito, no encontramos otras que su falta de pretensiones, la frescura y sencillez de su trama y de su pareja de actores, y también una magnífica banda sonora que incluye canciones tan pegadizas que no dejan al espectador cuando abandona la sala. Además, John Carney nos ofrece una preciosa historia de amor, cantada y susurrada a la vez, llena de delicadeza y aprovechando la misma letra de las canciones, para seguir diciendo cosas que podían haberse dialogado, pero que así suenan mejor. Su tono realista y la autenticidad con que Glen Hansard y Markéta Irglová se mueven ante la cámara hacen que la música no sirva para evadirse de los problemas, que no salgamos de su realidad cotidiana, que se establezca una tremenda empatía con el espectador, que entiende su soledad y deseo de felicidad y que percibe también la esperanza de cada plano.

Con estos ingredientes —gracias a su silencioso modo, nada solemne, de decir las cosas pequeñas de la vida—, “Once” logra dar mucho más de lo que se espera de ella. Da gusto escuchar sus preciosas canciones, sentarse junto a los protagonistas cuando ensayan en la tienda de música, acompañar a la chica por la ciudad mientras oye música en busca de una letra. Su sentido de la medida y la contención, hace que no derive hacia el musical estandarizado ni hacia el videoclip, ni tampoco que se convierta en un melodrama sentimental y facilón. Por el contrario, queda uno de los mejores títulos del ya terminado 2007. Habrá que esperar a que se edite en DVD para volver a ver esta pequeña joya, que recomiendo a todos aquellos que quieran un cine sincero y libre, con gran hondura de sentimientos pero nada dulzón ni artificioso.

En la imagen: Fotograma de”Once” - Copyright © 2006 Summit Entertainment, Samson Films, Bord Scannán Na hÉireann, The Irish Film Board y RTÉ. Distribuida en España por Avalon Productions. Todos los derechos reservados.