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Sábado 2 Agosto 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 02.08.08 a las 22:09
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Hace unos días, escribía en este mismo blog que mis expectativas ante el estreno de la tercera entrega de la saga iniciada por “The mummy (La momia)” no es que fueran precisamente entusiastas, dado que la segunda parte había dilapidado los méritos que hacían a la primera agradable, ofreciendo un cansino aluvión de espectaculares efectos que terminaban anegando cualquier mínimo atisbo de historia que les diese sentido. Pues bien, contra todo pronóstico, y sin tampoco descubrir la pólvora, “La momia: La tumba del emperador Dragón” cumple a la perfección con su objetivo principal, que no es otro que ofrecer un carrusel de efectos especiales y escenas de acción que mantenga al respetable entretenido en su asiento sin ahuyentarle con un empacho visual de los que no se quitan en días. Ni más ni menos; quien busque otra cosa, que no se acerque por aquí.

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Eso sí, al menos esta vez los guionistas han tenido el detalle de urdir una trama que, aun haciendo reciclaje de diversos materiales que se cortan-y-pegan sin ningún rubor, por lo menos sostiene un mínimo andamiaje del que colgar la parafernalia digital (algo que brillaba por su ausencia en la segunda entrega). Y en cuanto a los efectos digitales, poco se puede decir en su contra, pues al fin y al cabo hablamos de una saga que ha tenido claro, desde el primer momento, que en el juguete tecnológico encuentra gran parte de su sentido. Aquí vuelve a cumplir y todo es más grande, más ruidoso y más potente, a falta de un ejército de no muertos tenemos dos, transformaciones espectaculares, bestias asesinas en forma de yetis… Ahora bien, alguien debería tomar cartas en el asunto y prohibir a cualquier miembro de la familia O’Connell acercarse a menos de diez kilómetros de cualquier yacimiento arqueológico, porque lo que no es de recibo es que destruyan cualquier lugar mítico donde pongan el pie (¡ay, mi Shangri-La!). Con un par de familias más como ellos, no habría que preocuparse por la preservación de ningún tesoro… porque simplemente no quedaría ninguno en pie. Leer más >>

Escrito por Manuel Márquez el 02.08.08 a las 15:51
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No, amigos lectores, no se dejen engañar por el título de esta reseña. No están ustedes en nuestra sección dedicada al mundo del videojuego, sino en la que habitualmente se publican las reseñas críticas de las películas de estreno. El único problema es que, sinceramente, se me hace muy cuesta arriba otorgar a un film como “La momia: La tumba del emperador Dragón” cualquier otra consideración que no sea la de un videojuego. Lujoso, despampanante, ofrecido en un formato verdaderamente espectacular, pero ni más ni menos que un videojuego. Eso sí, con una particularidad especialmente fastidiosa: uno no dispone de un joystick para manejarlo (con lo cual, pasado el impacto inicial, y unos minutos de metraje, la experiencia empieza a hacerse algo aburrida) y, lo que resulta peor aún, tampoco tiene a su alcance el botón de on/off para, pasados otros minutitos más, optar por la opción más razonable: apagarlo…

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Porque no se me ocurre ningún motivo por el cual ni siquiera el más entusiasta seguidor del género de acción y aventuras pueda justificar un empeño como el de esta tercera entrega de la saga, salvo que a tal condición de amante de la especialidad se una la de contable de la compañía productora —que, no les quepa duda alguna, a la vista de los resultados de taquilla, y salvo sorpresa morrocoturda, no va a tener la más mínima queja acerca de las “bondades del experimento”—. “La momia: La tumba del emperador Dragón” no ofrece nada particularmente interesante porque no presenta, ni a nivel argumental ni a nivel técnico, el más mínimo elemento que no haya sido explotado ya hasta la saciedad en el cúmulo de producciones de este corte (y aquí cabría incluir, entre muchos otros, sus dos capítulos precedentes) que, con desigual fortuna, la industria hollywoodiense manufactura año sí, año también. Y ante el argumento de que el fan acérrimo lo que va a buscar a la sala es casi siempre “más de lo mismo” (y, debido a ello, eso es lo que ofrecen las compañías responsables del “invento”), creo que, sin una mínima variante novedosa, esa justificación no termina de sostenerse cabalmente. Leer más >>

Nunca he sido un entusiasta de “The mummy (La momia)”, cinta de un discreto realizador, Stephen Sommers, que consiguió unas estupendas recaudaciones durante el mismo verano en el que se estrenó “Star Wars. Episodio I: La amenaza fantasma”. Algo mejor le fue incluso a “El regreso de la momia”, buena prueba de que al público le encantaron las anteriores aventuras de estos personajes. Ahora nos llega la tercera entrega de la saga, siendo su responsable el mediocre Rob Cohen, el mismo que nos ha hecho “disfrutar” con producciones tan prescindibles como “La amenaza invisible: Stealth”, “xXx”, “A todo gas”, “Daylight: Pánico en el túnel” y “Dragonheart: Corazón de dragón”. Desde luego, si los responsables de la franquicia querían dejarla en manos de alguien que supiera sacar adelante una película liviana y descaradamente comercial, su elección no podía haber sido más adecuada.

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Los años pasan para todo el mundo, incluida la familia O’Connell. Las que tienen menos problemas con esto de la edad son las múltiples momias que se encuentran escondidas en distintos lugares del planeta, ya que no les importa levantarse de sus tumbas tras unos cuantos siglos de letargo. Eso es lo que le sucede al temible Han, un déspota que vuelve a la vida con el deseo de despertar a su ejército y de este modo dominar el mundo. Por supuesto, Rick, Evelyn y Jonathan intentarán evitarlo, sumándose de nuevo al grupo Alex, el hijo de los dos primeros (éstos, por cierto, se encuentran completamente aburridos en su casa tras haber ejercido de espías para el gobierno británico). Además, en esta ocasión contarán con la ayuda de Ling, una… misteriosa “jovencita” que tampoco parece tener muchas ganas de que el emperador Dragón se haga con el control del planeta. Leer más >>

Viernes 1 Agosto 2008
Escrito por José Arce el 01.08.08 a las 18:00
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En alguna que otra ocasión hemos hecho referencia a la temible influencia de los medios —entre los que hemos de incluirnos, qué duda cabe— a la hora de preparar la llegada de una esperada producción a las salas. En el caso que nos ocupa, no sólo se trata de uno de los grandes pelotazos veraniegos, sino que, además, es el tercer capítulo de una franquicia tan palomitera como olvidable dedicada a empapar con una capa de acción hiperbólica y atronadora a uno de los grandes iconos del fantaterror de todos los tiempos; durante los últimos meses, la espera ha sido amenizada con rumores, noticias y todo tipo de informaciones destinadas a poner los dientes largos a los aficionados. Y el resultado deja mucho que desear.

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La Segunda Guerra Mundial ha terminado, y los espías/aventureros Rick (Brendan Fraser) y Evelyn O´Connell (Maria Bello) viven retirados en una mansión cedida amablemente por el gobierno en pago de los servicios prestados a la patria. Se aburren infinitamente, alejados de la acción y de su hijo Alex (Luke Ford), supuestamente estudiante universitario pero en realidad reconvertido en intrépido arqueólogo siguiendo la tradición familiar. Cuando el muchacho descubre el lugar donde reposan los restos del temible Han (Jet Li), los enemigos emergen de las sombras y resucitan al vil tirano, maldito miles de años atrás por la hermosa y bondadosa Zi Yuan (Michelle Yeoh). Una vez más, el clan debe volver al campo de batalla para impedir que el Mal triunfe y aniquile a nuestra raza. “La momia: La tumba del emperador Dragón” parte de una idea interesante, la reinvención del origen del maravilloso y sugerente ejército de guerreros de terracota de Xi´an, y la pone al servicio de un esqueleto ostentoso y fallido, tremebundo en sus aspiraciones revolucionarias dentro del género de acción y fantasía, pero absolutamente falto de coherencia y sentido argumental y del espectáculo. Leer más >>

Jueves 11 Octubre 2007

En “Arma letal 4″ (Richard Donner, 1998), los ya legendarios Martin Riggs (Mel Gibson) y Roger `soy demasiado viejo para esto´ Murtaugh (Danny Glover) lucían con orgullo su bien llevada madurez, con una coherencia que les llevaba a ser apaleados insistentemente por un recién llegado a la industria major yanqui, Jet Li. Lógicamente, al final los buenos se llevaban el gato al agua nunca mejor dicho─, demostrando que los action heroes pueden hacerse mayores sin problemas. Otro claro ejemplo de que los años pueden pasar sin dejar de ser razonable lo encontramos en el púgil de Philadelphia, Rocky Balboa, una saga que se acaba de cerrar de manera excelente con la última entrega del personaje que puso a Sylvester Stallone en lo más alto y que ha sabido jubilar, con gran inteligencia, de manera que volviera a ponerle en el punto de mira de todos los que hemos crecido con él y su entrañable tarugo. Quizá le haya resultado tan fácil porque sus historias, de la gloria al semi olvido, han ido de la mano a lo largo de los últimos treinta años. Ahora que ya hemos podido ver el tráiler y las primeras imágenes de “John Rambo”, la duda nos asalta de manera inevitable: ¿conseguirá el discípulo del coronel Trautman salir por la puerta grande?

La otra opción es negarse a aceptar las arrugas. Que le pregunten a John McLane (Bruce Willis), más en forma ahora que en 1988, capaz de ridiculizar a todo tipo de terroristas, saltimbanquis o informáticos, que se le pongan por delante (“La jungla 4.0″, Len Wiseman, 2007). En este mismo pack, salvando distancias galácticas, podemos incluir a quien está indefectiblemente predestinado a convertirse en uno de los peores actores de todos los tiempos, el decadente Steven Seagal, que, desde que decidió proclamar ante el mundo su amor por el budismo y la naturaleza, ha convertido sus películas en muestras continuadas de cómo se puede dar cada vez más pena, mal que pese a sus seguidores, si es que le queda alguno. Aunque considerando que se forró antes de iniciar su carrera cinematográfica gracias a los gimnasios que tiene repartidos por Estados Unidos, tampoco debe importarle demasiado.

Jean-Claude Van Damme se ha colocado en la misma estela de su ex-coletudo colega. Hace ya mucho tiempo que por aquí no le vemos en pantalla grande, lo que hace aún más sorprendente y preocupanteel aluvión de packs dedicados a sus últimos subproductos, que inundan cualquier gran superficie; el más listo de todos es Dolph Lundgren, que sigue disfrutando de la vida marbellí y dosificando sus apariciones. Como cierre, no podemos olvidar a quien ha decidido aferrarse al pasado en un grito desesperado por volver a la actualidad: sí, es Harrison Ford, otrora icono vivo de Hollywood y hoy prácticamente desaparecido casi mejor, visto “Firewall” (Richard Loncraine, 2006), que prácticamente supedita su supervivencia comercial al triunfo más que previsible del regreso de ese expoliador impune que es Indiana Jones. Pero no ha de olvidar que es un proyecto de relevo generacional, con el que Shia LaBeouf, a buen seguro, se está frotando las manos.

En las imágenes: Sylvester Stallone en “John Rambo” © 2007 Manga Films. Todos los derechos reservados. Bruce Willis en “La jungla 4.0″ © 2007 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.