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Miércoles 4 Junio 2008

Dieciséis años separan las dos trilogías de Star Wars, los que median entre “Star Wars. Episodio VI: El retorno del jedi” (1983) y “Star Wars. Episodio I: La amenaza fantasma” (1999). Y curiosamente es un período de tiempo muy parecido, diecinueve, el que separa a “Indiana Jones y la última cruzada” (1989) de la recién estrenada “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”. Aparentemente, podría pensarse que con la nueva entrega del arqueólogo, George Lucas ha querido repetir una jugada que la primera vez ya le funcionó a las mil maravillas: frente a la tradicional costumbre hollywoodiense de exprimir rápidamente las series para sacar de ellas hasta la última gota de rentabilidad, el director de “American Graffiti” habría preferido dejar en barbecho un tiempo más que razonable al personaje para, llegado el momento, retornar bajo las fanfarrias de lo mítico y presentarse con todos los honores ante una nueva generación. Y si esa mezcla de nostalgia y retorno obró maravillas con la saga galáctica, ¿por qué no iba a hacerlo con la inaugurada con “En busca del arca perdida”?

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Hay diferencias, sin embargo, entre uno y otro caso. La más evidente, que la marca “Star Wars” ha logrado convertirse exactamente en eso, un contenedor que admite bajo su cobertura productos de todos los formatos, y en los que ni siquiera son necesarios determinados rostros con los que el público pueda identificarse, hasta el punto de que ninguno de los protagonistas de la trilogía original fueron necesarios en la siguiente (todo ello, claro está, con la estupenda coartada de tratarse, en el caso de las últimas películas, de una historia anterior en el tiempo a la narrada en las primeras). Algo, desde luego, mucho más peliagudo en el caso de Indiana Jones, pues resulta imposible imaginarle con otro rostro que no sea el de Harrison Ford. De hecho, una opción como la de James Bond, a quien han ido encarnando sucesivos actores, parece poco viable (aunque imagino que lo mismo se debió de decir en su momento sobre Sean Connery). Así que la duda es: ¿ofrece suficiente garantía la elección de Shia LaBeouf como seguro para la continuidad de la serie? El tiempo lo dirá. De hecho, si no hubiese sido por la fatalidad, quizá a estas alturas ya habríamos visto alguna entrega de Indy con los rasgos de un River Phoenix que ahora mismo tendría 38 años.

En la imagen: Harrison Ford en las dos sagas de Lucas, como Han Solo en “Star Wars. Episodio VI: El retorno del jedi” © 1983 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados. Y como Indiana Jones en “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” © 2008 Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Sábado 24 Mayo 2008

Continuando con el interesantísimo tema que ha planteado mi compañero Julio (el de la irrupción cual elefante en cacharrería de la apisonadora digital en gran parte del cine de entetenimiento actual), me ha llamado muchísimo la atención leer la cantidad de veces que, como una letanía, han repetido los padres de la nueva entrega de Indiana Jones, George Lucas y Steven Spielberg (reconozcámoslo, Harrison Ford en entrevistas suele ser bastante soso y decir más bien pocas cosas interesantes), haciendo profesión de su nostalgia por las técnicas tradicionales de efectos especiales, y su preocupación por el peligro cierto de que el abuso de las nuevas técnicas acabe sofocando lo único que verdaderamente importa: la historia.

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Todo muy correcto y jaleable… salvo por un par de pequeños detalles: si alguien abrió las puertas al campo fue el propio Spielberg (recordemos la conmoción que todos sentimos cuando se estrenó “Jurassic Park: Parque Jurásico” y acudimos a las salas bajo el aviso, digno de barraca de feria de las de antes, de que por primera vez íbamos a ver a dinosaurios realmente vivos), que si bien no fue el primero, sí que consiguió convertir en fenómeno lo que hasta entonces eran tímidos avances (con el permiso del James Cameron de “Terminator 2: el juicio final”, eso sí). Y si de asfixia de la historia por hipertrofia digital hablamos… ¿es que Lucas ha tenido un repentino ataque de amnesia y se ha olvidado de lo que perpetró en su segunda (se ponga como se ponga) trilogía galáctica? Uno, desde luego, es el primero que se sube al carro de esa reivindicación de lo tradicional… pero, no sé por qué, tiendo a creérmelo más cuando se lo escucho o se lo leo a alguien como Michel Gondry. ¿Por qué será?

En la imagen: Pura nostalgia “animatrónica” en una escena de “E.T. El extraterrestre” - Copyright © 1982 Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

Miércoles 12 Diciembre 2007

No puede haber dos ejemplos más evidentes de lo que supone saber elegir papeles y, además, tener suerte. Creo que a estas alturas, y por mucho que su rostro ya sea inseparable de iconos como Indiana Jones, Han Solo o Rick Deckard, nadie podrá decir que Harrison Ford sea un grandísimo actor. De hecho, en su filmografía hay alguna otra joyita que debería irse por el desagüe del olvido (¿alguien dijo “Lo que la verdad esconde”?). Y aun así, ya ven, a sus 65 años, sigue siendo uno de los actores mejor pagados y más taquilleros, y ni siquiera puede decirse que el ritmo ascendente de su carrera se haya interrumpido alguna vez.

En el caso contrario, ahí tenemos a Kevin Costner, un actor que irrumpió con “Los intocables de Eliot Ness” como un huracán y encadenó una década prodigiosa, lluvia de Oscars® incluida por “Bailando con lobos”… para estrellarse no contra un muro, sino contra una superficie de agua fangosa llamada “Waterworld” de la que aún está tratando de salir. Y si los comparo es porque creo que los dos representan un rol de actor masculino muy similar; y, si me apuran, hasta diría que Costner ha tenido oportunidad, aunque no se haya prodigado, de demostrar que es incluso mejor actor que Ford. ¿Será que su mayor error fue coger las riendas de la dirección y la producción, mientras que el protagonista de “Único testigo” ejercitó a conciencia aquello de “zapatero, a tus zapatos”? En fin, ahora Costner intenta reinventarse de nuevo como psycho killer en “Mr. Brooks”. A ver si tiene suerte, hombre.

En las imágenes: En la izquierda, Kevin Costner en “Mr. Brooks” © 2007 Manga Films. Todos los derechos reservados. En la derecha, Harrison Ford en “Firewall” © 2006 Warner Bros. Pictures International de España. Todos los derechos reservados.

Jueves 11 Octubre 2007

En “Arma letal 4″ (Richard Donner, 1998), los ya legendarios Martin Riggs (Mel Gibson) y Roger `soy demasiado viejo para esto´ Murtaugh (Danny Glover) lucían con orgullo su bien llevada madurez, con una coherencia que les llevaba a ser apaleados insistentemente por un recién llegado a la industria major yanqui, Jet Li. Lógicamente, al final los buenos se llevaban el gato al agua nunca mejor dicho─, demostrando que los action heroes pueden hacerse mayores sin problemas. Otro claro ejemplo de que los años pueden pasar sin dejar de ser razonable lo encontramos en el púgil de Philadelphia, Rocky Balboa, una saga que se acaba de cerrar de manera excelente con la última entrega del personaje que puso a Sylvester Stallone en lo más alto y que ha sabido jubilar, con gran inteligencia, de manera que volviera a ponerle en el punto de mira de todos los que hemos crecido con él y su entrañable tarugo. Quizá le haya resultado tan fácil porque sus historias, de la gloria al semi olvido, han ido de la mano a lo largo de los últimos treinta años. Ahora que ya hemos podido ver el tráiler y las primeras imágenes de “John Rambo”, la duda nos asalta de manera inevitable: ¿conseguirá el discípulo del coronel Trautman salir por la puerta grande?

La otra opción es negarse a aceptar las arrugas. Que le pregunten a John McLane (Bruce Willis), más en forma ahora que en 1988, capaz de ridiculizar a todo tipo de terroristas, saltimbanquis o informáticos, que se le pongan por delante (“La jungla 4.0″, Len Wiseman, 2007). En este mismo pack, salvando distancias galácticas, podemos incluir a quien está indefectiblemente predestinado a convertirse en uno de los peores actores de todos los tiempos, el decadente Steven Seagal, que, desde que decidió proclamar ante el mundo su amor por el budismo y la naturaleza, ha convertido sus películas en muestras continuadas de cómo se puede dar cada vez más pena, mal que pese a sus seguidores, si es que le queda alguno. Aunque considerando que se forró antes de iniciar su carrera cinematográfica gracias a los gimnasios que tiene repartidos por Estados Unidos, tampoco debe importarle demasiado.

Jean-Claude Van Damme se ha colocado en la misma estela de su ex-coletudo colega. Hace ya mucho tiempo que por aquí no le vemos en pantalla grande, lo que hace aún más sorprendente y preocupanteel aluvión de packs dedicados a sus últimos subproductos, que inundan cualquier gran superficie; el más listo de todos es Dolph Lundgren, que sigue disfrutando de la vida marbellí y dosificando sus apariciones. Como cierre, no podemos olvidar a quien ha decidido aferrarse al pasado en un grito desesperado por volver a la actualidad: sí, es Harrison Ford, otrora icono vivo de Hollywood y hoy prácticamente desaparecido casi mejor, visto “Firewall” (Richard Loncraine, 2006), que prácticamente supedita su supervivencia comercial al triunfo más que previsible del regreso de ese expoliador impune que es Indiana Jones. Pero no ha de olvidar que es un proyecto de relevo generacional, con el que Shia LaBeouf, a buen seguro, se está frotando las manos.

En las imágenes: Sylvester Stallone en “John Rambo” © 2007 Manga Films. Todos los derechos reservados. Bruce Willis en “La jungla 4.0″ © 2007 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.