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Lunes 31 Marzo 2008

De un tiempo a esta parte, la promoción de los films ha engordado hasta límites insospechados, y el marketing ya no sabe qué inventar. Todo sirve para vender más: a veces parece que la calidad del producto es algo secundario, y que lo esencial es hacer una buena campaña —muchas veces supone incluso la mayor partida del presupuesto—, que llegue al potencial espectador y le genere la necesidad de ver tal película… que es “la película del año” (en esto también cine y fútbol se parecen, como entretenimiento popular). El asunto es que se hable de ella, y no importa tanto si es para bien o para mal. Hace semanas que ha comenzado la promoción de “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”, y los tráilers y declaraciones se suceden para enganchar a las nuevas generaciones. Quizá por eso George Lucas se haya lanzado a alertar sobre las excesivas expectativas (¿?) que está suscitando… diciendo que «solo se trata de una película», o «solo la hemos hecho por diversión, y no habrá mucho dinero para nosotros al final; no lo hacemos por dinero». Como para creérselo… ¡lo que hay que hacer para llamar la atención! No sería malo ganar dinero, siempre que no se dé gato por liebre, y no sea mejor el sobre que la carta. Ya veremos.

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Pero la publicidad tiene sus armas, y a veces cuesta adivinar las intenciones de las distribuidoras. Por eso me entran las dudas cuando también estos días se ha promocionado “Despierto” —esa película sobre un paciente que es operado creyendo que está realmente anestesiado—, y se advierte que «no es recomendable para aquellas personas que vayan a ser intervenidas quirúrgicamente en breve». Parece claro que puede ser oportuno y necesario decirlo, aunque ¿no se estará buscando un público más masivo, precisamente aquél que no va ser operado en breve y que busca experiencias… en cuerpo ajeno? Todos hemos visto cómo algunas cintas han aprovechado unas veces la polémica como escaparate (“La Pasión de Cristo”), cómo a otras les ha bastado con atacar abiertamente a la Iglesia Católica (“El código Da Vinci”, “El crimen del padre Amaro”) o provocar algunas reacciones innecesarias y un tanto ingenuas para incrementar la taquilla (“La brújula dorada”), y también cómo ha habido quien, como Ang Lee con “Deseo, peligro”, se ha servido primero de la aparición de escenas fuertes de sexo y después de su mutilación en la versión censurada para China, como altavoz para venderse mejor. Unas formas de promoción que muchas veces dejan de lado la verdad —por supuesto, también las hay honestas—, porque su objetivo principal es el dinero: resulta preocupante hasta dónde nos lleva cierto capitalismo.

En la imagen: Fotograma de “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” © 2008 Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Despierto” © 2007 Aurum. Todos los derechos reservados.

Martes 11 Diciembre 2007

No hay mejor perspectiva para juzgar una obra cinematográfica que el tiempo. Y los años transcurridos desde el estreno de la primera entrega de “El Señor de los Anillos”, “El Señor de los Anillos: La comunidad del Anillo”, e incluso desde la última, “El Señor de los Anillos: El retorno del rey”, no hacen más que confirmar lo que entonces sólo podía atisbarse: la profunda huella que iba a dejar en el cine que a partir de ese momento se hiciese. Pocas cintas pueden jactarse de señalar una inflexión, una marca indeleble que modifique el rumbo de un arte; la obra magna de Peter Jackson, ya sin discusión, se cuenta entre ellas. Y si necesitamos alguna prueba, basta con leer las críticas, reseñas y comentarios sobre muchas de las películas que se estrenan.

De hecho, podría decirse que ya sólo es posible abordar la fantasía al “estilo Anillo” o al “otro” (un “otro” que tiene, sobre todo, dos sagas como principales representantes: Harry Potter y Narnia). Y tanto por similitud (“Beowulf”) como por diferencia (“La brújula dorada”), el marco de referencia, el nivel, lo marca la adaptación de la obra de J.R.R. Tolkien. ¿Podía siquiera imaginar Jackson lo que tenía entre manos cuando abordó un proyecto que tantos consideraron suicida? Quizá no, o tal vez sí, quizás vio que Frodo estaba destinado a codearse con Luke Skywalker; lo que aún no está nada claro es por dónde va a continuar su camino. Al contrario que George Lucas, que comprendió que había tocado techo como director y prefirió convertirse en una especie de industrial, Jackson insiste en seguir aferrado a la silla y meterse en nuevos proyectos. Difícil cuando tienes la sombra de “El Señor de los Anillos: Las dos torres” marcando tu grandeza pero, probablemente, también tus limitaciones.

En la imagen: Fotograma de “El Señor de los Anillos: Las dos torres” - Copyright © 2002 New Line Cinema, The Saul Zaentz Company y WingNut Films. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.