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Lunes 26 Mayo 2008

Año tras año, el veterano Claude Chabrol nos ofrece la misma película, con idéntica temática y parecido equipo técnico y artístico, variando sólo una trama en la que, por otro lado, siempre encontramos un crimen derivado de una difícil relación pasional. Ahora acaba de estrenar “Una chica cortada en dos”, y en las entrevistas concedidas vuelve a hacer hincapié en su voluntad por retratar a la burguesía provinciana, con su falta de autenticidad y moralidad, con su incapacidad para cambiar en sus esquemas vitales. A la vez, la crítica habla de él como de un entomólogo que indaga en la naturaleza humana, que introduce su bisturí hasta provocar sus pulsiones más instintivas, poniendo a prueba sus resortes morales… y se alaba su carácter comprometido y combativo, su capacidad para lanzar dardos envenenados a diversos estamentos sociales y profesionales (medios de comunicación, mundo literario…) bajo la apariencia de una historia simple y plana.

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Sin embargo, al margen del incuestionable oficio cinematográfico, el cineasta francés no hace otra cosa que mostrarnos, en el fondo, cómo se comporta cualquier hombre cuando se deja arrastrar por sus pasiones, por su egoísmo y por sus deseos de imponerse al resto. La manera de abordar el poder, el sexo, la violencia o la venganza en sus personajes son las respuestas naturales e instintivas que derivan de un vacío moral, algo que afecta al individuo independientemente de su extracción social. Su mirada no llega a profundizar en las verdaderas causas de dichos comportamientos, y su análisis no supera el nivel sociológico de las apariencias ni alcanza hondura antropológica. Quiere que de sus personajes broten esas mezquindades como derivación natural de una sociedad pequeño-burguesa y neocapitalista, y estos arquetipos —artificios de guión— pierden entonces toda su libertad y posibilidad de redención, a la vez que su veracidad.

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En definitiva, parece que el director se deja llevar por unos prejuicios de clase que no han variado a lo largo de las décadas. Es el mismo espíritu de mayo del 68 que permanece aún vivo en este cineasta septuagenario, que no quiere aplicarse a sí mismo la evolución de planteamientos que demanda a su burguesía, caricatura trasnochada y caduca de otro tiempo. Quizá por eso haga una y otra vez la misma película de siempre, seguir mirando cínicamente sólo las sombras que todo individuo tiene… para cargarlas de excesos y generar otra reescritura de cine político y militante, aunque sea bajo el envoltorio del cine negro y pasional.

En las imágenes: Arriba, Claude Chabrol durante el rodaje de “Una chica cortada en dos”; abajo, una escena de la película - Copyright © 2007 Alicéleo Cinéma, Alicéleo, Rhône-Alpes Cinéma, France 2 Cinéma e Intégral Film. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

Domingo 18 Mayo 2008

Protestas y barricadas urbanas, eslóganes de rebeldía e inconformismo, marxismo en estado puro para una revolución socio-cultural, violencia y utopías pacifistas y de todo tipo, amor libre y drogas en la comuna hippie. Y también lucha contra la autoridad y la jerarquía, contra la moral y la religión, contra la estructura y el orden: «¡prohibido prohibir!». Esto y mucho más se respiraba en las calles de París en mayo del 68, en un movimiento básicamente de estudiantes —también de obreros— alterados por algunos agitadores de masas. Un mundo de inquietudes y contradicciones, que se extendió como la pólvora, que comenzó como una entusiasta y airada reacción de protesta y liberación, para terminar con un profundo sentimiento de desencanto, de insatisfacción y de vacío. Al margen de otras valoraciones sobre el fenómeno social, lo que está claro es que nada sería igual tras ese mes mayo, y que toda una generación de jóvenes quedaría marcada y también perdida.

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En medio de ese torbellino socio-político, el cine había jugado un papel decisivo a la hora de espolear a estudiantes y obreros a la manifestación callejera. Cineastas como Jacques Rivette y, sobre todo, Jean-Luc Godard con “La chinoise (La china)” habían alentado a las masas contra la política cultural de Charles De Gaulle, y películas militantes surgidas en el SLON (cooperativa de cine para el debate y la acción política) promovían la lucha contra el poder patronal y la intervención americana en Vietnam. El “affaire Langlois” —destitución de Henri Langlois al frente de la Cinemateca parisina— provocaba un revuelo previo a las barricadas, que culminaría con la creación de unos Estados Generales del Cine y el boicot del Festival de Cannes, en solidaridad con la huelga general y como petición de una transformación global de la industria cinematográfica. El definitiva, el cine se había convertido, de nuevo, en instrumento de propaganda ideológica, y las imágenes se utilizaban al servicio de una causa (marxista-maoísta) que pretendía imponer su propio orden en el desorden. Con el tiempo, como siempre, las aguas volverían a su cauce y los mismos cineastas (Philippe Garrel, Romain Goupil, Bernardo Bertolucci, o Claude Chabrol) reescribirían aquellos días con nuevos films, entre la melancolía y el desconcierto.

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Porque la realidad fue que, conseguidas unas mejoras laborales y una libertad creativa, aquella conciencia revolucionaria había dejado como herencia el fracaso de las utopías y el fin de las ideologías: el individualismo consumista y posmoderno había absorbido a una juventud que en el 69 ya se encontraba desclasada, mientras que los ideólogos y cineastas marxistas lloraban la pérdida del espíritu de clase y de una Arcadia feliz. Es ahí donde algunos, con ocasión de su 40º aniversario, han vuelvo a reclamar un cine más comprometido con la sociedad y la política, más contracultural y provocador, que no se conforme con la búsqueda estética. Parece que, dejando de lado algunos logros que ese mayo trajera, no han entendido el efecto de laminación que sus excesos y una mal entendida liberación dejaron en el individuo, que se volvió “lobo para el hombre” y encontró el poso de la amargura y el desencanto, bien reflejados por Denys Arcand en “Las invasiones bárbaras” o Roger Gual en “Remake” (aunque a nuestro país apenas llegaran, como es habitual, esos aires de contestación ni la insatisfacción posterior). Está claro que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y que cada vez se aprende menos Historia en las escuelas.

En las imágenes: Arriba, fotograma de “La chinoise (La china)”© 1967 Anouchka Films, Athos Films, Les Productiones de la Guéville, Parc Film y Simar Films. Todos los derechos reservados. Abajo, fotograma de “Los amantes regulares” © 2005 Maïa Films y Arte France Cinéma. Todos los derechos reservados.

Jueves 15 Mayo 2008
Escrito por Manuel Márquez el 15.05.08 a las 21:00
Archivado en: Estrenos

Si hay algo que no se le podrá negar a la cartelera de la semana, como atributo básico, es el de la variedad: de géneros, de temas, de nacionalidades. Como en botica, que se decía antaño, hay de todo. Y, de entre tal variedad, como también suele ser habitual, algunas, más que otras, son las que llaman la atención de este escribiente: sobre todo, una. ¿Su título? “Una chica cortada en dos”, que tal es la etiqueta que se le ha endosado, para la distribución comercial en nuestro país —y respetando, milagro, milagro, su título original—, a la última entrega del veteranísimo director francés Claude Chabrol; un film que hubo ocasión de degustar en la Sección Oficial del último Festival de Cine Europeo de Sevilla, allá por noviembre del pasado año, y en el que, a tenor de todos los referentes, el cineasta galo vuelve a hacer una inmersión en los temas que más caros le resultan, y que son aquellos en que los territorios del amor y la ambición tejen sus redes cruzadas y sus nunca fáciles relaciones. Una ocasión más de comprobar hasta qué punto el autor es capaz de exprimir sus querencias, desarrollándolas conforme a esos meandros emocionales tortuosos y un punto crueles con que Chabrol gusta de solazarse (e inquietarnos), y, sobre todo, para verificar, igualmente, si estamos ante la consolidación de la que podría ser su nueva musa, la hermosa y joven actriz Ludivine Sagnier.

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Mucho se habla de la extraordinaria fertlidad de un director como Woody Allen, que sostiene sin desmayo, y desde los inicios de su carrera, un frenético “3 x 2” (o sea, tres películas cada dos años, aproximadamente), pero hemos de convenir que el ritmo del amigo Chabrol tampoco le va muy a la zaga: difícilmente falta a su cita anual con el estreno, lo cual, si tenemos en cuenta que su carrera de director dio inicio allá por el año 1958, da muestras de una persistencia y aguante rayanos en lo pertinaz. Y, aunque al igual que viene sucediendo con el legendario miope neoyorquino —a quien sus detractores no dejan de acusarle de un notable bajón en el nivel de calidad de sus últimas entregas—, son muchos los que vienen remarcando, desde ciertos sectores de la crítica, que el cine de Chabrol ha perdido, en los últimos años y entregas, buena parte de esa agudeza y mordacidad que siempre le ha caracterizado, yo sigo manteniendo —más allá de mi declarado amor por todo el cine francés, en general— mi “fe creativa” en él, en la medida en que, si bien es cierto que no todas sus películas alcanzan la excelencia (algo muy complicado cuando uno se mueve en ese volumen de producción…), sí que ofrecen una calidad bastante por encima de la media. Ojalá —oh, la, la…— esta “chica cortada en dos” así venga a ratificarlo.

En la imagen: Escena de “Una chica cortada en dos” - Copyright © 2007 Alicéleo Cinéma, Alicéleo, Rhône-Alpes Cinéma, France 2 Cinéma e Intégral Film. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

Escrito por Miguel A. Delgado el 15.05.08 a las 17:00
Archivado en: Estrenos

Curioso fenómeno: la apisonadora Indiana no sólo parece acogotar al resto de estrenos para no coincidir en el mismo fin de semana, sino que su intimidación llega incluso a ésta, la anterior a su avasallador desembarco en la cartelera. Porque, sinceramente, entre las novedades de este viernes no hay ninguna propuesta de verdadero peso, ninguna cinta de interés incontestable ante la que un cinéfilo pueda estar mordiéndose las uñas hasta el hueso; de hecho, nos encontramos otra vez ante una de esas pedreas de las que sólo quizá salga algún destello.

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Sin embargo, no hay muchas esperanzas: tenemos un Chabrol (“Una chica cortada en dos”), pero lo cierto es que el antiguo maestro francés parece haber perdido últimamente bastante de su garra (sobre todo tras su decepcionante cinta anterior). También un Sayles (“Honeydripper”) que, dada la coherencia del director-guionista, quizá sea la apuesta más segura para invertir el precio de la entrada. Y, en un palo diferente, “Sentencia de muerte”, lo nuevo de James Wan (creador de “Saw”) y actualización del sempiterno género de “persona normal reconvertida en justiciera para vengar la muerte violenta de un ser querido”. Y… y ya está; francamente, el resto no llega siquiera a un nivel mínimo de interés, al menos para quien esto firma. ¡Anda, que como nos defraude Indy, vamos a estar arreglados!

En la imagen: Danny Glover en “Honeydripper” - Copyright © 2007 Anarchist’s Convention, Emerging Pictures y Rainforest Films. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.