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sección de opinión de la revista de cine LaButaca.net 
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Sábado 24 Mayo 2008

Continuando con el interesantísimo tema que ha planteado mi compañero Julio (el de la irrupción cual elefante en cacharrería de la apisonadora digital en gran parte del cine de entetenimiento actual), me ha llamado muchísimo la atención leer la cantidad de veces que, como una letanía, han repetido los padres de la nueva entrega de Indiana Jones, George Lucas y Steven Spielberg (reconozcámoslo, Harrison Ford en entrevistas suele ser bastante soso y decir más bien pocas cosas interesantes), haciendo profesión de su nostalgia por las técnicas tradicionales de efectos especiales, y su preocupación por el peligro cierto de que el abuso de las nuevas técnicas acabe sofocando lo único que verdaderamente importa: la historia.

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Todo muy correcto y jaleable… salvo por un par de pequeños detalles: si alguien abrió las puertas al campo fue el propio Spielberg (recordemos la conmoción que todos sentimos cuando se estrenó “Jurassic Park: Parque Jurásico” y acudimos a las salas bajo el aviso, digno de barraca de feria de las de antes, de que por primera vez íbamos a ver a dinosaurios realmente vivos), que si bien no fue el primero, sí que consiguió convertir en fenómeno lo que hasta entonces eran tímidos avances (con el permiso del James Cameron de “Terminator 2: el juicio final”, eso sí). Y si de asfixia de la historia por hipertrofia digital hablamos… ¿es que Lucas ha tenido un repentino ataque de amnesia y se ha olvidado de lo que perpetró en su segunda (se ponga como se ponga) trilogía galáctica? Uno, desde luego, es el primero que se sube al carro de esa reivindicación de lo tradicional… pero, no sé por qué, tiendo a creérmelo más cuando se lo escucho o se lo leo a alguien como Michel Gondry. ¿Por qué será?

En la imagen: Pura nostalgia “animatrónica” en una escena de “E.T. El extraterrestre” - Copyright © 1982 Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

Viernes 16 Mayo 2008

La incorporación de la tecnología digital al cine ha provocado en algunos cierto recelo, cuando no rechazo por considerar que se pierde lo más plástico y real de la imagen. Otros la han acogido con entusiasmo y pasión, recordando también la polémica y resistencia con que la industria recibió en su momento el sonoro, y hablando de una nueva revolución cinematográfica. Los más prudentes hablan de su carácter instrumental, con lo que no debería ser más que una técnica al servicio de una historia y del resto de elementos visuales y sonoros, y por tanto sólo válida para algunos casos o momentos. Recientemente, entre los estrenos más comerciales tenemos dos ejemplos de eminente diseño infográfico: “Iron Man” y “Speed Racer”, ambas con toque futurista en lo estético, y aventura en su trama. En ambos casos parece justificado el recurso a este mundo de imágenes escaneadas, y también dan buena cuenta de la perfección que ha alcanzado la posproducción digital.

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Sin embargo, hay que tener cuidado porque los excesos producen empacho y una mala digestión, y en algo de eso hay en los dos films citados, sobre todo en “Speed Racer”. El despliegue de colores saturados por ordenador y las líneas de fuga que se multiplican indefinidamente es tan abrumador, que uno se siente —como dice uno de sus personajes al visitar las instalaciones de Royalton— «más intimidado que impresionado», en una saturación que llega a su máximo en la última y decisiva carrera… “el no va más” de la competición por ordenador. Tanto color saturado, tanta pirueta al volante, tanto espíritu de superación y trepidación… que los personajes quedan enterrados, aplanados en una historia simplona. Quizá al cine del siglo XXI le baste con esa apabullante plástica visual y con una abundante palabrería incomprensible por sus tecnicismos surreales, quizá no siempre sea necesaria una honda historia de personajes con diálogos inteligentes…, pero qué bueno sería que las ramas permitieran ver el bosque, que las posibilidades informáticas no cegaran la realidad del hombre (esencia del cine, no lo olvidemos).

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Para que el lector no crea que quien esto escribe está en contra de lo digital, diré que la sensación de dinamismo que genera el montaje potencia enormemente el carácter cinemático del cine, que permite jugar con el tiempo y traer imágenes del pasado o de la imaginación al instante presente y dar un impresionante dinamismo a la historia, que las líneas de dibujo con que se trazan los recorridos de los coches o el vuelo del “hombre de hierro” provocan una trepidación a quien está plácidamente sentado en su butaca que continúa a la salida del cine, que el colorismo de los decorados se inserta en la corriente más audaz de la modernidad pictórica, que algunas de sus propuestas formales conectan con los movimientos vanguardistas más experimentales (que tanto recuerdan a los de los años veinte: Eggeling, Léger, Clair, Duchamp, Dulac, Vigo…). Con todo, parece que la tecnología y diseño digital podrían contribuir decisivamente a esa búsqueda del cine de un lenguaje propio, además de suponer un espectáculo divertido y entretenido. Sólo queda que no haya atracón de píxeles, y que sepan integrar esa maravilla que la informática nos ha traído en un todo equilibrado.

En las imágenes: Arriba, “Speed Racer” © 2008 Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados. Abajo, “Iron Man” © 2008 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.