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Lunes 21 Abril 2008

“Elegy”, la última película de Isabel Coixet, viene a confirmar, al menos para quien firma esto, una regla no escrita que se cumple en más ocasiones de las deseables: hay demasiados creadores con talento cuyas obras naufragan por su excesivo empeño en ocuparse de todos los detalles, incluido el guión, aunque esté claro que éste no sea su fuerte. Le ocurre a la Coixet, directora de indudable talento, pero que salpicaba sus anteriores cintas (“Mi vida sin mí” y “La vida secreta de las palabras”) de trampas argumentales que estropeaban la construcción visual de su autora. Por ello, no debería de extrañar que su última entrega, un encargo construido a partir de un guión ajeno, sea la mejor de sus películas, la demostración de que, sin sus tics y “marcas de la casa”, podemos encontrarnos con una cineasta más que notable.

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Claro que no es la única que, llevada por ese afán de controlarlo todo, es capaz de ir en contra de sus verdaderas capacidades. Es lo que le ocurre a Julio Medem, poseedor de una inmensa capacidad visual y cinematográfica que, sin embargo, no se corresponde con sus guiones, demasiado frágiles y llenos de agujeros, y que son en demasiadas ocasiones más una rémora del resultado final que otra cosa (y si no, ahí está “Caótica Ana” para demostrarlo). Pero es que ni siquiera alguien tan laureado como Pedro Almodóvar se libra de esta maldición, hasta el punto de que uno habría preferido que guiones como los de “La mala educación” viniesen firmados por alguien ajeno a él. Y si hay un caso paradigmático en el exterior (aunque, desde luego, no el único), ahí está M. Night Shyamalan, aunque lo suyo puede llegar a ser incluso peor: valga como muestra su triste tentativa como actor en “La joven del agua”, una película que seguramente podría haber sido una obra maestra… si la misma historia hubiese sido escrita por otro. Desde luego, a Clint Eastwood, que se confiesa incapaz de escribir un guión, nunca le pasará lo mismo.

En la imagen: Isabel Coixet durante el rodaje de “Elegy” - Copyright © 2008 Lakeshore Entertainment. Distribuida en España por On Pictures. Todos los derechos reservados.

Viernes 18 Abril 2008

Esto de la crítica de cine, ya se sabe, tiene su aquél. Más que nada, porque es todo menos científica; o dicho de otro modo, si los científicos no se ponen de acuerdo a la hora de determinar cuál es la altura exacta del Everest (algo que, aparentemente, escapa a toda opinión y debería consistir en una fría, rigurosa e inapelable medición con algún aséptico aparato), parece más peliagudo intentar elevar a más categoría que la que verdaderamente tiene la opinión que a uno le merece tal o cual película. De hecho, si algo me gusta de este divertido ejercicio es lo que tiene de elemento deslizable, emocionante e intuitivo.

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Esta reflexión previa viene a cuento de un fenómeno que no es nuevo, pero que últimamente, dado el capricho de las fechas de estreno, se ha condensado en unas pocas semanas: la llegada de los remakes de los éxitos orientales de terror (“Llamada perdida”, “The eye (Visiones)”, “Retratos del más allá”…), en lo que supone casi una fotocopia del modelo original, sólo que con actores y lenguaje anglosajones. Algo que casi todos hemos criticado, con la coletilla de considerarlo innecesario, mercantilista, etc., etc. Ahora bien, ante el próximo estreno de la nueva versión de “Funny games”, que su director original Michael Haneke ha rodado en América con el mismo guión, idénticos decorados (reconstruyen al milímetro los originales) pero, eso sí, actores angloparlantes, todos levantamos el meñique y aguardamos expectantes para ver los resultados de este “experimento cinematográfico de traducción semiótica de una creación artística”, o algo así. ¿En qué quedamos? (suerte tiene Haneke de no llamarse Gus y no apellidarse Van Sant, que a éste le fue bastante peor).

En la imagen: Fragmento del cartel norteamericano de “Funny games” - Copyright © 2007 Halcyon Pictures, Tartan Films, Celluloid Dreams, X Filme International, Lucky Red, Belladonna y Kinematograf. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

Martes 15 Abril 2008

Uno de los temas recurrentes en todas las discusiones de los cinéfilos cuando nos ponemos estupendos (o friquis, depende de quien lo diga), es el de si Michel Gondry es mejor o peor director desde que no cuenta con la asistencia del ensalzado guionista Charlie Kaufman sustentando sus largometrajes. Pues bien, uno, que de entrada ha de confesar que es un profundo admirador de la poderosísima capacidad visual del francés, sólo puede responder que no. Es cierto que “¡Olvídate de mí!” sigue siendo la cúspide de su filmografía, y que muy posiblemente un proyecto tan arriesgado como éste nunca hubiera llegado a buen puerto sin la asistencia de Kaufman, pero eso no quiere decir ni mucho menos que Gondry tenga que verse condenado a recurrir siempre a él.

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De hecho, la separación, sea por el motivo que sea, entre los dos talentos, ha permitido al director de “Rebobine, por favor” adentrarse en un mundo propio al que me temo es ajeno el guionista. Demasiada gente suele meter en un mismo saco a toda esta generación de cineastas (a los que habría que añadir los Spike Jonze, Wes Anderson y compañía) marcada por una cierta disposición a explorar nuevos caminos, incluso acercándose peligrosamente a la impostura cultureta. Pero es injusto: sólo por retornar al tema de este post, allí donde Kaufman levanta construcciones marcadas por un barniz mucho más intelectual, Gondry deja respirar la intuición, el juego, la celebración, un profundo amor por el cine y sus resortes que lo acerca más al tren eléctrico del que hablaba Orson Welles que a las exploraciones sobre la consistencia de la realidad latentes en los guiones del autor del de “Cómo ser John Malkovich”. Y a Dios pongo por testigo, cual Escarlata, de que este Gondry reconvertido en una especie de Méliès del siglo XXI nos hace mucha falta a todos.

En la imagen: Mia Farrow maquillando a Mos Def en “Rebobine, por favor” - Copyright © 2008 Focus Features y Partizan Films. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Lunes 24 Marzo 2008

El reciente fallecimiento de Arthur C. Clarke vuelve a poner sobre el tapete una discusión que viene a ser, más o menos, como la del huevo o la gallina: ¿quién es más verdadero creador de “2001: Una odisea del espacio”, el escritor o Stanley Kubrick, el director? Uno, secretamente, siempre ha pensado que en realidad el cineasta, tan déspota como sólo lo pueden ser los verdaderos genios, llevó el agua del cuento inicial de Clarke a su molino, expandiéndolo mucho más allá de lo que seguramente pensó el visionario inglés que podía llegar. ¿Pruebas de lo que afirmo? Ninguna, claro. Huelga decir que uno no estuvo presente en las sesiones de trabajo entre los dos creadores, y desde luego es algo que no cabría recomendar a nadie: no parece posible salir indemne del choque de trenes de dos personalidades tan complejas, de dos egos tan solemnes y de una pieza.

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Ahora bien, basta echarle un vistazo a las continuaciones de la novela original, ya sin el concurso de Kubrick, y especialmente a la primera, “2010, odisea dos” (igualmente llevada al cine) para darse cuenta de que la mirada de Clarke era más convencional, más ceñida al punto de vista de la ciencia-ficción tradicional (todo eso, claro, suponiendo que Kubrick supiera verdaderamente de qué estaba hablando, algo que, lo confieso, no siempre tengo el convencimiento absoluto de que fuera así, como me sucede por otro lado con el cine de David Lynch). Y además, porque algo así ocurrió con la adaptación del relato “Los superjuguetes duran todo el verano”, de Brian Aldiss, y que sirvió de base para la película “A. I. Inteligencia artificial”, un viejo proyecto de Kubrick que acabaría viendo la luz bajo la batuta de Steven Spielberg. Y que conste que, sinceramente, tampoco es que importe mucho; sólo espero que por fin David Fincher logre sacar adelante la adaptación de “Cita con Rama” para ver una genuina y poderosa obra clarkiana en pantalla… a no ser que Fincher sea efectivamente un Kubrick redivivo, como parece llevar camino de serlo, y vuelva a hurtarle al pobre Arthur su parte de autoría. Comprobarlo será, desde luego, apasionante.

En la imagen: Keir Dullea en “2001: Una odisea del espacio” - Copyright © 1968 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), Polaris y Stanley Kubrick Productions. Todos los derechos reservados.

Martes 29 Enero 2008

UNA. Porque cada uno de los planos que componen esta película es una lección de saber colocar la cámara, de iluminación, de composición. DOS. Porque, para desilusión de quienes esperaban un “Seven 2”, David Fincher construye un relato sobrio y más inquietante pues viene a decirnos que, en realidad, el mal habita entre nosotros, y su rostro es tan común y corriente como el nuestro. TRES. Porque alberga una reflexión bien potente sobre cómo los medios de comunicación pueden acabar dependiendo de un asesino en serie tanto como él de ellos. CUATRO. Porque la reconstrucción del San Francisco de los años setenta es de las que quitan el aliento… y para colmo, parece que lo hace sin esfuerzo. CINCO. Porque los intérpretes están que se salen, del primero al último (bueno, quizás Robert Downey Jr. un poco pasado, es verdad).

SEIS. Porque nos muestra los intrincados mecanismos de la obsesión, empezando por el protagonista, interpretado por Jake Gyllenhaal, que acaba hipotecando toda su vida por algo que sólo a posteriori, y de manera imprevista, acabará dándole beneficios (¡y menudos beneficios!). SIETE. Porque las secuencias de los crímenes de Zodiac (y del “presunto Zodiac”) son magistrales: la del pantano, sin apenas sangre, se cuenta entre una de las más angustiosas que quien esto firma ha visto en mucho tiempo. OCHO. Porque el montaje es digno de Oscar® (aunque no se lo vayan a dar). NUEVE. Porque posee un guión de hierro de James Vanderbilt. DIEZ. Porque los que dicen que David Fincher puede ser el nuevo Stanley Kubrick quizá no anden tan desencaminados: al tiempo; por lo pronto nos queda esta maravilla que es “Zodiac”.

En la imagen: Fotograma de “Zodiac” - Copyright © 2007 Paramount Pictures, Warner Bros. Pictures y Phoenix Pictures. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

Martes 22 Enero 2008

Los guionistas americanos están en huelga. ¿Qué piden? Como siempre: más reconocimiento y mayores ingresos por sus aportaciones al cine. Lógico, porque al que no llora…, y también porque, no nos engañemos, el guión es la clave del éxito o del fracaso de una película, o al menos la primera clave. Difícilmente podrá salir un buen film de un mal guión…, aunque siempre es posible que de un buen guión no salga una buena película. El caso es que atrás quedó la época de los Grandes Estudios que tenían bajo contrato a un equipo de guionistas para sus producciones. Con el tiempo, se pusieron a trabajar por libre, a adaptar novelas o a crear sus propias historias originales, y en ocasiones se asociaron a directores con los que congeniaban para formar binomios míticos como De Sica y Zavattini, Fellini y Flaianno, Kieslowski y Piesiewicz,…, o más recientemente Eastwood y Haggis, Iñárritu y Arriaga, etc… Aunque siempre hay quien se siente más cómodo trabajando consigo mismo y filma sus propios guiones, como Woody Allen o Pedro Almodóvar, por ejemplo.

Sea como fuere, estos constructores de historias están en huelga. Con todo, hay quien dice que esto no es novedad porque desde hace años parece que se han acabado los temas y las ideas, que apenas salen historias atractivas y originales, y que no se hace otra cosa que reciclar material del cine o la literatura. Esta es la otra “huelga”, la de mentes creativas que parecen haberse olvidado de aquellos diálogos inteligentes de antaño llenos de lucidez e ingenio, que ya no crean estructuras coherentes donde haya una lógica interna —nada que objetar al cine surrealista o de carácter abierto—, que han dejado de mimar a sus personajes y trabajarlos como diamantes… Sólo así se explica la proliferación de remakes y adaptaciones literarias, de secuelas y precuelas, de plagios y copias baratas como las aireadas por nuestra compañera Tònia… ¿Tan difícil es crear una historia propia? Además de requerir oficio y arte, quizá el problema esté en la dificultad para mirar alrededor, para reflexionar sobre el hombre y el mundo y entenderlo mejor, para estar abiertos a la realidad que diría el teórico André Bazin, para salirse de la industria que fabrica historias en serie sin color ni sabor —es posible que este sea el principal escollo: ¡poderoso señor es don dinero!—, para tener algo interesante que decir al espectador, para conectar con él a través de sus sentimientos y sensaciones interiores… En definitiva, es como si nuestros guionistas-cineastas bebieran del cine y no de la vida, y por eso sus películas se repiten, se autocitan, se fagocitan…

Pero no hay que ponerse catastrofistas, porque en toda huelga siempre hay esquiroles dispuestos a no dejar de trabajar. Ahí están esos magníficos guiones que hemos disfrutado recientemente en “Después de la boda”, “La vida de los otros”, “Ratatouille” o “Cartas desde Iwo Jima”. Es verdad que he escogido lo mejor del año para compensar la preocupante carencia de buenas historias y guiones…, que éstos son habas contadas…, pero al menos siempre nos quedará el consuelo de algunos deliciosos manjares que llevarnos a la boca. Y para quienes estén interesados en esto de los guiones, me permito recomendar la lectura de un clásico del tema, el libro de Linda Seger “Cómo convertir un buen guión en un guión excelente” editado por Rialp, y también el escrito por Antonio Sánchez-Escalonilla —aunque de un carácter más técnico y de mayor profundidad— “Estrategias de guión cinematográfico” publicado en Ariel Cine.

Imágenes de: “Cartas desde Iwo Jima” © 2006 Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados. “Después de la boda” © 2006 Golem. Todos los derechos reservados.

Lunes 26 Noviembre 2007

Hace poco, en este mismo blog, mi compañero Julio Rodríguez Chico ponía sobre el tapete uno de los temas cruciales planteados por “Redacted”, la última película de Brian De Palma, nacido consciente e intencionadamente bajo el signo de la polémica. Como es sabido, el filme está construido recreando materiales fílmicos extraídos de los circuitos “alternativos” y no sujetos a la censura directa de las autoridades (vídeos personales colgados en YouTube o webs, informativos árabes, grabaciones de cámaras de seguridad, etc.). A nivel estrictamente cinematográfico, esto también apunta un cambio, una mutación en la forma de aceptar la imagen que el tiempo dirá si es sólo una nube pasajera o, por el contrario, algo verdaderamente llamado a perdurar.

Así, no deja de ser curioso cómo, en las antípodas en cuanto a intenciones y género se refiere, Jaume Balagueró y Paco Plaza hayan optado en “[Rec]” por recrear a su vez lo que habría captado la cámara de unos reporteros televisivos que acompañasen a unos bomberos en una intervención en una casa, historia que termina derivando en un relato de horror. Es como si la forma tradicional, la que todos reconocemos al mencionar el adjetivo “cinematográfica”, hubiese agotado su capacidad de transmitir, y a la vez existiesen unas generaciones formadas en códigos narrativos y visuales con sus propias reglas. Nunca como hasta ahora el mestizaje de las imágenes fue más evidente, y se multiplican los títulos que, de una u otra manera, se postulan como puentes entre formas narrativas distintas (“300”, “Hijos de los hombres”, “Old boy”…). Los dos ejemplos que ahora coinciden en nuestra cartelera no son más que otro paso, si queremos más extremo, en la reformulación del ya centenario arte de contar historias con imágenes, y que nadie sabe muy bien hacia dónde nos llevará. Qué suerte tenemos, vivimos tiempos apasionantes.

En la imagen: Fotograma de “[Rec]” © 2007 Filmax. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Redacted” © 2007 On Pictures. Todos los derechos reservados.

Martes 20 Noviembre 2007

A falta de ver lo que da de sí “3:10 to Yuma”, el remake de James Mangold de la cinta de Delmer Daves, los westerns que nos van llegando de vez en cuando, como los estertores de un moribundo que no termina de morirse, vienen teñidos por una sencilla tristeza, la de la melancolía y el fin de toda una época. Pero si en casos como los de “Sin perdón” esa luz crepuscular provenía de alguien como Clint Eastwood, quien llegó a conocer algo del resplandor de un género que tan importante fue para el cine (si bien ya cuando comenzó su carrera la trayectoria de las películas de vaqueros iniciaban su curva descendente, lo que prueba hasta qué punto hablamos de una larga agonía), lo último en arribar por el momento a nuestras pantallas, “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, viene firmado por alguien totalmente alejado, por generación e influencias, de la época dorada del western: Andrew Dominik, nacido en Nueva Zelanda en 1967.

Por ello, quizá no sea atrevido decir que, en el fondo, en esta última película subyace algo más: la muerte del forajido interpretado por Brad Pitt, nada heroica pero sí trágica, casi shakesperiana porque antes le hemos visto convertido en un sosias del rey Lear, va más allá, y ni siquiera se erige en el fin de un género que, muy probablemente, para la generación de Dominik no es tan determinante; no, en realidad es todo un tipo de cine el que definitivamente se muere, y esta vez parece que va en serio. En tiempos en los que la narración cinematográfica está mutando sin que nadie sepa hacia dónde (al contrario de otros momentos de crisis, no ha aparecido ningún movimiento más o menos vertebrado capaz de fijar las nuevas reglas), los moldes clásicos se van vaciando de sentido. Tal vez por eso, esta cinta tiene un pie en la tradición, otro en la modernidad y, a la vez, mira de reojo a una nueva época que no acaba de nacer. Quizá no sería excesivo decir que no es que “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” sea un western crepuscular: es que es un canto a toda una época que ya dejó de existir. Lo que pasa es que aún no sabemos qué la sustituirá; por eso no acaba de irse.

En la imagen: Brad Pitt en “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” - Copyright © 2007 Warner Bros. Pictures, Virtual Studios, Plan B Entertainment y Scott Free Productions. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.