« Inicio | Archivo de la Categoría 'Industria'
Sábado 10 Mayo 2008

Desde siempre, Estados Unidos ha buscado héroes de cine sobre los que construir una historia de superación personal o de expansión de sus ideales democráticos, o también en los que refugiarse en épocas de conflicto y dificultad. Queda lejos la figura de John Wayne, y también —aunque nos hayan visitado recientemente— de Rambo o Rocky. En los últimos años, el cine ha mirado más bien hacia el cómic de los años 60, para convertir las figuras de papel en sombras heroicas en las que confiar o con las que evadirse. Actualmente podemos ver en la cartelera “Iron Man”, película de la que mis compañeros ya han comentando sus logros y carencias. Sin duda, hay entretenimiento y divertimento al ver cómo se construye pieza a pieza un “hombre de hierro”, o en su lucha estelar con otro “Mazinger” de su especie. Sin embargo, si se busca cómo se destruye/construye por dentro Tony Stark, no se encontrará ni rastro de su humanidad: tal es la despersonalización, planitud y asepsia de su director, Jon Favreau.

los-nuevos-heroes-americanos-1.jpg

Es cierto que estamos ante un cómic de ciencia ficción, alejado de cualquier intento de verosimilitud o de matización, que sólo pretende la épica tecnológica y no tanto la humana, pero ¿no se puede aspirar a algo más de hondura, y a una narrativa más sólida sin perder por ello la fluidez y ritmo conseguidos? No sé si la simplificación que sufre hasta quedarse con los mínimos elementos (armas y mujeres, ambición y orgullo científico, triunfo del bien sobre el mal) queda justificada por la búsqueda de una buena taquilla, si obedece a leyes impuestas por el propio cómic o si más bien responde a una mentalidad hollywoodiense. Pero, aprovechando las historias del cómic y toda la tecnología digital, ¿por qué no dotar de alma a sus héroes?, ¿por qué reducir sus aspiraciones a unas palabras huecas, por mucho que se llamen “libertad, amor, verdad, belleza”? Cierto que no se busca a Shakespeare, Dostoievski o Freud en sus personajes, pero sí cabría un hombre de carne y hueso, que evolucionase hasta convertirse en alguien que quiere redimirse y ayudar al mundo… aunque sea volando con su armadura de hierro.

los-nuevos-heroes-americanos-2.jpg

Es posible que así el espectador llegase a sintonizar más con él, a sentirle próximo, e incluso necesario. Si no, estos “cyborgs” acabarán siendo títeres utilizados por la necesidad estratégica del momento, convertidos en armas arrojadizas para entretener al público (estupendo propósito, por otra parte aquí conseguido, pero que sabe a poco) o para influir en el curso político (ahora Afganistán sustituye a Vietnam, y mañana… ¿cuál será el escenario?). Puestos a fabricar héroes, siempre podemos pedir a las productoras que vistan a John Wayne con un traje de hierro y sustituyan el revólver por el lanzallamas: el resultado sería altamente atractivo. Al fin y al cabo, parece que el “cine de cómic” va camino de convertirse en el tercer género “genuinamente americano”, después del western y el cine negro (o de gánsteres), y con permiso de Fred Astaire, y ahora que el western —dicen— está muerto, siempre podrían recurrir al “cómic-futurista”.

En las imágenes: Arriba, Robert Downey Jr. y Jon Favreau durante el rodaje de ”Iron Man” © 2008 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados. Abajo, John Wayne en “El hombre que mató a Liberty Valance” © 1962 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados.

Martes 6 Mayo 2008

Hace unos días hacíamos mención del escaso favor que el tráiler hace a la esperadísima última película de Sidney Lumet, “Antes que el Diablo sepa que has muerto”, desvelando detalles importantes de la trama que anulan la capacidad de sorpresa del espectador. Pues bien, no ha pasado tiempo suficiente para que se nos pase el disgusto, y ya tenemos un nuevo ejemplo, aunque en este caso no de una cinta de tan altas expectativas cinéfilas… pero bueno, sea cual sea la exigencia con la que se va al cine, nadie merece que le revienten el argumento de una película, ¿no?

laniebla.jpg

La cinta en cuestión es la nueva de Frank Darabont, “La niebla” (no confundir con el clásico glorioso de John Carpenter), la enésima adaptación de un texto de Stephen King, pero que parece tener, al menos en principio, algo más de empaque que la media de las últimas incursiones en el un tanto decaído universo del autor de Maine. Por lo que hemos podido ver en el tráiler, la historia va de pueblo tranquilo y costero que, de repente, se ve invadido por una misteriosa nube que lo cubre todo y obliga a los habitantes a refugiarse en un centro comercial… sin que nadie sepa qué es exactamente esa niebla ni de dónde viene. Suficiente para plantear una historia inquietante, ¿no? Pues para los que hicieron el tráiler, al parecer, no: a lo largo de su (para mí) eterna duración, veremos la explicación de lo que ocurre, la naturaleza de la amenaza… O al menos, lo suficiente como para que uno se ponga a mascullar y revolverse en el asiento. Aunque todo es susceptible de empeorar: encima, se trataba del aperitivo de esa joya que es “88 minutos”. ¡Anda, que menudo programa! ¿Por qué no me daría ese día un horroroso dolor de muelas que me hubiese obligado a quedarme en casa? Creo que habría salido ganando…

En la imagen: Escena de “La niebla” - Copyright © 2007 Dimension Films y Darwoods Productions. Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos reservados.

Lunes 5 Mayo 2008

Hubiera deseado no tener que escribir este artículo, pero la realidad se impone y el deber de no mirar hacia otro lado obliga. ¿Por qué el cine español no sale de la mediocridad? Ya hemos puesto de relieve la gran categoría de muchos de nuestros profesionales del cine en lo que a música, fotografía y otros aspectos artísticos se refiere. Y también la costumbre de algunos jóvenes directores de claudicar ante la taquilla con productos “made in USA”, o la resistencia a potenciar un cine genuinamente autóctono o cultural. El reciente estreno de “Cobardes” nos permite ahora denunciar algunos de los males de nuestro cine, sin que ello se convierta en un “bullying” a nuestros compañeros del cine. Aparte del laudatorio intento por acercarse a la realidad social de la calle, por evidenciar los problemas de incomunicación familiar o de falta de autoridad paterna y educativa —en realidad, los adolescentes sólo pagan los platos rotos por sus mayores—, ¿qué grietas deja ver la película de José Corbacho y Juan Cruz?, ¿dónde falla una y otra vez el cine español?, ¿por qué esa crisis y esa indiferencia que provoca en el espectador? Intentaremos a continuación identificar la cuestión a partir de esa película.

cobardes-11.jpg

Ante todo, pienso que el problema principal está en la falta de buenos guiones. Los personajes se construyen muchas veces sin fuerza ni verosimilitud, las tramas avanzan sin el ritmo adecuado a la historia de que se trate, y la puesta en escena resulta a menudo poco natural. En el caso concreto, a “Cobardes” le pierde el artificio de una historia que no sabe conformarse con el tema central y tratarlo con profundidad y atendiendo a los matices, que se llena de grandes pretensiones de denuncia (sobra lo del italiano corrupto, por ejemplo) y que se pliega ante los tópicos ideológicos de siempre (está de más la caricatura del prepotente concejal conservador). Sus personajes pasan a ser estereotipos sin vida propia, también por una deficiente dirección de actores, algo bastante general en nuestro cine y que sería el segundo handicap: ni los chavales ni los adultos se libran de los clichés televisivos, y sus miradas carecen de fuerza interior hasta parecer marionetas en manos del guionista.

cobardes-21.jpg

Hablando de las interpretaciones, no sé si tenemos o no buenos actores —hay películas en las que algunos demuestran no ser malos, sin ser excepcionales—, pero qué bueno sería que un buen grupo de ellos recibieran unas clases de dicción que les reportase autenticidad, frescura, espontaneidad. Y con eso estamos ante la tercera asignatura pendiente en el territorio nacional. Con todo, lo que sí parece es que unos y otros —directores, guionistas y actores— miran a la taquilla o a sí mismos con lamento y autocomplacencia, que se esfuerzan en tocar muchos palos sin profundizar en ninguno, y también en dar al público lo que pida (como las series de televisión). Por eso, tendrían que hacer caso a Corbacho y Cruz, y no ser cobardes —sin ánimo de ofender—para reconocer la mediocridad existente —“Cobardes” llega como una de las triunfadoras del pasado Festival de Málaga, y ciertamente está por encima de la media—. Así las cosas, sólo queda demostrar más profesionalidad al escribir guiones, al dirigir a los actores, al dar vida (auténtica) a los personajes, y entonces… otro gallo nos cantará.

En las imágenes: Distintos momentos del rodaje de “Cobardes” - Copyright © 2008 Filmax Entertainment, Castelao Productions, Antena 3 Films y Hospiwood. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.

Viernes 2 Mayo 2008

¿Habrá hecho Sidney Lumet algo inconfesable para merecer semejante castigo? O mejor dicho, ¿se lo habrá hecho a España? O más concretamente, ¿a la distribuidora que le ha tocado en suerte? (por decirlo de algún modo). Porque lo cierto es que lo de “Antes que el Diablo sepa que has muerto” es de traca: al parecer, nada importa que los ecos que nos llegan, desde aquellos lugares donde sí que han tenido la oportunidad de verla, no puedan ser más elogiosos, lo que ha hecho que los cinéfilos alberguemos la razonable esperanza de encontrarnos ante una de esas cintas que justifican y nos compensan por tantas horas desperdiciadas en mal cine. No señor, eso a la distribuidora parece traerle sin cuidado, porque llevamos ya varios anuncios fantasma de estreno (con un cambio de título por medio), incluyendo alguno que se cayó de la cartelera casi el día anterior en que debía llegar.

por-que-castigan-a-sidney-lumet1.jpg

Ahora se dan otras fechas, pero francamente ya no me creo nada, y no pienso publicitar ninguna hasta que no vea la película con mis propios ojos en una sesión comercial de un cine real. Pero no contentos con eso, este pasado fin de semana he visto el tráiler que la anuncia… y bien, al respecto sólo puedo decirles una cosa: si ven que comienza y de verdad tienen deseos de disfrutar algún día de la película, tápense los ojos y los oídos (ya, ya, es difícil, pero no duden en recurrir a su partenaire en caso necesario, si es que van acompañados), porque lo que el avance muestra de la trama es simplemente indignante, revelando algunas sorpresas del guión que, francamente, mejor se las hubieran ahorrado. Vale que el cine está en crisis por muchas y variadas razones, pero uno no puede entender cómo gente que arriesga su dinero en este negocio puede hacer las cosas tan rematadamente mal; si a ellos no les importa, ¿qué esperanza nos queda a los demás?

En la imagen: Sidney Lumet (izquierda) junto a Albert Finney durante el rodaje de ”Antes que el Diablo sepa que has muerto” - Copyright © 2007 Funky Buddha Group, Capitol Films, Unity Productions y Linsefilm. Distribuida en España por A.Zeta Cinema. Todos los derechos reservados.

Lunes 28 Abril 2008

El cine indie siempre ha sido, o al menos así parece que lo hemos querido ver desde esta orilla del Atlántico, lo que los norteamericanos hacían cuando se ponían a rodar como si fueran franceses. Bueno, más o menos. Pero, últimamente, incluso esta división de plata del gran conglomerado industrial cinematográfico-estadounidense parece vivir momentos difíciles. Cuando por las calles de Sundance se mezclan los supervivientes de Seattle con gente como Paris Hilton, es que algo pasa. Y cuando los grandes estudios crean sus divisiones para hacer películas de bajo presupuesto (eso sí, muy arties, que no es lo mismo ser cutre en plan serie B que creativo a lo John Cassavetes), con sus logos calculadamente desmañados, nos reafirmamos en la pregunta: ¿qué le pasa al cine independiente?

quiere-ser-indie-ponga-un-friqui-en-su-vida.jpg

Es más, ¿por qué la versatilidad de fórmulas que antes existía para presentar una mirada alternativa a la del grueso de la producción más comercial parece haberse reducido en los últimos tiempos a un esquema mil y una veces repetido? Es decir, el del friqui inserto en un contexto más o menos tradicional, a ser posible nevado y aislado (lo que parece devolver a la tal comunidad la condición de representativa del núcleo originario de lo que luego ha venido a llamarse Estados Unidos de América), y que por contraste acaba revelando la verdadera esencia de esos habitantes. El último ejemplo en llegarnos es “Lars y una chica de verdad”, pero hemos tenido últimamente nuestras buenas dosis con “Juno”, “Pequeña Miss Sunshine”, “Thumbsucker”, “Ghost world”, “La peligrosa vida de los Altar Boys”… Al final, uno se pregunta si la cosa no tendrá trampa: como nos demuestra la experiencia, llegado el caso los friquis pueden ser perfectamente absorbidos por el sistema y, por tanto, ver su potencial revulsivo desactivado. Y si no, que se lo pregunten a Tim Burton (que ya sé que nunca fue exactamente indie, pero friqui sí… al menos en una época).

En la imagen: Bianca y Ryan Gosling en “Lars y una chica de verdad” - Copyright © 2007 Sidney Kimmel Entertainment y John Cameron/Sarah Aubrey Productions. Distribuida en España por Versus Entertainment. Todos los derechos reservados.

Miércoles 16 Abril 2008

Está a punto de terminar el primer cuatrimestre y, con el Festival de Málaga aún reciente, quizá sea el momento de hacer los primeros exámenes del año al cine español. Atrás quedan las penosas estadísticas de la Academia, las habituales reflexiones lastimeras de la industria y los sorprendentes Goya. Entonces todos se las veían muy felices con Álex de la Iglesia y “Los crímenes de Oxford”, pero resultó un fiasco, un querer explorar nuevos territorios para quedarse en una historia mal hilvanada, sin atractivo alguno, y perder lo que tenía el director de genuino. Algunos esperaban también mucho de la cinta de Manuel Gutiérrez Aragón y el silencio ante el terrorismo de ETA, con el estreno pospuesto por motivos político-sociales de “Todos estamos invitados”, que finalmente ha resultado tener mejores intenciones que logros, unas buenas ideas para diálogos “muy escritos” y una deficiente puesta en escena y dirección de actores. Parecido lastre —la literalidad del guión y la falta de emoción— arrastró la película de otro cántabro, Mario Camus, en “El Prado de las Estrellas”, repleta de planteamientos y personajes ricos en humanidad pero sin alma ni fuerza suficientes.

examenes-cuatrimestrales-al-cine-espanol.jpg

Ha habido otros estrenos hispanos, pero a quien esto escribe no le han atraído ni lo más mínimo. ¿Mala promoción? ¿Poco apoyo de televisión e instituciones? ¿Prejuicios hacia lo español? Dejémonos de excusas para seguir viviendo de la subvención y de la defensa nacional a ultranza. ¿No será, más bien, escasa calidad, falta de identidad y alternativas? Es posible que a alguno le hayan atraído cintas como “Déjate caer”, “Óscar: Una pasión surrealista” o “Fuera de carta”, y entonces le felicito si no se ha sentido decepcionado. ¿Qué decir de la última de Mortadelo y Filemón y sus locas aventuras? ¿Es que el cine español no ha escuchado a Jaime Rosales en la Gala de los Goya (aunque no haya habido tiempo aún de asumirlo)? Parece que sólo una alumna recién salida de la escuela le ha hecho caso, aplicado los conocimientos allí aprendidos, y que aún no se ha dejado arrastrar por la mediocridad de nuestra industria y de la taquilla facilona: Roser Aguilar firmó “Lo mejor de mí”, obra meritoria y fresca, aunque con las excusables deficiencias de lo primerizo. Ahora se abre el plazo para las “reclamaciones” a estos exámenes, en los que muchos —casi todos— “han suspendido” y no “han sido suspendidos”: si algún lector piensa que alguna merece aprobar, que lo exponga en los comentarios. Y, como siempre, al estudiante le quedará el “consuelo” de intentar enderezar la situación en las “recuperaciones”: este viernes se estrena la última de Isabel Coixet, “Elegy”; veremos si la catalana está entre los alumnos aplicados, entre los copiones o entre los desganados.

En la imagen: Cartel de “Los crímenes de Oxford” © 2008 Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados. Cartel de “El Prado de las Estrellas” © 2007 Manga Films. Todos los derechos reservados. Cartel de “Todos estamos invitados” © 2008 Alta Classics. Todos los derechos reservados.

Miércoles 2 Abril 2008

Desde los tiempos de Babel —y no me refiero a la película de Alejandro González Iñárritu—, la lengua se convierte en un obstáculo para el entendimiento entre los hombres. Y eso en el cine se traduce en la polémica entre ver los films en versión original o doblarlos al idioma nacional. El dilema es viejo y ha sido muy debatido. Los partidarios de mantener el idioma de rodaje/producción alegan la pureza del producto y de los matices de dicción (la fonética dice mucho de un pueblo y de la historia contada) y la expresividad de las interpretaciones; se respetaría así la voluntad del equipo técnico-artístico, y el lenguaje enriquecería la ambientación, las motivaciones de los personajes y el trasfondo socio-cultural de la cinta. También apuntan que, al margen del dominio de idiomas del espectador, unos buenos subtítulos acaban por leerse con facilidad, sin tener que perderse otros aspectos de la imagen. Parecidos razonamientos dan quienes defienden la versión doblada, apoyándose en esa misma necesidad de captar cada expresión y gesto que sólo una mirada atenta a la imagen —y no al subtítulo— puede alcanzar. Aunque éstos suelen ser también quienes opinan que el cine debe distraer y que no es conveniente poner al espectador obstáculos que le hagan odioso/trabajoso el haberse sentado en la butaca.

cine-doblado-o-en-version-original.jpg

Así las cosas, esos mismos planteamientos dejan ya entrever las motivaciones de unos y otros: en general, los cinéfilos prefieren la versión original, y el espectador ocasional y que sólo busca descanso y entretenimiento opta por lo doblado. Simplificando, también quedaría establecida la diferenciación entre cine cultural (en sentido amplio) y blockbuster (de consumo), entre quienes quieren películas que recojan los matices y quienes eligen lo convencional. Quizá el dilema planteado quede entonces resuelto, en parte, diciendo que no hay problema en “John Rambo” o “10.000” en versión doblada porque el retrato de personajes y situaciones no son el quid de la cinta, mientras que es un “delito” que no se respete el idioma de películas como “Eleni”, de Theo Angelopoulos, o “No es país para viejos”, de los hermanos Coen, por ejemplo, donde lo cultural y personal es esencial. Para quien esto escribe, ver cine exige hacerlo en versión original y con buenos subtítulos (traducción cuidada y velocidad adecuada), mientras que para entretenerse con un producto de ocasión no importa que sea doblado porque no esconderá muchas capas y se olvidará al poco tiempo. Además, ahora que los políticos han comenzado a preocuparse por los idiomas en la educación, mantener la V.O. siempre sería una ayuda decisiva en esa tarea, y al final todos saldríamos ganando.

En la imagen: Escena de “Eleni” - Copyright © 2004 Theo Angelopoulos Film, Greek Film Centre, Hellenic Broadcasting, Attica Arts Productions, Bac Films, Intermedias y Arte France. Distribuida en España por Tornasol Films, Ensueño Films y Alta Films. Todos los derechos reservados.

Lunes 31 Marzo 2008

De un tiempo a esta parte, la promoción de los films ha engordado hasta límites insospechados, y el marketing ya no sabe qué inventar. Todo sirve para vender más: a veces parece que la calidad del producto es algo secundario, y que lo esencial es hacer una buena campaña —muchas veces supone incluso la mayor partida del presupuesto—, que llegue al potencial espectador y le genere la necesidad de ver tal película… que es “la película del año” (en esto también cine y fútbol se parecen, como entretenimiento popular). El asunto es que se hable de ella, y no importa tanto si es para bien o para mal. Hace semanas que ha comenzado la promoción de “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”, y los tráilers y declaraciones se suceden para enganchar a las nuevas generaciones. Quizá por eso George Lucas se haya lanzado a alertar sobre las excesivas expectativas (¿?) que está suscitando… diciendo que «solo se trata de una película», o «solo la hemos hecho por diversión, y no habrá mucho dinero para nosotros al final; no lo hacemos por dinero». Como para creérselo… ¡lo que hay que hacer para llamar la atención! No sería malo ganar dinero, siempre que no se dé gato por liebre, y no sea mejor el sobre que la carta. Ya veremos.

vender-cine-a-cualquier-precio.jpg

Pero la publicidad tiene sus armas, y a veces cuesta adivinar las intenciones de las distribuidoras. Por eso me entran las dudas cuando también estos días se ha promocionado “Despierto” —esa película sobre un paciente que es operado creyendo que está realmente anestesiado—, y se advierte que «no es recomendable para aquellas personas que vayan a ser intervenidas quirúrgicamente en breve». Parece claro que puede ser oportuno y necesario decirlo, aunque ¿no se estará buscando un público más masivo, precisamente aquél que no va ser operado en breve y que busca experiencias… en cuerpo ajeno? Todos hemos visto cómo algunas cintas han aprovechado unas veces la polémica como escaparate (“La Pasión de Cristo”), cómo a otras les ha bastado con atacar abiertamente a la Iglesia Católica (“El código Da Vinci”, “El crimen del padre Amaro”) o provocar algunas reacciones innecesarias y un tanto ingenuas para incrementar la taquilla (“La brújula dorada”), y también cómo ha habido quien, como Ang Lee con “Deseo, peligro”, se ha servido primero de la aparición de escenas fuertes de sexo y después de su mutilación en la versión censurada para China, como altavoz para venderse mejor. Unas formas de promoción que muchas veces dejan de lado la verdad —por supuesto, también las hay honestas—, porque su objetivo principal es el dinero: resulta preocupante hasta dónde nos lleva cierto capitalismo.

En la imagen: Fotograma de “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” © 2008 Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Despierto” © 2007 Aurum. Todos los derechos reservados.

Martes 25 Marzo 2008

Acaba de estrenarse recientemente “Horton”, película de animación destinada a un público eminentemente infantil. Es la enésima llamada a creer en lo que no se ve, a la confianza en el poder de la imaginación, al respeto de los aparentemente menos útiles, al apoyo de los marginados o de los más necesitados. Mensajes y valores formativos para un público que da sus primeros pasos, que debe ser educado en lo políticamente correcto y en lo solidariamente aceptado, en los buenos sentimientos y en las mejores intenciones. Estupendo y magnífico: los niños se merecen eso y mucho más, puesto que están en edad de crecer y hay que darles buenos alimentos. Pero, ¿qué pasa después? Está claro que no siempre han de tomar leche y papilla, y que prepararles para la vida exige darles alimentos sólidos y nutritivos…, no cerrarles los ojos ante la realidad que se encontrarán, pero ¿por qué el cine para adolescentes se convierte de pronto en un terreno abonado de superficialidad, con una comedia frívola y un cine de alienígenas terroríficos? ¿por qué ese cambio brusco conlleva un vaciamiento de “humanidad” en esas propuestas? Y en un segundo momento, ¿cómo puede derivar hacia la sordidez y los “contra-valores” como pautas más frecuentadas por un cine “adulto”, que rechaza cualquier atisbo de sentimiento y optimismo, que ve con menosprecio cualquier planteamiento moral en sus personajes? ¿Cuándo se desquicia el cine, y por qué esta esquizofrenia?

la-esquizofrenia-de-horton.jpg

Ciertamente el planteamiento de “Horton” es sencillo y esquemático, dulce e ingenuo, pero sus ideas de respeto a la vida, de crítica a una “clase política”, de rechazo al materialismo y al enfoque pragmático… bien podrían presentarse metafórica y artísticamente para un público maduro… (de hecho, algunas películas de animación admiten una segunda y enjundiosa lectura… y ya es hora de que dejen de ser consideradas “para niños”). Pero volviendo al quid de la cuestión, parece claro que en algún momento la industria decide abandonar su función “educativa”, para asumir únicamente la de “negocio” y dar al espectador lo que éste pide: sensaciones fuertes en forma de violencia o sexo, alguna experiencia “extrasensorial” que le conecte con el más allá, o una ventana por la que veamos lo mal que está un mundo corrupto que funciona entre deslealtades y ambiciones maquiavélicas. Desde luego, así no arreglaremos esta sociedad que algunos tachan de podrida y que dejan en manos de una canguro cizañera y escéptica. Definitivamente, el cine necesita más individuos como Horton, más familias increíbles que se muevan en un mundo de fantasía como el de Villaquién, y a la vez en otro tan real y verdadero como el nuestro.

En la imagen: Fotograma de “Horton” - Copyright © 2008 20th Century Fox y Blue Sky Studios. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

Etiquetas:
Viernes 1 Febrero 2008

La proximidad de los Goya y el reciente balance del pasado año invitan a reflexionar. ¿Por qué el cine español está permanentemente enfermo? ¿Por qué el público recela de lo nacional? Echando una mirada al panorama de nuestro cine, podemos sacar algunas conclusiones. Para empezar, no tenemos nada que envidiar en lo que se refiere a directores de fotografía, música, vestuario… Ahí están Alberto Iglesias, Roque Baños o Pablo Cervantes entre los músicos, y José Luis Alcaine, Javier Aguirresarobe o Paco Femenía entre los fotógrafos, por ejemplo. Parece que los aspectos artísticos no se nos dan mal, y que son apreciados también fuera de nuestras fronteras. En cuanto al componente interpretativo, no son muchos los que sobresalen y no se pueden comparar —en general— a los actores británicos, franceses, nórdicos…, pero no faltan algunos trabajos muy logrados cuando caen en manos de quien les dirija con acierto.

Otra conclusión a la que llegamos es que los directores y las películas más cuidadas triunfan fuera y en festivales extranjeros, pero no dentro. Ahí están Jaime Rosales y “La soledad”, José Luis Guerin y “En la ciudad de Sylvia”, o Javier Rebollo y “Lo que sé de Lola”, entre otros…, por no hablar del gran ignorado por la industria patria, Víctor Erice. Cine no comercial poco valorado, con apenas apoyo institucional en su promoción, que queda arrinconado para un sector minoritario. En el otro extremo están los que salvan la taquilla cada año: Juan Antonio Bayona y “El orfanato”Álex de la Iglesia y “Los crímenes de Oxford”… cine que suscita comentarios del estilo de «hasta no parece español», como si se tratase de imitaciones del más puro estilo norteamericano. Y eso por no hablar de quienes se labran el futuro lejos, con ambientación, equipo, producción… extranjera, como hace Isabel Coixet. Triste realidad la que atañe, por tanto, al mundo de la dirección, por cuanto habla de falta de respaldo o de personalidad en esta lucha por sobrevivir…

En conexión con lo dicho hasta ahora y como última conclusión, podemos advertir la carencia de buenos guionistas como clave de esta prolongada salud del cine español: no sólo faltan historias e ideas —algo común al resto de las cinematografías, como ya hemos apuntado en este mismo blog—, sino que tampoco vislumbramos buenos escritores para el cine, que conecten con la realidad de la calle, que sepan construir personajes e historias coherentes y verosímiles, que consigan mantener el interés del espectador. Quizá la tan traída y llevada Ley del Cine se haya olvidado de este aspecto, y bien podría gastar su presupuesto en fomentar estudios y escuelas de guionistas y no tanto subvencionar cine de dudosa viabilidad.

En las imágenes: Arriba, parte del equipo de ”En la ciudad de Sylvia”; abajo, rodaje de “La soledad” © 2007 Wanda Visión. Todos los derechos reservados.