El arranque de un año nuevo es, para los amantes del cine, el de los grandes premios, la explosión del glamour y el espectáculo que tiene en la entrega de los Oscar® el punto culminante. Y, como extensión y tal vez complemento, es también la época en la que se dejan oír las voces contrarias a estos premios, las que dicen que la calidad cinematográfica o el paso a la posteridad no lo marcan unos galardones más pendientes del share televisivo y de la cantidad de anunciantes que convocan que del verdadero reconocimiento del talento.

Pues bien, este año, con la suspensión de la ceremonia de entrega de los Globos de Oro (que fue sustituida por una desangelada rueda de prensa), hemos tenido una buena oportunidad de poner a prueba esa teoría. Vaya por delante que quien esto escribe no considera que la sanción de calidad dependa del número de estatuillas, pero eso no impide que busque cada año la oportunidad de quedarse despierto, si es menester, toda una noche contemplando el desfile de celebridades. Dice el tópico que ya no hay estrellas como las de antes; puede ser, pero sigue siendo enormemente atractivo contemplar el desfile sobre la alfombra roja, y la prueba es que, este año, los Globos han sido menos Globos que nunca, por mucho que haya habido los mismos reconocimientos y se hayan concedido el mismo número de trofeos del año pasado. Pero sin celebridades hay una parte del imaginario que forma parte del cine que se queda cojo; un imaginario falso, es cierto. Pero, ¿no es el cine, al fin y al cabo, algo sustentado en la mentira y la apariencia? Entonces, ¿cómo no echar de menos lo que no es otra cosa que la gran metáfora de su esencia?
En la imagen: Javier Bardem en “No es país para viejos” - Copyright © 2007 Paramount Classics, Miramax Films y Scott Rufin Productions. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

