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Jueves 1 Mayo 2008

Aunque haya llegado la primavera, todos sabemos que ésta no es la época más florida del año para el cine. Sin embargo, podemos recomendar algunos títulos recientes, que habría que añadir a los del mes pasado que aún permanecen en cartelera. Entre el cine más comercial y para un público amplio que prefiera las historias americanas, tienen interés tanto “La familia Savages” como “El último gran mago”, ambas con temática familiar de fondo: en la primera, tenemos a dos hermanos —excelentes interpretaciones— que se reencuentran y tienen la oportunidad de enderezar sus vidas al atender a su padre con alzheimer; en la segunda, asistimos al espectáculo del gran Houdini —buena ambientación— donde la magia y el amor hacen que nada sea lo que parece. Muy original y sugerente, además de divertida, es “Lars y una chica de verdad”, película independiente americana en la que un niño grande y enfermo por falta de afecto se acerca a las realidades más humanas a través de una muñeca: una fábula positiva y esperanzada sobre la solidaridad y la educación sentimental. Más cine de producción americana pero con estética danesa nos ofrece Susanne Bier —directora de “Después de la boda”— en “Cosas que perdimos en el fuego”, otro intenso drama familiar sobre la ausencia y la lucha por la vida a partir del amor, con Benicio del Toro y Halle Berry de protagonistas.

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De carácter algo más minoritario pero excelente factura y exquisita sensibilidad son “La banda nos visita”, película de trama mínima sobre la convivencia de árabes e israelíes, a través de la historia de unos personajes tan entrañables como simpáticos; y “Mil años de oración”, ganadora de la Concha de Oro de San Sebastián, con un Wayne Wang que mira hacia su Hong Kong natal para hablar del encuentro de civilizaciones y el entendimiento entre generaciones distintas, a partir de la visita de un padre chino a su hija emigrante en los Estados Unidos. Otro director oriental, Yôji Yamada cierra su trilogía de samuráis con “Love & honor”, en el mismo tono humanista y crepuscular y con idéntica maestría que en sus anteriores entregas. Por último, una propuesta necesaria aunque tremendamente dura y dramática, y por tanto sólo para un público adulto: “Ahlaam (Sueños)”, cinta iraquí que recoge —con un tono hiperrealista y cuasi-documental— la tragedia de un pueblo enloquecido por la guerra, con tres personajes que coinciden en un psiquiátrico en el momento en que las tropas americanas bombardean Badgad y Saddam Hussein es derrocado.

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Entre lo que nos ha llegado en formato DVD, podemos rescatar algunos títulos para públicos y momentos distintos. Quien prefiera sentimientos a flor de piel —quizá excesivamente dulces y sensibleros—, los encontrará en la atrevida y taquillera “Encantada: La historia de Giselle”, con personajes de cuentos de hadas y princesas que recorren las calles de Manhattan. Más refinamiento y calidad artística encierra la francesa “Las aventuras amorosas del joven Molière”, aproximación apócrifa al famoso dramaturgo, que encontró en una joven dama su fuente de inspiración. El elenco de actrices y sus magníficas interpretaciones en “El atardecer” logran que merezca la pena ver esta preciosa historia de amor llena de melancolía, en lo que es un encuentro con la vida y también con la muerte. Y por eso de no hacer un feo al cine español, dos cintas aceptables aunque no plenas de acierto, “14 kilómetros” y “Mataharis”: la de Gerardo Olivares nos acerca al mundo de los inmigrantes subsaharianos con una ficción de tono documental y cuidada fotografía; y la de Icíar Bollaín a las difíciles relaciones sentimentales de tres parejas, con fondo social incluido. Por último, destacar la edición de “Persépolis”, película francesa de animación en la que la iraní Marjane Satrapi adapta sus memorias —con cierta carga ideológica— en el periodo del fundamentalismo islámico, con una ágil narrativa y unos dibujos planos en blanco y negro pero llenos de expresividad.

En las imágenes: Arriba, “Lars y una chica de verdad” © 2007 Versus Entertainment. Todos los derechos reservados. Abajo, “Mil años de oración” © 2007 Karma Films. Todos los derechos reservados.

Miércoles 23 Abril 2008

Se veía venir, casi desde el momento en que cogió el timón de la Seminci. La suya ha sido una travesía de tres años, entre quejas y justificaciones, con una Semana a la deriva y sin rumbo claro, con la larga sombra de Fernando Lara acechando y una imagen que se iba deteriorando, arrinconado por otros festivales de mayor proyección y riesgo. Juan Carlos Frugone ha presentado su dimisión como director de la Seminci, aunque su contrato le obliga a permanecer tres meses en el cargo para preparar la próxima edición. En declaraciones suyas, manifiesta que ya están organizados los ciclos y encargado el cartel, e incluso seleccionada alguna película; y que tratará de colaborar para que el nuevo director se encuentre la mejor Seminci posible.

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Es cierto que, en estas tres ediciones, Frugone ha intentado algunas cosas, como esos ciclos de cine y nuevas tecnologías, con conferencias y sesiones sobre el cine y los videojuegos, o haberse atrevido a abrir la Semana con cine de animación, por ejemplo. Pero esencialmente ha seguido nutriéndose de películas de Cannes y otros festivales, organizado ciclos paralelos un tanto peregrinos y sin gancho, y no ha acertado a vender una imagen renovada y fresca del festival. Ha defendido su gestión por haber sido el primero bajo cuyo mandato ha ganado la Espiga una cinta española (“14 kilómetros”, de Gerardo Olivares) o el director más joven de la historia (Matías Bize con “En la cama”), pero ni uno ni otro son propuestas de primera ni han despuntado después, como tampoco la tercera espiga (“Optimistas”, de Goran Paskaljevic) era merecedora de tal galardón.

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Tres ediciones mediocres que hacían prever un desenlace fatal en cualquier momento. Todo se precipitó cuando hace unos días envió una carta a los miembros del Patronato de la Seminci, filtrada a la prensa por un concejal socialista, en la que exponía una serie de exigencias para continuar al frente. Al alcalde —a la sazón Presidente del Patronato— le faltó tiempo para tomárselo como un ultimátum e iniciarse una serie de fuego cruzado que no podía llevar a buen puerto. En síntesis, Frugone reclamaba libertad para formar un equipo de su entera confianza —problemas personales con algún colaborador en la gerencia y en tareas administrativas—, mientras que el alcalde popular exigía una mayor permanencia en la ciudad y una mayor profesionalidad en la programación, a la vez que retaba al director a hacer una propuesta de equipo. No la ha habido, y él mismo ha anunciado que se va por no poder trabajar a gusto en estas circunstancias.

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No toda la culpa la tiene Frugone, porque el mal estaba ya incubado desde los últimos años de Lara, con vicios “pactados” como no estar obligado a vivir en la ciudad —con la dificultad para seguir “a pie de obra” la construcción de la Semana—, o disponer en la práctica de un equipo organizador sólo durante tres meses —lógicamente con un contrato, al menos el director y el equipo inmediato, de todo el año—. Está claro: así no se puede, y las consecuencias están a la vista, y quizá perduren si no se rectifica a tiempo. Ahora, a buscar sustituto —tarea nada fácil, con tantas exigencias políticas y compromisos personales—, a esperar un poco de reflexión sobre lo ocurrido y a desear una transición no traumática, porque su historia se lo merece.

En las imágenes: Logotipo de la Seminci y Juan Carlos Frugone en distintos momentos de las pasadas ediciones; en la foto del medio, junto al alcalde de Valladolid, Franciso Javier León de la Riva, y la actriz Rosana Pastor © SEMINCI. Todos los derechos reservados.

Viernes 18 Abril 2008

Esto de la crítica de cine, ya se sabe, tiene su aquél. Más que nada, porque es todo menos científica; o dicho de otro modo, si los científicos no se ponen de acuerdo a la hora de determinar cuál es la altura exacta del Everest (algo que, aparentemente, escapa a toda opinión y debería consistir en una fría, rigurosa e inapelable medición con algún aséptico aparato), parece más peliagudo intentar elevar a más categoría que la que verdaderamente tiene la opinión que a uno le merece tal o cual película. De hecho, si algo me gusta de este divertido ejercicio es lo que tiene de elemento deslizable, emocionante e intuitivo.

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Esta reflexión previa viene a cuento de un fenómeno que no es nuevo, pero que últimamente, dado el capricho de las fechas de estreno, se ha condensado en unas pocas semanas: la llegada de los remakes de los éxitos orientales de terror (“Llamada perdida”, “The eye (Visiones)”, “Retratos del más allá”…), en lo que supone casi una fotocopia del modelo original, sólo que con actores y lenguaje anglosajones. Algo que casi todos hemos criticado, con la coletilla de considerarlo innecesario, mercantilista, etc., etc. Ahora bien, ante el próximo estreno de la nueva versión de “Funny games”, que su director original Michael Haneke ha rodado en América con el mismo guión, idénticos decorados (reconstruyen al milímetro los originales) pero, eso sí, actores angloparlantes, todos levantamos el meñique y aguardamos expectantes para ver los resultados de este “experimento cinematográfico de traducción semiótica de una creación artística”, o algo así. ¿En qué quedamos? (suerte tiene Haneke de no llamarse Gus y no apellidarse Van Sant, que a éste le fue bastante peor).

En la imagen: Fragmento del cartel norteamericano de “Funny games” - Copyright © 2007 Halcyon Pictures, Tartan Films, Celluloid Dreams, X Filme International, Lucky Red, Belladonna y Kinematograf. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

Miércoles 9 Abril 2008

¿Por qué Laura Linney no forma parte del Olimpo de las actrices populares? Cuando en las conversaciones cinéfilas se pregunta por el nombre de las mejores intérpretes del momento, suele ocurrir que el de esta prodigiosa actriz brilla por su ausencia, al menos, en la primera relación. Poco parece contar el hecho de que acumule ya tres nominaciones al Oscar®… de hecho, ante casos así, parece inevitable preguntarse por la justicia de que, por ejemplo, Hilary Swank tenga dos estatuillas (ojo, merecidísimas), mientras que la Linney aún no haya sido considerada como merecedora de tan siquiera una. No, no parece justo.

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Quizá el problema es que hay algo en ella absolutamente normal; o, mejor dicho, cotidiano. Frente a lo que sucede con otras actrices más hermosas, más aparentemente perfectas, todos podemos decir que alguna vez hemos conocido, o conocemos, a alguna mujer como las que suele interpretar: de la esposa fingidora de “El show de Truman (Una vida en directo)” a la manipuladora maquiavélica de “Mystic River”; de las hermanas atascadas, tiernas y vulnerables de “You can count on me (Puedes contar conmigo)” o “La familia Savages”, a las desquiciadas madres de “The nanny diaries (Diario de una niñera)” o “Una historia de Brooklyn”, todos sus personajes están hechos de realidad. Y nos devuelven, como un espejo, sensaciones, miedos y esperanzas que podemos reconocer. Frente a otras diosas del celuloide, difícilmente nos hará soñar; al contrario, nos obligará a mirarnos a nosotros mismos. Y eso, que sólo está al alcance de la estirpe de grandísimas actrices y actores a que pertenece por derecho propio, no es la mejor vía para ser una estrella popular. Da igual: todos los amantes del cine seguiremos adorando en secreto a Laura Linney, aunque al resto le cueste saber de quién hablamos.

En la imagen: Laura Linney en “Jindabyne” - Copyright © 2006 April Films, Film Finance Corporation Australia, Babcock & Brown y Redchair Films. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.

Martes 1 Abril 2008

Con tanto estreno en la cartelera y en DVD, a veces se hace necesaria cierta selección de títulos para acertar cuando es poco el tiempo que se dispone o cuando se quiere ir sobre seguro. Por eso, desde este blog intentaré hacer periódicamente mis recomendaciones, lógicamente a partir de las películas que he visto y según mi propio criterio. Para empezar con lo que aún permanece en cartelera de tiempos ya un poco lejanos, tenemos una deliciosa comedia como es “Juno”, fresca y luminosa aproximación al drama de una adolescente que se queda embarazada y que tiene a Ellen Page como protagonista. También muy recomendable y sobre el mismo tema, aunque para un público adulto y más cinéfilo, es la rumana “4 meses, 3 semanas, 2 días”, que obtuvo la Palma de Oro en Cannes. Y siguiendo con asuntos de bioética pues trata del dolor, la eutanasia y los cuidados paliativos, no hay que dejar de ver “La escafandra y la mariposa”, propuesta dura pero tremendamente humana al recoger una historia real, y hacerlo son suma sensibilidad y alto nivel artístico.

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Ya centrándonos en la cartelera más reciente, dos títulos para el disfrute y entretenimiento familiar: “Las crónicas de Spiderwick”, una bocanada de imaginación y fantasía para evadirse de la realidad con las aventuras de tres niños, y “Como la vida misma”, una comedia optimista sobre una gran familia donde todos sonríen, con su punto melodramático y la marca de Hollywood. Para los más cinéfilos, si aún tienen ocasión, conviene seguir la pista al cine iraní y ver “Buda explotó por vergüenza” pues la pequeña Hana Makhmalbaf dará que hablar. Quien no necesita presentación es el francés Alain Resnais, del que se ha estrenado recientemente “Asuntos privados en lugares públicos”, fiel a su estilo formalista y de puesta en escena teatral. En este repaso acelerado por los cines, una última sugerencia para el público que prefiera historias más entrañables y retratos de personajes: “Cometas en el cielo”, que se acerca a una historia de amistad y lo hace con la mejor música de Alberto Iglesias; y “Las hermanas Bolena”, una interesante aproximación, más romántica que histórica, a los tiempos de Enrique VIII, con una cuidada dirección artística.

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Entre lo que se ha editado recientemente en DVD, me quedo con “Once”, un ejemplo de buen hacer con un escaso presupuesto, de sencillez y autenticidad en interpretaciones y puesta en escena, para contar una historia de amistad y amor en torno a la música: no se la pierdan. Tres propuestas de cine de calidad y hondura antropológica: “Promesas del Este”, película sobre las mafias rusas, muy dura y para un público adulto; “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, revisitación desmitificadora del clásico americano; y “Leones por corderos”, en torno al conflicto iraquí, donde los duelos interpretativos hacen que merezca la pena su visionado. Entre los documentales, uno ecologista muy bien realizado para los amantes de la naturaleza, “Tierra”; y otro de tono más estético para los cinéfilos, “En la ciudad de Sylvia”. Por último, Woody Allen nos ofrece “Cassandra’s Dream” y José Luis Garci su “Luz de domingo”, dos películas sin sorpresas para quienes conocen su cine, y por tanto apuestas seguras para sus admiradores. Tampoco descubrimos nada, a estas alturas, si destacamos dos cintas españolas y con terror por medio, cada una con sus características y méritos: más innovadora y sangrienta, “[Rec]”, más académica y de género, “El orfanato”.

En las imágenes: Arriba, “Juno” © 2007 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados. Abajo, “Once” © 2006 Avalon Productions. Todos los derechos reservados.

Lunes 24 Marzo 2008

El reciente fallecimiento de Arthur C. Clarke vuelve a poner sobre el tapete una discusión que viene a ser, más o menos, como la del huevo o la gallina: ¿quién es más verdadero creador de “2001: Una odisea del espacio”, el escritor o Stanley Kubrick, el director? Uno, secretamente, siempre ha pensado que en realidad el cineasta, tan déspota como sólo lo pueden ser los verdaderos genios, llevó el agua del cuento inicial de Clarke a su molino, expandiéndolo mucho más allá de lo que seguramente pensó el visionario inglés que podía llegar. ¿Pruebas de lo que afirmo? Ninguna, claro. Huelga decir que uno no estuvo presente en las sesiones de trabajo entre los dos creadores, y desde luego es algo que no cabría recomendar a nadie: no parece posible salir indemne del choque de trenes de dos personalidades tan complejas, de dos egos tan solemnes y de una pieza.

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Ahora bien, basta echarle un vistazo a las continuaciones de la novela original, ya sin el concurso de Kubrick, y especialmente a la primera, “2010, odisea dos” (igualmente llevada al cine) para darse cuenta de que la mirada de Clarke era más convencional, más ceñida al punto de vista de la ciencia-ficción tradicional (todo eso, claro, suponiendo que Kubrick supiera verdaderamente de qué estaba hablando, algo que, lo confieso, no siempre tengo el convencimiento absoluto de que fuera así, como me sucede por otro lado con el cine de David Lynch). Y además, porque algo así ocurrió con la adaptación del relato “Los superjuguetes duran todo el verano”, de Brian Aldiss, y que sirvió de base para la película “A. I. Inteligencia artificial”, un viejo proyecto de Kubrick que acabaría viendo la luz bajo la batuta de Steven Spielberg. Y que conste que, sinceramente, tampoco es que importe mucho; sólo espero que por fin David Fincher logre sacar adelante la adaptación de “Cita con Rama” para ver una genuina y poderosa obra clarkiana en pantalla… a no ser que Fincher sea efectivamente un Kubrick redivivo, como parece llevar camino de serlo, y vuelva a hurtarle al pobre Arthur su parte de autoría. Comprobarlo será, desde luego, apasionante.

En la imagen: Keir Dullea en “2001: Una odisea del espacio” - Copyright © 1968 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), Polaris y Stanley Kubrick Productions. Todos los derechos reservados.

Miércoles 19 Marzo 2008

Aún en periodo de resaca electoral y con la intención de completar la trilogía sobre cine y democracia abordada en este blog, me parece oportuno traer a colación —ahora que ya ha pasado el 9-M, y sin intención de hacer política— algunas de las reacciones del mundillo cinematográfico sucedidas en estos días. Es bien conocida la postura mayoritaria de los artistas y del mundillo del cine aglutinada en torno a PAZ en apoyo del candidato socialista, así como las reiteradas manifestaciones de algunos cineastas, actores… en contra de un partido o a favor de otro. Nuestro compañero José Arce recogía la rueda de prensa que Antonio Hernández ofreció para presentar su película “El menor de los males”: en cierto momento de la misma, el director apunta que «afortunadamente no ha hecho falta [estrenarla antes de las elecciones], (…) existe más perversión en una derecha que puede llegar a justificar lo injustificable»; sus declaraciones no tienen desperdicio en cuanto a su posicionamiento político, y es libre para pensar como quiera.

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Lo que me cuestiono es la oportunidad, modo, lugar de manifestarlas. Y lo hago en este caso como en cualquier otro, vengan de donde vengan las declaraciones, descalificaciones y ataques. Y eso porque este director que coge el micrófono en una rueda de prensa, como aquel actor que lo hace en una Gala de los Goya o cualquiera que aprovecha una desastrosa guerra para… hacer otra guerra por su cuenta, tomar partido en banderías que nada tienen que ver con el cine o el arte, aprovecharse de su posición para fines particulares… desvirtúan lo que yo entiendo por categoría intelectual, artística, personal. Un director, un actor, un guionista, un cantante… deben hablar de su trabajo, de aquello de lo que saben y que les ha procurado su prestigio y admiración. Pero si entran en otros campos que no son los suyos, donde no se espera que nos den sus ideas —tan válidas como las de cualquiera, no más—, se equivocan en el foro y provocan recelos al dejar ver los prejuicios con que trabajan. Está claro que cada uno puede pensar lo que quiera, y que trasmitirlo a través de sus películas es inevitable y hasta coherente, pero también parece exigible a tal colectivo que no se ponga a hacer campaña aprovechando su estatus social. Personalmente, opino lo mismo se llame PAZ o PAR el movimiento artístico-político, porque es cuestión de planteamiento y oportunidad, no de ideas.

En la imagen: Antonio Hernández durante el photocall de la presentación de ”El menor de los males”, el 12-03-08 en Madrid. Foto por Ralf Pascual - Copyright © 2008 LaButaca.net. Todos los derechos reservados.

Miércoles 5 Marzo 2008
Escrito por Miguel A. Delgado el 05.03.08 a las 22:27
Archivado en: Oscars

No deja de resultarme curioso haber leído estos días en los medios algún que otro comentario respecto a que los Oscar® de este año han sido demasiado minoritarios, anticomerciales, concedidos de espaldas a la taquilla. Vaya por delante que nunca he entendido muy bien que un éxito económico tenga que ir acompañado obligatoriamente de un reconocimiento artístico; pienso que, independientemente de que ambos aspectos puedan coincidir, cada uno de ellos se mueve en un terreno diferente. De hecho, no creo que los responsables de la tercera entrega de Piratas del Caribe (“Piratas del Caribe: En el fin del mundo”) hayan llorado amargamente por no haber sido merecedores ni de media estatuilla; ellos juegan en otra liga (que, digámoslo de antemano para evitar suspicacias, es esencial también para que se mantenga esa industria llamada cine).

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Lo más curioso es que, normalmente, uno oye las críticas contrarias. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de la infantilización del gusto de la Academia norteamericana?, ¿cuántas repetido que el Oscar® no es la medida de todas las cosas, que en Europa sí que sabemos reconocer la calidad, etc., etc.? Y resulta que ahora, en el momento en que la relación de premiados por la Academia parece más el palmarés de Cannes que el habitual en ella, resulta que se enarbolan los argumentos contrarios para poner un poco en tela de juicio el acierto o no de los organizadores. Aunque no debería extrañarnos: algo así ocurrió, a menor escala, con los Goyas a “La soledad”. En fin, no sé qué opinan ustedes, pero yo estoy más que satisfecho con estos Oscar® contracorriente; eso sí, no me hago ninguna ilusión de que la cosa vaya a seguir por este camino, pero lo de este año, desde luego, ya no me lo quita nadie.

En la imagen: Ethan Coen, Martin Scorsese y Joel Coen tras la ceremonia de los Oscar®. Foto por Matt Petit - Copyright © 2008 A.M.P.A.S.®. Todos los derechos reservados.

Martes 26 Febrero 2008

Una vez más se repite la historia: los chicos que irrumpieron en el panorama cinematográfico con su mirada desinhibida, desacomplejada y fresca, con una mezcla de dominio, respeto y burla de todos los referentes de la Historia del Cine, han terminado obteniendo el reconocimiento institucional con el que, quizá, nunca soñaron cuando empezaron. Porque la lluvia de Oscars® derramada sobre los hermanos Coen (de hecho, hasta tres veces subieron al escenario para recoger otras tantas estatuillas) por su última y prodigiosa obra, “No es país para viejos”, viene a certificar lo que ya el estilo de la cinta anunciaba: los Coen son, en la actualidad, unos clásicos. Maravillosamente clásicos, es verdad, pero clásicos al fin y al cabo. La vanguardia ya no pasa por ellos.

Y no es extraño que sea por la película que seguramente más abdica de lo que hasta ahora habían sido las líneas maestras de su filmografía. Un título en el que no pretenden revertir el material original (la novela original de Cormac McCarthy), dándole nuevas lecturas o buscando huecos para la desmitificación postmoderna. No, aquí ellos se rinden a lo que las páginas sugieren, y ponen todo su inmenso talento (que no siempre parecen dispuestos a exhibir) para levantar una cinta en la que lo escrito cobra vida de una manera que en muy escasas ocasiones nos había sido concedido ver. En definitiva: negándose a sí mismos, han superado las desvaídas caricaturas que eran sus últimos filmes, y, paradójicamente, han levantado una de sus pocas y verdaderas obras maestras. No muchas veces unos galardones, a la hora de certificar la defunción de un estilo, habían alumbrado algo tan potente. Estos Oscars® están llamados a dejar huella.

En la imagen: De izquierda a derecha, Joel Coen, Javier Bardem, Josh Brolin, Kelly Macdonald y Ethan Coen en el 60º Festival de Cannes © 2007 Buena Vista International. Foto por MJ Kim. Todos los derechos reservados.

Viernes 22 Febrero 2008
Escrito por Julio Rodríguez Chico el 22.02.08 a las 17:00
Archivado en: Oscars

Es mucho lo que la industria del cine se juega con los Oscar®: ¡como para perderse una ceremonia! Por eso, los guionistas han vuelto al trabajo y todo está preparado para repartir las estatuillas el próximo 24 de febrero. Y quien suscribe, una vez que ha visto las películas nominadas —algunas con un estreno muy retrasado en nuestro país—, ya está en condiciones de matizar su opinión previa sobre varias de las candidaturas. Muy reñida se presenta esta fase final, sin ninguna favorita que pueda arrasar, por lo que quizá tengamos un sorteo de lotería, con premios muy repartidos. La disputa más igualada será en el capítulo de Mejor Película: “Expiación: Más allá de la pasión” es la más comercial y complaciente; “Juno”, la más fresca y que se ve con mayor gusto —así como la más positiva y menos dramática—; y “There will be blood (Pozos de ambición)”, la más californiana y ambiciosa, por lo que apuesto por esta última. Como Mejor Director, hay varios que han realizado una obra de “autor” con sello propio: Paul Thomas Anderson peca de megalomanía pero hace cine del bueno; los hermanos Coen (“No es país para viejos”) son muy suyos y no “casan” mucho con la Academia; y Julian Schnabel ofrece con “La escafandra y la mariposa” una obra de arte integral por la que se merece el máximo reconocimiento (sin embargo, pienso que no ganará él y sí alguno de los otros mencionados).

En cuanto a los actores, el duelo estelar será entre Daniel Day-Lewis y Tommy Lee Jones, y me decanto por la soberbia interpretación de este último en “En el valle de Elah”, aunque el británico hace también un papelón. Y de las actrices, a la pareja de Julie Christie y Marion Cotillard le ha salido una jovencita competidora que está de moda y pisa fuerte, Ellen Page, pero sigo creyendo que la protagonista de “Lejos de ella” se llevará el premio; qué pena que no haya dos o tres estatuillas para repartir. No altero mi apuesta en cuanto a los secundarios: Casey Affleck por ser el actor que despliega una mayor variedad de recursos interpretativos (aunque Javier Bardem haga un buen trabajo y parta incluso como favorito), y la joven Saoirse Ronan por trasmitir mejor que nadie una personalidad muy matizada con miradas, gestos y actuación. Como se ve, habrá muchas triunfadoras… o ninguna —según se quiera entender—, y quizá haya quien se vaya de vacío, a pesar de su notable calidad, en cuanto a los apartados principales, caso de “Michael Clayton” (aunque teniendo George Clonney tanto amigos en la Academia… quién sabe). Un año de mucha dureza, venganza y sangre en el cine, con unas gotas de oxígeno y humanismo que no sabemos si apagarán el incendio de la violencia o se evaporarán en el intento. Veremos dónde cae el “gordo” y la “pedrea”.

En la imagen: Detalle de un cartel promocional de “There will be blood (Pozos de ambición)” - Copyright © 2007 Paramount Vantage, Miramax Films y Joanne Sellar/Ghoulardi Film Company. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados.