Hay ciertas historias que el cine, arte continuamente tendente a la repetición de temas y proposiciones, disfruta contando una y otra vez, curiosamente entroncando con un público tan amplio como heteróclito que busca en la comodidad de una sala el efecto catártico que puede ─muchas veces, debe─ provocar el inicio de una proyección que da paso a una narración amable, sencilla, que permite volver a recuperar la confianza en la bondad del ser humano y en la capacidad de superación y recuperación de las personas. Esta pretendidamente sensible y otoñal road movie aparece, una vez más, como uno de esos casos.

Arvilla (Jessica Lange) acaba de perder a su marido durante unas vacaciones en Borneo. Su adinerada hijastra, Francine (Christine Baranski), con la que no tiene una relación excesivamente cordial, insiste en depositar los restos de su padre en el panteón familiar; ante la presión de perder la casa en la que ha vivido durante las últimas dos décadas, la viuda cede a sus deseos y se embarca en un periplo que le llevará desde la pequeña localidad de Pocatello, Idaho, hasta la soleada Santa Bárbara. Ya el mismo argumento desvela en buena medida las tendencias, abiertamente benévolas y redentoras, de “El viaje de nuestra vida (Bonneville)”; si a este bosquejo añadimos que la mujer se acompañará de sus dos mejores amigas, la oronda solterona Margene (Kathy Bates) y la extremadamente cauta y responsable Carol (Joan Allen) en un viejo descapotable del 66 ─que da título a la película en su versión original─, tenemos ante nosotros un producto que juega sus bazas en la capacidad que el realizador y el reparto ostenten para tocar la fibra sensible de una platea que sepa encontrar, ya desde el primer instante, los puntos positivos de este nuevo ─y lamentablemente superficial en su resultado─ catálogo de escenas, situaciones y sentimientos agridulces, un abanico emocional que habla de regeneración, amistad, de las segundas oportunidades y de la necesidad que todos tenemos de aprovechar cada instante de nuestras cortas existencias.

Afortunadamente, la falta de pretensiones es la nota dominante de un film sometido a la sucesión continua de clichés y arquetipos, presentes en cada minuto del metraje. Así, las tres maduras avanzan por el Oeste Americano arropadas por embriagadores paisajes, fascinantes y desoladores, que van desde un tremendo desierto de sal a espectaculares cañones, montañas y desfiladeros, pasando, como no podía ser de otra manera, por el paraíso del neón, Las Vegas. En el camino conocerán a un muchacho en busca de su progenitor (Victor Rasuk), a un simpático camionero (Tom Skerritt), se soltarán la melena en un casino, escucharán country, se pelearán, se reconciliarán, se encontrarán consigo mismas y volverán a vivir una segunda juventud, todo ello dispuesto conforme a un libreto que, en alguna que otra ocasión, trata de burlar la previsibilidad con algún giro más o menos sarcástico y relativamente liberal; no siempre lo consigue, pero la sincera sencillez del trío central, actrices soberbias todas ellas a las que no les supone ningún esfuerzo dar carnadura a estas féminas netamente americanas ─no hablamos, por mucho que se pretenda, de personajes universales─, irreales en sus actos pero perfectamente reconocibles en sus propósitos e intenciones, salva cualquier dificultad ─tampoco es que abunden─ a la hora de centrar nuestra atención mientras nos relatan este complaciente cuento crepuscular.

Es indudable que el director Christopher N. Rowley, independientemente de la mayor o menor originalidad y hondura del texto firmado por Daniel D. Davis, podía haber aprovechado las virtudes de su elenco para profundizar más en el interior de los personajes y ofrecer una introspección más interesante y de mayor calado, aún a sabiendas de que juega con moldes excesivamente planos y estandarizados. No lo hace, y lamentablemente su film se queda en un raso proyecto que se deja ver con agrado, sin duda, pero sin la garra suficiente como para calar en el patio de butacas, que abandona la sala con la sensación de que ha vivido algo fugaz, fútil, que dentro de los encorsetados parámetros en que se mueve pudo haber sido más, por poco que se le exija.
Calificación: 5/10
En las imágenes: Fotogramas de “El viaje de nuestra vida (Bonneville)” © 2006 SenArt Films y Drop of Water Productions. Distribuida en España por Filmax y Wide Pictures. Todos los derechos reservados.
Nos gustaría conocer tu opinión sobre los temas planteados. Déjanos tu comentario mediante el formulario que encontrarás a continuación.
AVISO IMPORTANTE: Los comentarios están sujetos a moderación y aparecerán publicados lo antes posible. Se eliminarán todos aquellos que contengan insultos, publicidad, textos ininteligibles o que no guarden ninguna relación con los contenidos de esta entrada.
Saltos de línea y párrafo automáticos, la dirección de e-mail no se mostrará, HTML permitido:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>


















Menudo reparto tiene la película, tanto femenino (las actrices que mencionas) como masculino (Tom Skerritt y el menos conocido pero espléndido Tom Amandes, siempre genial en la serie “Everwood”).