Hubiera deseado no tener que escribir este artículo, pero la realidad se impone y el deber de no mirar hacia otro lado obliga. ¿Por qué el cine español no sale de la mediocridad? Ya hemos puesto de relieve la gran categoría de muchos de nuestros profesionales del cine en lo que a música, fotografía y otros aspectos artísticos se refiere. Y también la costumbre de algunos jóvenes directores de claudicar ante la taquilla con productos “made in USA”, o la resistencia a potenciar un cine genuinamente autóctono o cultural. El reciente estreno de “Cobardes” nos permite ahora denunciar algunos de los males de nuestro cine, sin que ello se convierta en un “bullying” a nuestros compañeros del cine. Aparte del laudatorio intento por acercarse a la realidad social de la calle, por evidenciar los problemas de incomunicación familiar o de falta de autoridad paterna y educativa —en realidad, los adolescentes sólo pagan los platos rotos por sus mayores—, ¿qué grietas deja ver la película de José Corbacho y Juan Cruz?, ¿dónde falla una y otra vez el cine español?, ¿por qué esa crisis y esa indiferencia que provoca en el espectador? Intentaremos a continuación identificar la cuestión a partir de esa película.

Ante todo, pienso que el problema principal está en la falta de buenos guiones. Los personajes se construyen muchas veces sin fuerza ni verosimilitud, las tramas avanzan sin el ritmo adecuado a la historia de que se trate, y la puesta en escena resulta a menudo poco natural. En el caso concreto, a “Cobardes” le pierde el artificio de una historia que no sabe conformarse con el tema central y tratarlo con profundidad y atendiendo a los matices, que se llena de grandes pretensiones de denuncia (sobra lo del italiano corrupto, por ejemplo) y que se pliega ante los tópicos ideológicos de siempre (está de más la caricatura del prepotente concejal conservador). Sus personajes pasan a ser estereotipos sin vida propia, también por una deficiente dirección de actores, algo bastante general en nuestro cine y que sería el segundo handicap: ni los chavales ni los adultos se libran de los clichés televisivos, y sus miradas carecen de fuerza interior hasta parecer marionetas en manos del guionista.

Hablando de las interpretaciones, no sé si tenemos o no buenos actores —hay películas en las que algunos demuestran no ser malos, sin ser excepcionales—, pero qué bueno sería que un buen grupo de ellos recibieran unas clases de dicción que les reportase autenticidad, frescura, espontaneidad. Y con eso estamos ante la tercera asignatura pendiente en el territorio nacional. Con todo, lo que sí parece es que unos y otros —directores, guionistas y actores— miran a la taquilla o a sí mismos con lamento y autocomplacencia, que se esfuerzan en tocar muchos palos sin profundizar en ninguno, y también en dar al público lo que pida (como las series de televisión). Por eso, tendrían que hacer caso a Corbacho y Cruz, y no ser cobardes —sin ánimo de ofender—para reconocer la mediocridad existente —“Cobardes” llega como una de las triunfadoras del pasado Festival de Málaga, y ciertamente está por encima de la media—. Así las cosas, sólo queda demostrar más profesionalidad al escribir guiones, al dirigir a los actores, al dar vida (auténtica) a los personajes, y entonces… otro gallo nos cantará.
En las imágenes: Distintos momentos del rodaje de “Cobardes” - Copyright © 2008 Filmax Entertainment, Castelao Productions, Antena 3 Films y Hospiwood. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.
Gracias Julio Rodriguez, está perfectamente bien explicado el problema del cine en España:
Guionistas, actores y directores.
Los guiones están en su mayoría cargados de tópicos y clichés. Los “actores y actrices” necesitan clases de interpretación y de dicción y alejarse de la estética de la serie televisiva. Finalmente los directores son los responsables de controlar y llevar a buen puerto a todo el equipo, son los responsables directos del resultado final de la obra.
Por otro lado la fotografía y la Música está muy por encima del nivel medio de calidad en el cine español.
Pues igual si que podemos ponernos de acuerdo, Manuel, porque veo que en general dices compartir algunas de las apreciaciones generales que hago sobre el cine español.
Sobre lo del ensañamiento o autoflagelación… pues es que yo no voy a ponerme a hablar del cine suizo o canadiense en esos términos, porque me interesa menos (así, en general) y porque llega menos a nuestra cartelera y me faltan elementos de juicio. Pero del español, puedo y debo manifestar lo que va (y lo menciono y destaco, toda esa labor artística, y algunas películas “sueltas”) y lo que no va (según mi criterio) y se lo exijo.
Sólo quien calla otorga, y quien quiere ayudar, intenta construir sobre la realidad de estrenos que salen: educación del cine en las escuelas, cursos para guionistas, otra legislación menos de subvenciones y más de apoyo cultural… Lo que no me gusta es que por el hecho de ser español haya que apoyarlo, reirle las gracias y poner por las nubes lo que sólo es mediocre.
El cine USA no es precisamente un ejemplo imitable, para mí. No he visto “88 minutos” precisamente porque ese tipo de “películas en serie” (igual no es el caso, no lo sé) no me atrae nada, en principio. Y cuando veo alguna americanada, si se merece el calificativo de “mediocre”, pues se lo lleva. Pero lo de “mal de muchos, consuelo…” no me va, y por eso pido más profesionalidad.
El problema, además, es que (y aún a riesgo de caer pesado por repetir una y otra vez esta opinión) por debajo del cine español “oficial” hay otro, más vital e interesante, o por lo menos hecho con más convicción, que ni siquiera encuentra hueco en nuestra cartelera… El mismo fin de semana de “Cobardes” se estrenó “3 días”, una propuesta de género que, sin ser perfecta, contiene suficientes elementos de interés… y ha quedado totalmente asfixiada (bueno, no parece que a “Cobardes” le haya ido tampoco de traca, a pesar de la contundente promoción).
Y sí que es cierto que aquí repetimos problemas que se dan en otras cinematografías, incluida ÉSA (en divertida mención de Manuel); por eso me molesta sobremanera cuando la presidenta de turno de la Academia hace siempre una proclama de superioridad moral de nuestro cine frente al del pérfido enemigo antes de cada entrega de cabezones. Y en esto, como en todo, obras son amores; y en nuestro cine hay las suficientes joyas, pero eso no salva al conjunto (difícilmente puede hacerlo cuando la mayoría ni siquiera llega a estrenarse).
Un saludo!
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Está claro, compa Julio, que tú y yo, en esta cuestión, no nos vamos a poner de acuerdo. Y no porque no reconozca la certeza y buen criterio de tus apreciaciones generales sobre el cine español (sobre las aplicables particularmente al caso de Cobardes no puedo opinar, porque aún no la ví), que puedo compartir en buena medida, sino porque, teniendo en cuenta que considero que las mismas son aplicables, y probablemente corregidas y aumentadas, al resto de las cinematografías (y, muy especialmente, a ESA cinematografía, sobre la que creo que nos ilustra magnfícamente ese “peliculón” que el compa Miguel glosa en su reseña precedente), no entiendo por qué hemos de particularizarlas de tal manera.
Tengo muy claro que no será con la autocomplacencia y el ocultamiento de los puntos críticos con lo que haremos mejorar y crecer nuestro cine, por supuesto: hay que ser críticos, y serlo con fundamento, contundencia y buen espíritu; eso me parece no sólo fenomenal, sino necesario. Pero tampoco termino de entender la flagelación permanente (y, lo que es peor, generalizada) que sufre el cine español, y a la que tan acertadamente aludía, hace unos días, en una entrevista concedida a un suplemento semanal, José Luis Borau -que entiendo, claro, que es arte y parte, pero, en fin, yo estoy de acuerdo con esa apreciación suya, he de reconocerlo-.
Un fuerte abrazo.