Tras la buena impresión que me dejó hace un par de años “Tsotsi”, tenía interés en ver la evolución de su director, el sudafricano Gavin Hood. El reciente estreno de “Expediente Anwar” me ofrecía la ocasión de comprobar qué quedaba tras el éxito, y en qué se veía obligado a ceder ante los imperativos de la industria. Algunas críticas no eran muy entusiastas y resaltaban su falso y pretencioso guión —con triple salto mortal incluido en el desenlace—, y un mensaje excesivamente presente que llegaba a asfixiar la trama. Sin embargo, algunos comentarios de los lectores destacaban positivamente el clímax de tensión y/o amor que cogía la atención y encogía el ánimo del espectador. Por todo eso, me decidí a sacar la entrada y ver por mí mismo esta nueva aproximación a la guerra de civilizaciones que el tercer milenio nos ha traído, con los derechos individuales y la seguridad nacional en colisión, y con el miedo de telón de fondo.

Para empezar, me encuentro con una trama más complicada y artificiosa, enmarañada en unos momentos y confusa en otros. Una estructura circular con un uso cuestionable del flashback por lo poco trasparente que resulta el conjunto, y por algunos detalles excesivamente subrayados que el director necesita introducir para poner algo de orden en el caos. Es cierto que hay tensión emocional porque el falso culpable siempre saca de quicio a cualquiera y uno siente que le podría ocurrir a él, y también que la crudeza de las torturas no deja a nadie indiferente porque son tan bestiales como explícitas e inadmisibles. Sin embargo, pienso que Gavin no ha dibujado sus personajes como en su anterior película, que no dota a Douglas de un pasado del que huir como había hecho con el joven Tsotsi, y que tampoco es fácil creerse su ingenuidad hasta los interrogatorios y que decida entonces echar por la borda su carrera en la CIA; lo mismo sucede con el ayudante del senador, que por una amiga de años atrás (aunque fuese una antigua novia) parece dispuesto a partirse la cara y actuar, de pronto, tan poco “políticamente”.

Sin embargo, las dos películas apuestan por la redención desde la violencia, a partir del contacto con la humanidad perdida. Esta nota parece ser una constante del director, que entiende que siempre queda un poso de bondad hasta en el más malvado y desaprensivo de los individuos, y que siempre pueden volver a brotar esos deseos de justicia y amor… En la primera, teníamos un bebé indefenso que despertaba el afecto que no tuvo Tsotsi, y que le obliga a frenar en su huida hacia la deshumanización. Ahora es la imagen de un hombre humillado al que espera una mujer y unos hijos lo que propicia la redención de alguien sin identidad clara ni familia conocida, como si Douglas deseara para sí la vida de su víctima: así, los silencios y gestos ambiguos —bien Jake Gyllenhaal— dejan paso a la acción heroica y decidida de quien ha sentido empatía con su “secuestrado”. Con todo, me planteo si esta práctica del “contraste” al retratar al personaje no será excesivamente manipuladora y fácil, si es necesario bajar a las profundidades de la barbarie —tortura policial o violencia callejera— para resaltar la humanidad de cualquier persona y empujarla a realizar una buena acción. En fin, esta es la opción elegida por Gavin.
En las imágenes: Arriba, ”Tsotsi” © 2005 Vértigo Films. Todos los derechos reservados. Abajo, ”Expediente Anwar” © 2007 Tripictures. Todos los derechos reservados.
Julio, siento discrepar, Tsotsi me decepcionó muchísimo. Tiene aire de telefilm, y el personaje principal no transmite nada; tengo dudas de que el bebé frene sus ansias de violencia, principalmente porque el guión falla estrepitosamente, al no saber dar complejidad a unos protagonistas muy muy planos. Recuerdo, concretamente, una escena en la que no se sabe muy bien qué pretende decirnos el Sr. Hood: la de Tsots con el paralítico.
En fin, para mi fue todo un fiasco, me esperaba más de una ganadora al Oscar a mejor película de habla no inglesa.
Marchelo, ya siento que no te gustara Tsotsi. Aunque su guión es tramposo, pienso -al contrario que tú- que el personaje protagonista está bien dibujado: no es tanto el bebé lo que le sensibiliza sino el recuerdo-nostalgia de un afecto que él no tuvo en su infancia, el deseo de que no se repita la historia con ese otro bebé…, el entrar en contacto con una madre “buena”… y con todo lo que él no tuvo.
Pienso que su violencia inicial es sobre todo interior, de lucha consigo mismo y con una sociedad que le trató mal… (lo del paralítico va en esa línea de rebeldía y rabia contra todo, que le brota de dentro…). Por eso tantos flash-back con imágenes de su infancia que le vienen a la cabeza…
Con todos los artificios de guión y música que quieras, pero me parece que la película funciona en su dureza y humanización, muy por encima de cualquie rproducto televisivo. Pero en fin, a cada uno lo suyo.
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Tengo interés en ver qué es lo que hace este director con “X-Men origins: Wolverine”. Respecto a “Expediente Anwar” estoy muy de acuerdo con las deficiencias que le encuentras a la película, sobre todo la estructura que se utiliza para contar la historia o el comportamiento de determinados personajes (tú mismo citas al antiguo novio de la protagonista).