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Lo confieso: lo mío con Charlton Heston es ambivalente. Para empezar, nunca he sido muy amigo de las súper-superproducciones de las que el recientemente fallecido actor se convirtió en icono imprescindible (particularmente, he de confesar que de “Ben-Hur” sólo me gusta la secuencia de la carrera de cuadrigas), con la única y curiosa excepción de “Los diez mandamientos” (la de 1956, se entiende), tal vez porque ésta siempre me ha parecido más una cinta de superhéroes que otra cosa, con esa travesía del Mar Rojo que puede hablarle de tú a tú a cualquier efecto digital de hoy en día.

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Sin embargo, es también el rostro inseparable de dos de las joyas que más aprecio como cinéfilo: “El planeta de los simios” (la buena, claro, no el engendro alumbrado por Tim Burton) y “Soylent Green: Cuando el destino nos alcance”, esa delicatessen (dicho sea, por cierto, con segundas) de la ciencia-ficción. Y eso, dejando a un lado su imagen pública, que es harina de otro costal (y de la que ya nos habló Michael Moore en su estupenda “Bowling for Columbine”, antes de que su ego desbocado perjudicase gravemente su carrera como documentalista). Así que uno se encuentra atrapado por un sentimiento contradictorio: por un lado, apenas siente nada por la pérdida de El Cid o Ben-Hur; sin embargo, se ve obligado a despedirse mentalmente de Moisés, el astronauta George Taylor y el detective Robert Thorn. ¿Qué quieren? Rarito que es uno…

En la imagen: Charlton Heston escucha divertido a un veterano Edward G. Robinson en “Soylent Green: Cuando el destino nos alcance” - Copyright © 1973 Metro-Goldwyn-Mayer. Todos los derechos reservados.

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Por mi parte, he de reconocer que la noticia de su muerte que dejó más bien indiferente, lo que puede ser síntoma de hasta que punto la imagen fascistoide del asunto de los rifles ha empañado –y no es de extrañar- su recuerdo cinematográfico. Después, los reportajes y algunos artículos como el tuyo me han hecho acordarme de cómo disfruté “Horizontes de grandeza” o “55 días en Pekín” y, sobre todo, de una de las primeras imágenes impactantes que recuerdo, el final de “El planeta de los simios”. Con el tiempo sus películas harán que permanezca esa encarnación del héroe con mayúsculas, al margen de otras cosas. -No he visto “Cuando el destino nos alcance” así que queda como asignatura pendiente tu recomendación-.

Y enlazo con un comentario que escribiste la semana pasada sobre los sentimientos por la desaparición de actores célebres. A mí también me despierta tristeza y a veces se siente como algo cercano. Creo que todavía es más entendible si son actores que han recorrido unos años paralelos al propio en la pantalla y se los ha visto crecer, evolucionar o envejecer. La generación de muchos de nuestros padres, que prácticamente creció en los cines, sienten de veras la muerte de intérpretes con los que compartieron años y años –por ejemplo, cuando murió Richard Widmark de lo primero que me acordé es que era el actor favorito de mi padre, tuve que preguntarle este fin de semana porque no estaba seguro si el duro-rubio-bajito que le gustaba era él o Alan Ladd…-

Saludos!

Comentario #1 por Miguel Laviña Guallart
Escrito el 08.04.08 a las 11:15

¡Es cierto, Miguel! En eso coincidimos plenamente… Richard Widmark es un icono también para mi padre. O sea, para toda una generación. Pero en cuanto a Charlton Heston, siento una cierta incomodidad, porque las etiquetas de “fascista” o “no fascista” son a veces muy volubles: basta recordar cómo hace no tanto tiempo, Clint Eastwood era catalogado como tal… por los mismos que ahora le elogian.

De todas maneras, y separando la figura pública de la del actor (que es la que a mí, y más aquí, me interesa), creo que pondrá las cosas en su sitio. Y “Ben-Hur” puede ser analizada desde muchas perspectivas, es un fenómeno de masas y un momento muy importante de la historia del cine… pero como obra cinematográfica, dejando a un lado secuencias innegables como la de la carrera de cuadrigas, temo que se ha quedado vieja, muy vieja. “Intolerancia”, de Griffith, era tan o más colosal, pero curiosamente ha resistido mejor, salvando las distancias, el paso del tiempo…

Un saludo!

Comentario #2 por Miguel A. Delgado
Escrito el 09.04.08 a las 17:25

Completamente de acuerdo, Miguel, con tu valoración sobre cómo ha envejecido “Ben-Hur”. Por supuesto, ni que decir tiene que Wyler es admirable por muchas de sus películas, pero no me resisto a recordar una anécdota -que seguro ya conoces- que contaba con humor Billy Wilder, la borrachera que se cogió la noche de los Oscars frente al televisor conforme a “Ben-Hur” le iban cayendo las 11 estatuillas, incluida la de Heston “por su encanto de cascanueces” en vez de a Jack Lemmon…

Creo que también tienes razón sobre Heston. Reconozco que a menudo se usa la palabra “fascista” -me incluyo- con demasiada ligereza o alegría… A veces no se puede evitar que la imagen pública influya en la valoración, pero es cierto, hay que intentar separar. Hay decenas de directores o actores que han podido tener conductas que consideremos reprobables y ya ni nos acordamos -la lista sería, uf!…-. Imagino que es algo temporal, y lo que permanecerá, al final, serán sus películas.

Saludos!

Comentario #3 por Miguel Laviña Guallart
Escrito el 10.04.08 a las 19:40

Pues confieso que no conocía esa anécdota, Miguel… pero ¡es buenísima!

Qué tío, Billy…

Un saludo!

Comentario #4 por Miguel A. Delgado
Escrito el 11.04.08 a las 12:46



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