Desde los tiempos de Babel —y no me refiero a la película de Alejandro González Iñárritu—, la lengua se convierte en un obstáculo para el entendimiento entre los hombres. Y eso en el cine se traduce en la polémica entre ver los films en versión original o doblarlos al idioma nacional. El dilema es viejo y ha sido muy debatido. Los partidarios de mantener el idioma de rodaje/producción alegan la pureza del producto y de los matices de dicción (la fonética dice mucho de un pueblo y de la historia contada) y la expresividad de las interpretaciones; se respetaría así la voluntad del equipo técnico-artístico, y el lenguaje enriquecería la ambientación, las motivaciones de los personajes y el trasfondo socio-cultural de la cinta. También apuntan que, al margen del dominio de idiomas del espectador, unos buenos subtítulos acaban por leerse con facilidad, sin tener que perderse otros aspectos de la imagen. Parecidos razonamientos dan quienes defienden la versión doblada, apoyándose en esa misma necesidad de captar cada expresión y gesto que sólo una mirada atenta a la imagen —y no al subtítulo— puede alcanzar. Aunque éstos suelen ser también quienes opinan que el cine debe distraer y que no es conveniente poner al espectador obstáculos que le hagan odioso/trabajoso el haberse sentado en la butaca.

Así las cosas, esos mismos planteamientos dejan ya entrever las motivaciones de unos y otros: en general, los cinéfilos prefieren la versión original, y el espectador ocasional y que sólo busca descanso y entretenimiento opta por lo doblado. Simplificando, también quedaría establecida la diferenciación entre cine cultural (en sentido amplio) y blockbuster (de consumo), entre quienes quieren películas que recojan los matices y quienes eligen lo convencional. Quizá el dilema planteado quede entonces resuelto, en parte, diciendo que no hay problema en “John Rambo” o “10.000” en versión doblada porque el retrato de personajes y situaciones no son el quid de la cinta, mientras que es un “delito” que no se respete el idioma de películas como “Eleni”, de Theo Angelopoulos, o “No es país para viejos”, de los hermanos Coen, por ejemplo, donde lo cultural y personal es esencial. Para quien esto escribe, ver cine exige hacerlo en versión original y con buenos subtítulos (traducción cuidada y velocidad adecuada), mientras que para entretenerse con un producto de ocasión no importa que sea doblado porque no esconderá muchas capas y se olvidará al poco tiempo. Además, ahora que los políticos han comenzado a preocuparse por los idiomas en la educación, mantener la V.O. siempre sería una ayuda decisiva en esa tarea, y al final todos saldríamos ganando.
En la imagen: Escena de “Eleni” - Copyright © 2004 Theo Angelopoulos Film, Greek Film Centre, Hellenic Broadcasting, Attica Arts Productions, Bac Films, Intermedias y Arte France. Distribuida en España por Tornasol Films, Ensueño Films y Alta Films. Todos los derechos reservados.
mm, voto por sonido original, aunque siempre te perdes algo de la fotografia. es imposible leer y aprestar atencion a los detalles.
Y si es doblada, que sea en espanol neutro y bien dobladas (almenos que las voces sunen diferentes).
Me es chocante cuando esta doblada al espanol de espana, porque siempre le colocan modismos de espana que no tiene nada que ver con la pelicula o con otro pais hispano.
Pero que esto no se confunda realmente me gustan mucho las peliculas espanolas, hace unos dias vi Orfanato y realmente quede imprecionado..
Saludos desde Argntina.
No estoy de acuerdo en la clasificación de subtítulos para cine ‘cultural’ sí y para ‘blockbuster’ no. El acceso a las películas debería hacerse en los mismos términos para todas, y no estableciendo criterios diferenciadores de dudoso rango que perpetúan el prejuicio. Aunque haya espectadores que crean que una comedia facilona no gana con las voces originales, es preferible y respetuoso verla así, porque, al margen de su calidad, doblada se convertiría en un producto alterado. Y a veces una mala interpretación parece ganar por un buen doblaje (y viceversa, mi padre odia a muerte a James Stewart por el tono gangoso del que fuera su doblador habitual, cuando aquí no había oportunidad de acceder a cine en V.O.). Hasta en el blockbuster más palomitero es algo primordial, o si no basta comprobar cómo varía la impresión que causa Bruce Willis o, yendo a las series, el Grisom de CSI…
En este asunto lo tengo muy claro, normalizaría -impondría- poco a poco la versión original. La voz del actor es fundamental, una riqueza que se pierde con el doblaje, e incluso cuando te acostumbras a la VOS, por muy bien que esté el trabajo del doblador, es como una barrera con la película. Es sólo una cuestión de acostumbrarse, tan sencillo como en Portugal, que en este sentido nos lleva una gran ventaja: todo en VOS, películas y series de televión. Ignoro si ha sido por falta de una industria del doblaje, pero se acostumbran desde siempre, y eso que llevan ganado, también para el manejo de los idiomas.
Una película tan lamentable como “Hannibal, el origen del mal” la tuve que ver en su día doblada porque no había ni un solo cine en Madrid con una copia subtitulada… estoy seguro que eso influyó en que me gustase todavía menos. En la2 han emitido en horario normal -no de madrugada- alguna peli subtitulada, además de “Los otros” en Versión Española, un par de lunes, que recuerde, “Buffalo 66″ y “Spanglish” -que creo se estrenó sólo así-. El lunes pasado pasaron “21 gramos”, en el teletexto de TVE estaba anunciada como VOS… genial, el video programado y… sorpresa, era doblada. Pensé que se iba instaurar la costumbre de lunes/película en VOS, pero al parecer no están por la labor. La televisión pública debería ser la primera en ir introduciendo esta costumbre, al menos una vez a la semana.
(Por no hablar de las cantidad de vergonzosas versiones dobladas que nos regaló Garci en “Qué grande es el cine”, durante esos años dejó claro que despreciaba la VOS. Al parecer adora el doblaje, también en sus películas…)
Entiendo que una película doblada es otra película y no la que el director hizo…, Almudena, Miguel… Lo que decís es cierto en un sentido purista, pero -en caso de que alguien quiera ver “Casi 300″, que no es el mío-, qué le va a aportar la V.O. si lo que va buscando ese espectador es otra cosa… no algo cuidado hasta esos extremos de la dicción…, sino únicamente el entretenimiento cómodo, la historia más o menos chistosa… Por eso, pienso como Joaquín: flexibilidad y comprnesión para ese público, a la vez que se defiende lo mejor y deseable… cuando el producto merece realmente la pena.
Por supuesto que respetamos a quienes prefieren el cine doblado y a los propios dobladores, que suelen hacer un buen trabajo. Aunque considerar que esos mismos espectadores pueden ver películas dobladas porque éstas no son obras que ‘merecen la pena’ ya supone una cierta falta de respeto hacia ellos… No estoy tan en contra de que exista doblaje como de que se utilice para esa clasificación entre lo ‘cultural’ y lo ‘comercial’, y que unos y otros no hagan más que mirarse por encima del hombro.
Nunca he dudado de ese respeto hacia quienes prefieren el doblaje, Almudena. Y tampoco me falta hacia quienes vayan a ver “Casi 300″: cuando digo “que merezcan la pena” me refiero al esfuerzo que supone asistir a una versión subtitulada, al menos para la gran mayoría de los espectadores. Cuando alguien ve ese tipo de películas, busca sólo distraerse un rato -algo que entiendo y comprendo- y no el retrato de personajes en sus matices, ideas de fonso, cualidades estéticas…, pienso. Pero me parece bien que no quieras hacer tal distinción a este respecto.
Sigo pensando que es una cuestión de adquirir la costumbre. Aquel espectador que comience con la versión original –como nos ha pasado a todos- la primera vez se le escaparán frases, la quinta lo pillará todo y a la décima ni se enterará que está leyendo los subtítulos… tanto si ve “Casi 300” como “4 meses, 3 semanas, 2 días”.
Si se parte de la base de que toda película es una manifestación creativa –y muchas son obras de arte-, hay que reconocer que el doblaje, aunque sea excelente, es una amputación: no respeta la obra tal y como fue concebida y, lo que es más grave, destruye una parte tan esencial de un actor como es su voz.
Respecto a la comodidad y diversión, uff!, es como si voy al Prado y como es muy cansado recorrer las salas prefiero que me pasen unas diapositivas de los cuadros, o prefiero una versión del Réquiem de Mozart para hacerlo más digerible… porque tan obra de arte son Las Meninas, como el Réquiem, como “Los 400 golpes” –pero esta alteración es la misma si se hace algo similar al visitar una galería con cuadros penosos, o se versiona una canción malísima, o se ve “Casi 300” doblada: se está modificando una obra original-. Es sólo acostumbrarse, un poco de esfuerzo inicial y el entretenimiento es el mismo, como en otros países.
De la teoría a la práctica. Tal vez lo más democrático es lo que señala Joaquín con el DVD, cada espectador que elija. Pero entonces ¿qué hacer con las dos otras formas más comunes de ver cine, las salas y la tele? Tal vez una ley que establezca igual número de copias en versión doblada y original, y que las televisiones públicas, que tienen en deber de defender y fomentar la cultura –el CINE-, opten por la VOS.
Lo que de verdad es elitista –e injusto- es que en unas ciudades disfrutemos de todo el cine del mundo en VOS y en otras no.
Tienes razón en lo último que dices, Miguel, el problema está en que el público no puede elegir si quiere ver una película en versión original en determinadas ciudades. Supongo que no hay espectadores suficientes para ello, no lo sé, pero algunas cadenas de cine podrían arriesgarse un poquito para comprobarlo. En cuanto a la televisión, un tirón de orejas muy fuerte para las cadenas públicas.
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Personalmente creo que toda esta polémica se ha rebajado gracias a la llegada del DVD, dando la opción al espectador de elegir lo que más le guste. Ahora bien, es muy interesante lo que comentas sobre los subtítulos, puesto que a veces hay cortes exagerados sobre lo que realmente dicen unos personajes. Por otro lado, hay filmes que es muy difícil seguir en versiòn subtitulada, puesto que sus protagonistas están todo el día hablando (y no digamos algunas series, como “El Ala Oeste de la Casa Blanca”). En definitiva: sí a la versión original, pero absoluta comprensión a los que prefieren las películas dobladas.