Acaba de estrenarse recientemente “Horton”, película de animación destinada a un público eminentemente infantil. Es la enésima llamada a creer en lo que no se ve, a la confianza en el poder de la imaginación, al respeto de los aparentemente menos útiles, al apoyo de los marginados o de los más necesitados. Mensajes y valores formativos para un público que da sus primeros pasos, que debe ser educado en lo políticamente correcto y en lo solidariamente aceptado, en los buenos sentimientos y en las mejores intenciones. Estupendo y magnífico: los niños se merecen eso y mucho más, puesto que están en edad de crecer y hay que darles buenos alimentos. Pero, ¿qué pasa después? Está claro que no siempre han de tomar leche y papilla, y que prepararles para la vida exige darles alimentos sólidos y nutritivos…, no cerrarles los ojos ante la realidad que se encontrarán, pero ¿por qué el cine para adolescentes se convierte de pronto en un terreno abonado de superficialidad, con una comedia frívola y un cine de alienígenas terroríficos? ¿por qué ese cambio brusco conlleva un vaciamiento de “humanidad” en esas propuestas? Y en un segundo momento, ¿cómo puede derivar hacia la sordidez y los “contra-valores” como pautas más frecuentadas por un cine “adulto”, que rechaza cualquier atisbo de sentimiento y optimismo, que ve con menosprecio cualquier planteamiento moral en sus personajes? ¿Cuándo se desquicia el cine, y por qué esta esquizofrenia?

Ciertamente el planteamiento de “Horton” es sencillo y esquemático, dulce e ingenuo, pero sus ideas de respeto a la vida, de crítica a una “clase política”, de rechazo al materialismo y al enfoque pragmático… bien podrían presentarse metafórica y artísticamente para un público maduro… (de hecho, algunas películas de animación admiten una segunda y enjundiosa lectura… y ya es hora de que dejen de ser consideradas “para niños”). Pero volviendo al quid de la cuestión, parece claro que en algún momento la industria decide abandonar su función “educativa”, para asumir únicamente la de “negocio” y dar al espectador lo que éste pide: sensaciones fuertes en forma de violencia o sexo, alguna experiencia “extrasensorial” que le conecte con el más allá, o una ventana por la que veamos lo mal que está un mundo corrupto que funciona entre deslealtades y ambiciones maquiavélicas. Desde luego, así no arreglaremos esta sociedad que algunos tachan de podrida y que dejan en manos de una canguro cizañera y escéptica. Definitivamente, el cine necesita más individuos como Horton, más familias increíbles que se muevan en un mundo de fantasía como el de Villaquién, y a la vez en otro tan real y verdadero como el nuestro.
En la imagen: Fotograma de “Horton” - Copyright © 2008 20th Century Fox y Blue Sky Studios. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.
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