Con frecuencia se lee o escucha que tal director o guionista ha respetado a sus personajes, que no ha querido juzgarles en su comportamiento en la película. Es la actitud adoptada, por ejemplo, por Tom Kalin en la reciente “Savage grace”, al referirse a esa madre que interpreta Julianne Moore, una mujer que se siente atraída sexualmente por su hijo hasta acabar en el incesto. Aunque en sus declaraciones decía que «ciertamente no es la relación más sana del mundo», también en este caso se abstenía de hacer un juicio hacia su personaje, en una especie de huida del compromiso ante la realidad mostrada, o con una intención de dejar libre y solo al espectador en un escenario moral, al no calificar ese actuar como enfermizo y destructivo. No hay duda de que esas situaciones extremas están construidas en aras de una relación llena de complejidad que genere dramatismo y violencia emocional, que perturbe al espectador conformista y le atraiga al cine, pero da la impresión de que también existe cierta prevención a entrar a la cuestión moral, unas veces por el relativismo actual imperante y otras por un individualismo que no quiere “meterse” en campo ajeno.

Esas declaraciones y esa historia, cogida de la misma realidad, me han hecho pensar también si no sería necesario distinguir, en este punto, entre el personaje y la persona, lo mismo que entre el hecho en sí mismo —a veces, sin duda, censurable— y el individuo que lo comete —que puede ser disculpable o al menos comprendido—. Porque está claro que hay que andarse con cuidado si se juzgan comportamientos de los que se desconocen circunstancias personales y matices necesarios, o sobre situaciones que a uno no le incumben ni le atañen en absoluto. Pero cuando estamos ante una obra de creación, de ficción, ya no podemos considerar a esos individuos como personas sino como personajes: no son entonces seres concretos y reales, que merezcan nuestro beneplácito acerca de un posible actuar “insano” o “poco ético”. En la pantalla, han pasado a ser meras representaciones, unos modelos de comportamiento, más o menos matizados, más o menos verosímiles, y como tales arquetipos que se muestran al espectador ya podrían ser susceptibles de un juicio moral… respetuoso, pero claro siempre que sea necesario. Otro tema distinto sería determinar qué es bueno o malo para el individuo o la sociedad —aunque algunos principios básicos, como el del incesto, parecen evidentes y aceptables por todos—, pero ahora únicamente quería fijarme en esa diferenciación entre persona y personaje, en ese miedo de algunos a tomar una postura moral, en esa “falta de ética” disfrazada de “tolerancia”.
En la imagen: Escena de “Savage grace” - Copyright © 2007 Monfort Producciones, Killer Films, Celluloid Dreams Productions y A Contra Luz Films. Distribuida en España por Sherlock Films. Todos los derechos reservados.
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