Vaya por delante: quien esto escribe no podría vivir sin su móvil. De hecho, soy de los ingenuos incapaces de recordar cómo nos las arreglábamos sin esos aparatejos. Ahora bien, lo que no acabo de encajar bien es el binomio móvil+sala de cine, y me temo que los avances en la tecnología no hacen más que plantear problemas nuevos… que son problemas porque queremos, claro: en la mayoría de las ocasiones, bastaría algo tan simple como el sentido común o la educación para que el móvil no fuera causa de molestia para el resto de personas con las que compartimos sala. Pero claro, va a ser que recurrir a semejantes cosas sí que entra dentro de la ingenuidad.

Viene esto a cuento porque, al menos por mi experiencia, parece que, poco a poco, la gente ha ido comprendiendo lo de apagar los móviles al comienzo de una película: supongo que algo habrán tenido que ver los anuncios y la costumbre. Pero un nuevo peligro acecha, ¡y de qué manera!, en cada sesión. Está uno tan tranquilo, disfrutando (o no) de la película, y de repente ¡ahí está! Un punto luminoso que inevitablemente te atrae la mirada. Alguien consulta el móvil, o pone un mensaje, y tú no puedes hacer otra cosa que quedarte mirando ese brillo que te saca de lo que estás viendo y te desconecta de lo que les pasa a los personajes. La verdad es que estas pantallas de tanto brillo son todo un logro tecnológico pero, francamente, son también la pesadilla del cinéfilo. ¿Es que resulta tan difícil de entender que una repentina fuente de luz en medio de la oscuridad es tan molesta como un politono, porque inevitablemente la vista se ve atraída por ella? ¿Es que la gente aceptaría que alguien, de repente, encendiese una linterna en medio de una proyección? Sea como sea, lo que sí que resulta fácil de comprobar, es que muchos no tienen empacho en utilizar el móvil sin sonido en los cines. «Total», supongo que pensarán, «si no se oye». Pero se ve, ¡vaya si se ve!
En la imagen: Bruce Willis atrapado por el móvil, ese invento del demonio, en “La jungla 4.0″ - Copyright © 2007 20th Century Fox, Dune Entertainment e Ingenious Film Partners. Foto por Frank Masi. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.
Lo que no puedo entender es que haya gente, y no sólo jovencitos, que les llaman al móvil y se dedican a hablar sin importarles que puedan molestar o no a los que están a su alrededor. En fin…
Pues creo que ni siquiera es un problema de entretenimiento, Julio, sino que se sienten obligados a ver quién les ha llamado, porque no saberlo les desconcentra…
No sé, no sé. Y luego, seguro que son de los primeros que se quejan de que el cine es caro
Un saludo!
Pues tío, si el único problema que te encuentras en las salas de cine es el de las pantallas luminosas de los móviles, qué suerte tienes. A mí eso me la suda. El problema es que no hay sesión (y ya no me refiero a las de los domingueros en los centros comerciales, sino a las sesiones de las 4 en un cine en v.o.s.e. minoritario) en que no te encuentres con que 1/4 parte del público está manteniendo una conversación tan alegremente durante la película, o desenvolviendo ruidosamente quién sabe qué momia envuelta en celofán, o masticando las palomitas (o el pollo que se han llevado en la fiambrera) con tal ahínco marranil que no hay quien se concentre en la pantalla. Y eso que ahora meten el volumen a todo taco.
Tanto rollo con espacios para fumadores y no fumadores, pues que hagan segregación en las salas también: los cavernícolas que van de pícnic con los cavernícolas que van de pícnic, y las personas que van a ver la película con las personas que van a ver la película.
Apaga el móvil por Dios, aka Martin Scorsese
Martin Scorsese vuelve a ser la estrella de un anuncio detrás y delante de las cámaras. Tras deleitarnos recientemente con su versión hitchcockiana del comercial navideño de Freixenet, ahora envía este mensaje de “advertencia” a los us…
Enciendan sus teléfonos móviles en las salas de cine……
Sí, sí, no se han equivocado de titular. Ya sé que no resulta muy popular que uno diga estas cosas, pero, sinceramente, me da la impresión de que la única manera de que el espectador se asuste viendo “Llamada perdida” en el cine es que…
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Supongo, Miguel, que será que la película es muy aburrida y no les coge lo suficiente. O que tienen la enfermedad de la ansiedad y en ese momento les ataca. O que son gente muy ocupada e inteligente y son capaces de hacer varias cosas a la vez. O se evaden tanto de la realidad que creen estar solos en la sala oscura. O que “pasan” de lo que sucede alrededor. O…, tantas sinrazones… En fin, paciencia.