« Inicio | Página de la entrada:

En la pasada Seminci tuve la suerte de ver un documental firmado por Alberto Morais, “Un lugar en el cine”, de excelente calidad y gran interés cinematográfico. En él mezcla imágenes de películas neorrealistas —“Roma, ciudad abierta” es la referencia— con diálogos mantenidos con Víctor Erice, Theo Angelopoulos, Tonino Guerra y otros colaboradores de Pier Paolo Pasolini. El director vallisoletano quiere hablar del cine y de su lenguaje, de su necesaria conexión y enfrentamiento con la realidad como requisito para la autenticidad, y de su mirada ética al universo del hombre como manera de sintonizar con el espectador y ayudarle a “descubrirse” en un mundo cambiante. Tanto Erice como Angelopoulos adoptan una postura distante respecto a la industria y la taquilla, cuestionan un cine que explota lo más superficial del individuo y que adopta las formas del audiovisual, y lamentan también la pérdida de un sentido de la interioridad y la falta de una mirada contemplativa y poética. Independientes y libres en sus trabajos, sinceros y respetuosos en sus propuestas, nostálgicos y pesimistas respecto al futuro del cine, llegan a hablar de la muerte del cine, de su sustitución por sucedáneos de consumo y distracción.

El director de “El Sur” defiende en ese documental la esencia del cine como una relación del hombre con la realidad, como una experiencia interior de quien traslada vivencias personales a la pantalla —él mismo lo hace en “La mort rouge”, mediometraje aún no editado que abre los ojos sobre “El espíritu de la colmena”— y de quien entra en una sala de cine en busca de ellas. De ese encuentro entre director y espectador surgirá, según él, una identificación, una participación emocional, de sentimientos y de inteligencia,… algo que se repetirá de manera distinta cada vez que vea esa misma película. Por eso, son experiencias que no tienen nada que ver con la de encender la televisión o asistir a la proyección de una película sin vida propia; estos eventos no pasarían de mero relato exterior y superficial, productos que no merecen el nombre de “cine” sino el de “productos de entretenimiento o de publicidad” —no con aire despectivo, pues cada creación tiene su momento y lugar, pero sí con conciencia de ser otra cosa distinta al cine—.

Por su parte, el director griego habla de dos tipos de miradas del director hacia el espectador: la de quien trata al espectador como cómplice, que en el fondo busca la taquilla; y la de quien pone al espectador frente a la realidad, que aspira a trasmitirle la belleza que contempla. Ambos coinciden, por tanto, en lo que podíamos llamar el factor diferenciador y humano del cine, y también el “asesinato del cine a manos del audiovisual”, de la industria-taquilla o del producto de consumo y entretenimiento, realidades posmodernas y epidérmicas que se quedan en lo aparente, sin que se hayan nutrido de la vida real ni interroguen al mundo, sin que encierren alma ni sinceridad en su interior, sin que intenten llegar honestamente al espectador ni respetarle en su humanidad.

En las imágenes: Víctor Erice (arriba) y Theo Angelopoulos (abajo) en “Un lugar en el cine” - Copyright © 2007 Producido por Un lugar en el cine S.L., Alokatu S.L. y Malvarrosa Media. Todos los derechos reservados.

No hay comentarios todavía. Deja el tuyo »




Escribe tu comentario

Nos gustaría conocer tu opinión sobre los temas planteados. Déjanos tu comentario mediante el formulario que encontrarás a continuación.

AVISO IMPORTANTE: Los comentarios están sujetos a moderación y aparecerán publicados lo antes posible. Se eliminarán todos aquellos que contengan insultos, publicidad, textos ininteligibles o que no guarden ninguna relación con los contenidos de esta entrada.

Saltos de línea y párrafo automáticos, la dirección de e-mail no se mostrará, HTML permitido: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>

(requerido)

(requerido; no se mostrará)